VERSOS

 

Biografía

Fernando Morales

 

Ese niño tumulto y torbellino
de aguijones en tropel
desfachatado
ese santo cruzado de mi infancia
en guerra sin cuartel contra el jabón
y las buenas costumbres y la sopa
eso es la vida.


Quiero decirlo: yo descubría el sol por todas partes
esas tardes de lluvia por Cabildo
transportando once años tan campante
en la búsqueda angustiosa del amor
o de un amigo
o por lo menos de un boleto capicúa.

Y como minga de boleto, amor, amigo
jugaba a destrozarme el corazón
a suicidarme
desde el puente del tranvía de Soler.
Y miraba hipnotizado ese guiñapo
retorcido y tan, tan muerto
que es imposible pensar -aunque haya sido-
que era ese mismo niñito ensimismado
que volvía silencioso por Cabildo.
Y eso es, señor, la vida.

Blandir una espada es algo serio.
Y matar a la muerte
una noble tarea
un sacerdocio
que ejercía cotidianamente
nimbado de laureles y secuaces.

Descabezar Gorgonas
(terribles viejas engendradas con vinagre
a las doce de la noche, en calderos malolientes
dueñas de los gestos más siniestros
y venenos sutiles y pelotas
caídas en sus patios  para siempre)

y dragones
(atildados caballeros de corbata
muy padres de familia, muy morales
sanjorges de cartón
dedos ilustres
que expulsaban niñitos de la cancha
por un pasala morfón o algún carajo
porque jamás permitirán
-Dios libre y guarde-
la palabra soez, sucia, inmoral
aunque tengan atrás
casi olvidadas
viejas historias de engaños y de estupros).

Y el Vengador de Cabildo que elegía
la mejor alabarda en su panoplia
y su yelmo, y su corcel
y sus guerreros
y asiéndose a las alas de la gloria
ejercía la justicia por su mano
en la mejor tradición del caballero:
- Tocar el timbre y salir huyendo
- Incendiarle el tacho de basura
- Untarle el picaporte con sustancias terrenales
y esa justicia elemental
inapelable

eso es la vida.

Después
vapuleado por gobiernos
la radio, la tevé, golpes de estado
mis mayores guiándome con precisión hacia el abismo
el diario de hoy, las ligas de moral
y la censura
ordenado, dirigido, conminado
parece ser
crecí.


Padre amable, algo autoritario
buen ciudadano
propietario de casa y secaplatos
multijugueras y otras cosas que se enchufan
alienado
sumergido
en un mundo de cables y botones
y sonrisas de plástico y bostezos
luchando a veces contra la tentación
de devenir dedo ilustre
y expulsar niñitos de la cancha
por un pasala morfón o algún carajo
sin estupros ni engaños a la espalda
con cuotas para esto
para aquello
voy cruzando en silencio por el mundo (por la esquina, claro).

(Un niño salvaje me reprocha a veces
desde algún recoveco al fondo de mi sangre
solapado habitante de vinos peligrosos
pero bah, quién lo escucha).

Por lo demás bien, donde me ve, tirando
con algunas preguntas
algún resentimiento
todo muy leve, nada serio.
(Le ruego disimule este tufillo
y ese tinte verdoso de mi cara
y esa progresiva rigidez
y mi aire ausente.
Es natural, debería usted saberlo).

Eso es la muerte.

por esta vez
y sin que sirva de precedente
tengo ganas, muchas, muchas ganas

de
soñar

 

 

© Fernando Morales

 

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