| I
Pregunté por mi nombre sin obtener
respuesta,
y volví a preguntar.
En un gesto magnánimo me entregaron un
puzzle
familiar, y dijeron, - Cierra el pico,
aquí están tus talentos -. Las piezas sin exordios,
inconclusas igual que un accidente aéreo.
Insistía mi nombre en la pregunta,
dijeron - ¡ Basta ya! Te dimos lo preciso -.
Silencio. Acariciaron mis dedos las teselas,
sintiendo el sudor frío del reconocimiento,
recuerdos olvidados,
extrañas limaduras de los libros
contados cada tarde.
Pregunté por tercera vez. Ya no respondieron.
Y sólo en el silencio supe que, ante esas manos,
se hallaba la memoria perdida de mi nombre.
II
Dos veces vivo en el recuerdo,
después como una maldición
los mapas se deshacen en mis manos.
Cuantas veces intento recordar,
me derrota el desánimo,
y me siento alarife en Babilonia,
construyendo una torre hacia mi dios
con palabras quiméricas.
Cuantas veces lo intento, cuantas veces
regreso, apenas queda
la presencia de algo perdido.
En aquel lejano lugar
un navegante inexperto
transforma el presente con sólo
secar una lágrima antigua.
III
Cuidaba aquel jardín como a una enfermedad
crónica, daba cada minuto, los de ausencia
incluso, obedeciendo a una liturgia íntima.
Cultivaba las sombras en anillos
concéntricos,
y me nacían rocas recubiertas de liquen.
Ocupaba mis días en aquella quietud,
porque a nadie importaba mi nombre
perdurable,
sino el hecho inequívoco
burlando - breve - al tiempo toda una eternidad.
IV
Me preguntó el chamán
si no era el habitante de una tekia
blanca. Negué mirando de soslayo.
Me preguntó, - y ahora,
¿ a quién debo entregar el grial
que contuvo tu esencia? -
- ¿ No será de cristal de Bacarrá? -
Me burlé un poco harto.
Golpeó el chamán por dos veces mi sien
con el cayado, y un rumor
me brotó de los labios como de hojas
al viento, como lluvia
de esferas o de días olvidados.
- ¿ Estás seguro hermano? ¿ Acaso no eres
recuerdo compartido ? -
Y entonces me otorgó
un nombre nuevo,
" el-que-está-en-la-memoria-de-los-otros ".
|