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En el coche, entre tu silencio que no
siempre
es cálido , y el mío que suele ser
tenso,
me dijiste "cuánto hace que no nos hablamos",
como el que dice ten cuidado con esa
curva,
puede tener un hambre de lobo, un hambre de
tsunami que engulle islas y hombres
puede anunciar el desamor.
En el coche, volvíamos a ser tres con el
silencio,
y creo que fue a él a quién le dije,
"cuando quieras hacemos el balance: fin de
temporada,
repartimos los muebles, que en la calle como
a nuestro primer beso encontramos,
y por qué no a los niños, y los días más bellos
de nuestras vidas,
cuanto tenga que ser,
pero deja pasar la noche: no es propicia la Luna,
son las tres y es mañana,
quizá entonces podamos cuadrar esta cuenta.
Deja pasar la noche,
no sea que la tristeza se habitúe a nuestra casa,
déjala, que se lleve su tristeza y que el día
empiece nuevo,
y en el jardín, a solas sin otra compañía que un
café en tu taza rota,
sola con la ola verde de las cañas, sola con el
viento y sola, solarmente sola contigo,
volverás a pensar que, a pesar de todo, las cosas
no te van tan mal.
Deja pasar la noche en que empezarías
mil
vidas sin mí,
después de tanto tiempo juntos, no tengo
argumentos contra ella,
contra esos días o esas noches en las que todo
parece irse al traste
y ni siquiera quedan razones para atraerte
a mi cama".
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