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Lección de música

por Txema Arinas


Schoemberg

 

Llevo ya un rato esperando a que me abran la puerta del portal donde accedo a la academia de música a la que llevo al pequeño. En eso que aparece una mujer de edad mediana, a la que reconozco como una de las madres de la academia. Así pues, primero le doy las buenas tardes y luego, cuando ya me ha dado la espalda para llamar por su cuenta al timbre, le advierto de que he llamado ya dos veces y que no me ha abierto nadie. No recibo respuesta alguna por su parte, ni al saludo, ni a mi advertencia. Para más inri, es pulsar ella el timbre y responderle al instante. Entonces, caballero que es uno, abro la puerta del todo para que pase ella primero y una vez más no obtengo más respuesta a mi gesto que su fría y total indiferencia, siquiera también un amago de mueca de disgusto que percibo en la celeridad con la pone distancia de mí, por si acaso, que entre la gorra y la barba debo tener pintas de facineroso, de maquis como dice el amigo Etxaniz, o yo qué sé ni me importa. El caso es que cuando llego a la academia la veo junto al mostrador de la secretaría teniendo la siguiente conversación.

—¿Le dan hoy las notas a la nena, no?

—Creo que sí, suele ser costumbre después de Navidades.

—A ver, a ver qué notas ha sacado la nena, porque yo tengo una sensibilidad especial para todo lo relacionado con la música y la verdad es que si fueran malas me afectaría muchísimo.

De lo que he deducido, efectivamente, que la muy hija de puta maleducada debe tener, sí, tanta sensibilidad para la música como todo lo contrario en el trato diario con sus semejantes, vamos, una verdadera autista social de esas que van por la vida convencidas de mear colonia o algo por el estilo. A decir verdad, me ha puesto de tan mala hostia que he estado en un tris de ponerme a su lado y soltar un eructo o un cuesco a ver si su especial sensibilidad para todo lo relacionado con la música podía aguantarlo, al fin y al cabo Schoenberg, Bartok, Stravinsky y otros compositores influenciados por el dodecafonismo hicieron algo muy parecido.

 

*En la foto Arnold Schoenberg preparando una de las suyas...

 

 

 


© Txema Arinas.
Me llamo Txema Arinas, nací en Vitoria-Gasteiz, 1969, vivo en Oviedo, adonde me arrastró el amor y donde resido. Soy licenciado en Historia y Geografía por la Universidad del País Vasco, en los últimos años ha trabajado como profesor de secundaria, administrativo en una empresa de importación-exportación, como gerente de mi agencia de viajes, administrativo y profesor de una academia privada, traductor, vendedor de productos de peluquería y me temo que también en alguna que otra cosa que ya he olvidado. Entretanto, también he escrito siempre y de todo, tanto en castellano como en euskera, desde los guiones de los comic que yo mismo dibujaba para los fanzines del instituto y diversas movidas socioculturales de los 80 y 90, hasta relatos de todo tipo que han ido desapareciendo por el camino y novelas otro tanto. Todo ello hasta que por fin publicaron mis dos primeras novelas en el 2007, Los Años Infames (2007) Gaitajolea (2007), Anochecer en Lisboa (2008). Desde entonces hasta hoy he ido publicando, prácticamente todos los años y a veces por partida doble, novelas y ensayos en pequeñas editoriales que el tiempo, esto es, la jubilación del editor, y sobre todo la crisis se llevaron por delante: Euskara Galdatan (2008), Maldan Behera Doa Aguro Nire Bihotz Biluzia (2009), Zoko Berri (2009), El Sitio (2009), Azoka (2011), Borreroak baditu hamaika aurpegi (2011), Muerte entre las viñas (2012), Como los Asnos Bajo la Carga (2013) y En el País de los Listos (2015), Testamento de un Impostor (2017) e Historias de la Almendra (2018), Los Tres Nudos (2019) y LIBERACIÓN O MUERTE (2020). Asimismo, también ha publicado los ensayos Sabino Arana o la Identidad Pervertida (2008) y El Imposible Perdido (2012). También he colaborado y colaboro como articulista en el periódico Berria, las revistas Grand Place y Hegats, las revistas digitales Solo Novela Negra de la asociación cultural Punica Granatum, A.C. y la revista literaria hispanoamericana Letralia. Se me puede seguir a diario en mi blog: http://quejicakexontzia.blogspot.com/.

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