LA P R O S A


La armadura de plata
por Emilio Víctor Pineda



El jefe de los herreros se quedó con la boca abierta cuando su majestad, el rey, le ordenó confeccionarle una armadura de plata pura.
-Pero su majestad, la plata no resiste las puntas de hierro de las flechas.
La forma como el rey repitió la orden lo convenció de que, si quería mantener la cabeza sobre sus hombros, debía cumplirla.

El rey estaba eufórico. iba a invadir el reino vecino, cosa que no habían llevado a cabo sus antecesores. Él lo haría, anexaría las comarcas que lindaban con su reino, y ese hecho quedaría registrado en los anales de la historia.
Se consideraba elegido por los dioses. Las flechas no podrían ni rozarlo. Sería el gran héroe, el gran rey, el rey dios.
Los preparativos se realizaron en secreto pero, como ocurre siempre, alguien informó al rey vecino, quien envió sus regimientos a la frontera.

El rey dios, con su hermosa armadura de plata, ordenó atacar por la noche.
Pusieron bozales a los caballos y envolvieron sus pezuñas con un grueso paño, para que no fueran oídas sus pisadas, y los soldados de infantería también envolvieron sus pies con paños. Avanzaron, sigilosamente, sin hacer ruido.

Pero un centinela enemigo vio los destellos de la luz de la luna sobre la armadura de plata.
Avisó a su capitán, y éste ordenó a sus quinientos arqueros que dispararan sus flechas hacia donde se reflejaba la luna.
El jefe de los herreros no se había equivocado.

PINEDA Emilio Víctor
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Cuento premiado en el II Concurso Literario Revista Asociación de Fomento Barrio Constitución. Mar de Plata, Argentina. 1999