Diario de un resurreccionista
James Blake Balley
Traducción de Raquel Duato
Introducción de Juan Mari Barasorda
Madrid, La Felguera Editores, 2016
por Álvaro Muñoz Robledano

Ni una palabra más alta que otra, ni un párrafo que no resulte pertinente, ni un solo detalle innecesario. Incluso cierto sentido del humor en la magnífica introducción de Juan Mari Barasorda para acercarnos al horror. Puede que a estas alturas no nos escandalicemos al pensar en la disección de cadáveres para su estudio. De hecho, casi todos debemos nuestra salud, o nuestra vida, a siglos de conocimiento conseguido mediante incisiones de bisturí en carne muerta, pero indagar, siquiera por un instante en la sordidez de un mundo en el que la miseria desembocaba en la inmoralidad y la falsa moral en el sostenimiento del crimen. El diario, rescatado por Blake, de un resureccionista, o ladrón de cadáveres, es escueto y detallado, frío, cotidiano. Poco más que un estadillo de cuentas, pero un estadillo que está a un tiempo inmerso en la realidad y varios pasos más allá de donde supusimos que terminaba. Quizás hoy no sea necesario robar cadáveres para su estudio en las escuelas de anatomía, pero bien sabemos, sin una palabra más alta que otra, que pisamos sobre millones de personas enterradas en vida. También de ellos habla este libro.
© A.M.R.
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