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Una calle cualquiera puede ser luminosa
o los escombros sobre los que juegan
los niños harapientos
y una playa cubrirse de sombrillas
y toldos bicolores
o estar crucificada con alambre
su arena mutilada.
Un valle puede ser verde y extenso,
un valle de trincheras,
y el puente que frecuentan los amantes,
un puente defendido del asalto.
Un nombre me recuerda una ciudad
o un campo de exterminio a sus afueras
y dos palabras limpias el éxodo de un
pueblo.
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