¡Quédate!
porÁngel Acosta
Siéntate y escúchame.
Ambicionan apoderarse de nuestras mentes.
Alejarlas de las partículas del amor.
Pero las hadas están atentas.
Ahuyentan las torpezas.
¿Una rural confesión?
Yo en tu lado.
Y tú en el mío.
Pues en las tembladeras de la vida, un hombre sin una esperanza es un hombre
de noche.
Incapaz de creer en espejos con duendes.
Debemos alegrar las tristezas.
Proclamarnos felices.
Mantener sobria el alma.
Escapa de las descoloridas palabras.
Vive como las noches y un poco parecido a las golondrinas.
Que las dos son inciertas…
¡Pero tienen mañanas!
No olvides que el pasado es reinventarse en los laberintos de los inolvidables
recuerdos, nuestros cómplices rincones.
Por cierto, ¿te acuerdas de mi primer bebé?
Nació muerto.
Calladas lo sufrimos.
Un día estábamos en el cuarto.
Preocupadas por la aparición de pelitos en el pubis.
Crecidos, amarillentos y jorobados.
Y las tetillas rosadas, hinchadas como mitades de limón.
¡Ahora mismo cierro los ojos y me veo frente al espejo!
Años después y desde la ingle, me bajó un caminito de sangre… ¡Qué susto!
Lo primero fue compartirlo con mamá.
Quien amable me dijo…
--Ya creciste hasta mujer.
Aunque; a decir verdad, el papel de ingenua me ronda.
¿Nuestro primer encuentro?
Tendría yo unos tres años.
Y en la sala había una pequeña mecedora.
Con espaldar en barnizado junquillo.
Desde mi infancia eres raíz y felicidad.
Allí nos conocimos.
Me dijiste tu nombre.
Desde entonces haces mi lado.
Pero ahora estoy moribunda.
A lo mejor te explico la situación de forma muy complicada.
Te lo diré simple.
Me voy a morir.
Pero… ¡ni lo intentes!
Que tu agradecida presencia no le permite a La Parca ofrecerte un asiento.
¡Carijo no insistas!
Nadie te venderá ese boleto de sólo ida.
Gracias a Dios tienes y tendrás demasiados quehaceres.
Recuerda, quieren apoderarse de nuestras mentes.
Alejarlas del amor.
Amanda, ¡escúchame!
¡Ni pensarlo!
¡Haz un esfuerzo!
Trata de comprender.
¡No insistas!
Que no puedes venir.
Por favor, sonríe a la vida.
Debes soportar.
Tratar de escapar.
Pues… en El Cielo…por el momento… no necesitan amigas imaginarias.
(Tomado de Rumbos Trastornados, un cuaderno de insólitos relatos)
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