Dos poemas
porDavid Esteban
¿Por qué escribes?
La noche, abismo inumerable,
se sentó ayer en mi cama
y allí me dejó una pregunta:
¿Por qué escribes?
Y yo crucé las horas
escuchando el silencio de mi sueño;
oyendo las cosas que éste no me dijo.
Y creo haber despertado
con algo parecido a una respuesta.
Escribo porque un día me enamoré del arte de parir palabras,
porque a veces mis dedos sangran tinta
que quiere hablar de la vida.
Escribo por una misteriosa necesidad
cuyas esquinas, enigmas y colores
me son aún desconocidos.
Porque quiero que el olvido no me encuentre.
Porque no somos sólo carne; porque también somos voz.
Escribo para alejar mis tristezas,
y adentrarme en mis nostalgias.
Para encontrar las preguntas que me acosan
y dibujarles respuestas.
Para dejar un recuerdo (o cientos)
durmiendo entre mis papeles.
Para recoger los versos que el otoño, despistado,
va dejando a lo largo del camino.
Escribo también porque amo
las cosas grandes de esta vida
(el mar, las montañas, la amistad, la victoria y la derrota,
la música, el amor o la literatura),
pero también las cosas pequeñas
(la miel y las tormentas, mis pijamas,
el frío, los susurros, las caricias…).
Escribo, imagino,
porque todas esas cosas caben dentro de la tinta.
No se puede vivir siempre en el invierno
No se puede vivir siempre en el invierno
Solitario entre nieves,
palabras helándose en tu garganta,
con la escarcha amenazando los recuerdos,
con las huellas perdiéndose bajo copos.
Y más copos.
Y más copos.
No se puede vivir siempre en el invierno,
pagándole más horas a la noche que a los días.
No puedes beber un viento
que te congela el aliento,
que te cubre de plomo el mirar y las palabras.
No se puede vivir siempre en el invierno,
ignorar los calendarios y a las naves migratorias.
Fingir que el tiempo es un desnudo inofensivo
que jamás se vestirá.
No se puede, no.
No se puede vivir siempre en el invierno,
al menos si uno quiere
besarle las orillas al verano.
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