El jardín con trampa
por Rafael Pérez Castells

 

En la tabla de la izquierda del tríptico de “El Jardín de las Delicias” Dios no tiene cara de Dios, más bien de meritorio que mira a su maestro o de hijo único que descubre que no es único. Presenta a Eva y a Adán pero no atiende a los presentados, mira a alguien fuera del Paraíso, ¿al espectador? ¿al maestro? ¿al Hermano?,  preguntándose “¿Qué es lo que pasa, algo hice mal?” Aún sabiendo la respuesta, puesto que es Dios, se lo pregunta por segunda vez. Al tiempo que tomó a Eva de la muñeca, sintió en su pulso una pasión incontrolable y eso Él no lo tenía controlado.

Como es Dios, en un instante ve todo el tiempo, el presente donde Adán y Eva se conocen y sus consecuencias. Sin embargo parece que le cuesta interiorizarlo.

Tres cosas hay que me rebasan
y una cuarta que no comprendo:
el camino del águila por el aire,
el camino de la serpiente por la peña,
el camino de la nave por el mar,
el camino del varón por la doncella.

Proverbios, 30, 18-19

No gira los ojos hacia las otras tablas, sabe que es un tríptico inesperado, se le ha ido de Sus manos, si eso fuera posible y no herético. En la tabla central está el desenfreno y a la derecha el castigo. A Dios se le ha quedado cara de – por Dios, con todos mis respetos – tonto, con un diosmío en la comisura de los labios. En ese instante intemporal comprende que su Paraíso no es tan perfecto como debiera. Los gatos devoran a los ratones y los tigres se hartan de venado. Y que, según acercaba a Eva al sonriente Adán, los pájaros comenzaron un sinuoso vuelo a través de los ventanales de aquella extraña torre que por divertimento se le ocurriera construir. Todo era un símbolo del error de su decisión, los pájaros avisaban del deseo del hombre y las bestias del agua, de la lubricidad de la mujer. El error, el mal, eso había creado ¿O ya estaba antes?

Y no entiendo que un Dios no calculase que así tenía que ser, porque la manera que inventó para que las especies prosperasen fue la relación sexual. Había probado otras, la mitosis, la polinización, las esporas, sin embargo eligió la relación sexual. Con ella, se establecían lazos de protección sin los que las bestias mayores nunca sobrevivirían a su larga e indefensa infancia. Mas presintió que Adán y Eva no iban a utilizar el sexo sólo para procrear.

“tus pechos son dos crías
mellizas de gacela.”

Cantar de los cantares, 7, 4

“Oíd a mi amado que llega
Saltando y brincando
Por montes y vegas
Igual que un cervato”

Cantar de los cantares, 2, 8-9

Estaba claro que Adán pretendía divertirse más de lo previsto y Eva se había dado cuenta de su poder. Ellos no se comportaban como las otras bestias, no eran como ellas, los había creado a Su imagen y semejanza el sexto día de la creación. Y fue hacia el mediodía del día siguiente cuando los presentó. Adán acaba de despertar, está algo somnoliento si bien feliz por la presencia de Eva. Él los había creado, eran como Él y no había presentido que el ser humano se enamoraría de sus sentidos. ¿Acaso su criatura, aunque que a su imagen y semejanza, no era sólo su criatura?

Con todas estas preguntas, Diós se sintió menos Dios, sospechó que en el Universo debía haber otro Dios como Él que bendecía con la mano izquierda. Quizá a ese Dios mellizo es al que dirige la mirada en la tabla pintada por El Bosco. O quizá mire al espectador buscando en su interior a ese hipotético Mellizo.

En Sus ojos también intuyo la derrota. Alguien que imaginó tener todo el poder y la soledad descubre no ser el único y, lo que es peor, que el Otro ofrece un Universo más entretenido que el mejor que Él pudiera idear. Y se siente irritado y vengativo.

Una gran fatiga Dios ha repartido
y un yugo pesado a los hijos de Adán…

Eclesiástico, 40, 1

En la tabla central, - el paraíso terrenal - la diversión es el lema. Los seres humanos aprendieron del goce desvelado a Adán y a Eva por la serpiente, con la cándida soberbia de Dios. Acaso, no era mi hermano encarnado en serpiente, se pregunta Dios un tanto tarde. El Bosco fundamenta el tema de su obra en la lujuria, como sí a los seres humanos sólo les interesará fornicar, beber y comer. Sin duda nos interesan mucho las tres actividades, pero existen seis sentidos que satisfacer y las actividades anteriores sólo los satisfaccen parcialmente. Para que el cuadro hubiera sido completo, debería haber incluido otros pecados del ser humano; los mayores, derivados de la mente - nuestro sexto sentido -, son el deseo de la belleza y del conocimiento. Pero centrándome en la aparente obsesión de El Bosco, la lujuria desenfrenada, que creo que no es más que una parodia del absurdo al que habían llevado las enseñanzas de Cristo sus eclesiásticos depositarios, la tabla parece una fiesta en la que apetece participar. El paraíso terrenal sin duda es un local más atractivo que el celestial. Quizá un poco salvaje y alejado de otras actividades humanas como las artes, la ciencia y la exploración, pero sin duda un negocio mejor que el hermoso y aburrido parque temático que Dios se fabricó. No me extraña la expresión de Su cara, a medida que escribo me doy cuenta de la profundidad de la cagada que había hecho. Pero Él, como es Dios, lo supo al instante.

“Y se arrepintió Jehová de haber
hecho hombre en la tierra, y
le dolió en Su corazón.”

Génesis 6, 6

Incluso si observamos el terrible infierno, tampoco es tan terrible, aunque un poco tenebrosa la zona de barbacoas, el resto parece otra fiesta, una de ésas en las que hay que dar la contraseña a través de la mirilla de la puerta, tras la cual una multitud practica el sadomasoquismo. Y en la mirada abstraída de Dios está la frustración de que el Infierno tampoco era el que tenía en mente. Ni siquiera era una obra propia de un ser todopoderoso. Incluso, para los más curtidos, se la podría definir como una tierra de aventuras.

El Bosco o bien pecaba del puritanismo y la obsesión sexual de la Iglesia Católica y, en su soberbia, no se percató de que en su obra hablaba su subconsciente, o hizo una obra “malintencionada”. Afortunadamente, en cualquiera de los dos casos, no fue muy bien entendida en su tiempo, ya que si así hubiera sido, tablas y pintor hubieran ardido en la hoguera. En su Jardín de las Delicias crea una gran duda sobre la omnipotencia de Dios o su unicidad y apenas ofrece atractivos para dejar el pecado. Hay más diversión en él que en la virtud. Quizá El Bosco calculó que la obsesión sexual de la Iglesia le protegería ya que ésta no sabría ver más allá de lo obvio, la carne fresca. Intuyo que era un hereje con bastante sentido del humor que se rió de sus eclesiásticos patrocinadores. Un hombre libre que no necesita de paraísos con trampa.

 

Después toma aliento y continúa.
Su fuerza es su dios.

Habacuc 1, 11


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