Insurrección del recuerdo
por Olga Guadalupe
XI
La Plain. El miedo
A nada le temen más los haitianos que a la lluvia.
Aguas torrenciales o diluvio o fuga vengativa.
Algún dios colérico en su génesis delirante
se olvidó de llover con menos saña
sobre unas tierras deforestadas,
sobre unos caminos sin aceras y sin desagües.
La erosión desprende los pedruscos de las laderas
que caen como azotes sobre la travesía.
Sentado en el mismo terraplén, el mismo hombre
prematuramente envejecido
picará esas piedras, mismas y eternas,
que levantarán los muros cada vez más altos
de los menos pobres que él.
Oiremos también el ruido exasperante y atroz
que hacen las hojas secas del esclavo doméstico
que barre contra las piedras diariamente,
en la estación de las lluvias, bajo la ventana,
a las cinco de la mañana, diariamente.
Inútil pedirle que emplace esa tarea inútil
para más tarde: nuestra medición del tiempo
es mera ficción. Simplemente.
No, a nada se compara el torrente de las aguas
en tu estación húmeda. Mientras esperamos
sin aliento a que el mundo se acabe,
los haitianos sin chubasquero y sin paraguas
hacen bien en temer esa cólera.
Yo no te olvido, Haití, te olvidaron los dioses,
le dieron la espalda a su más aterradora invención.
… La Plain. Me llevas por esa noche que no duerme,
aflojas la marcha, compruebas los seguros del auto,
haz lo imposible, mi amor, por lo que más quieras,
no vayas a salpicar con agua infecta
a esos cuerpos ebrios de ron
desfilando frenéticos al ritmo de rara .
Pánico, odio furtivo en las miradas
De esos hombres…quieres mirarlos…no mires,
necesitáis mantener la calma, salir de la noche
en cuanto antes, no escuches el sonido
de los cuernos de viento, no mires esa danza frenética,
despacio, despacio…
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