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Tarde de Primavera en el Alameda / Miraflores, 2013
porAlfredo Barnaby

 

 

Tarde de Primavera en el Alameda

 

Me agrada volverme viejo,

pelar hasta dar con semilla,

desanudarme una sonrisa de lazo,

olvidarla al pie de la mañana,

 

pasarme la tarde entera viudo,

río bajo apagón de viento,

en aire donde se ha dormido

aclararle las cosas al sol,

 

recostar mi bastón en la piedra,

arrojarles horas a las fuentes,

notar las primeras arrugas,

ser banca de mí mismo.

 

Ya no necesitar,

bajo el cansado tragaluz del día.

 

 

Miraflores, 2013

 

Se nos deshoja la vida y aún así

nos soltamos sobre la silla con cojín,

sostenemos un café que no se entibia,

nos aflojamos la bufanda—en fin,

arropamos al niño y apagamos la luz.

Podríamos dibujar las anécdotas

que humean de otra mesa,

escuchar el trote de canciones,

hasta que la barrendera,

como un sueño voraz,

recoja el residuo de los trajines del día.

 

Horas tintinean en bolsillos.

Se las regalamos a alcancías sin fondo.

Las gastamos en chucherías,

como sencillo que no esperábamos encontrar.

Aún así, tras vidrio nos escondemos,

cómodos ante la lejanía del transeúnte,

las noches sopladas.

 

De pronto, la música calla.

Los camareros se apresuran. El enrejado cae.

Como a carreta sin arriero,

cabizbajas,

nuestras pisadas nos arrastran

hacia una casa sin electricidad,

donde todos duermen

y no se puede despertar a nadie.

 

En rebelión,

rondamos por los cafés cerrados,

ventrílocuos sin muñecos.

 

 

 

 

 

© Alfredo Barnaby. Reside en EEUU. Ha publicado en algunas revistas estadounidenses: deComp, Abramelin, The Acentos Review, The Medulla Review , y Bitter Oleander Press.

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