Tres poemas
por Adolfo Burriel
En tu vientre de patria
vierte el macho su semen heredado,
engendra a sus hijos, desgarra
tus pechos,
sorbe el deseo,
devasta como oruga
el cauce de tus ingles,
pone hielo en tus labios
de brasa.
Poseedor del hierro,
somete la memoria,
invade
fraguas y cuevas.
Casualidad en tu sexo fueron
jazmines y mañanas.
Jim Morrison
Montemos sobre el lomo del lagarto,
desenterremos
a los muertos de piedra,
atrapen las arañas
azules
el vuelo del insecto transparente,
salgamos del día inacabable,
y en voz baja afilemos
la podadera
del gran cultivador de podredumbre.
Esto es el fin,
el fin,
this is the end.
Se acerca la masacre mientras pulsas
la cuerda de la horca,
nos follas con tu abrazo
de acero,
acumulas cerezas en tus versos
divinamente censurados…
Las margaritas no aspiran a ser turba,
ni sal,
solo suavizan
las tardes aparentes
y llaman a quien vive del anhelo.
Sencillamente, no son fauces
de fiera,
ni ariete son.
Condenan la soberbia
desprendiendo sus pétalos.
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