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Hoy ha llamado a la puerta el que dibuja un
sueño, lo talla
o lo funde, lo engarza y lo vende,
hoy ha venido el que elige el sueño en la cueva del decomiso,
entre tantos otros en venta,
hoy me dijeron que vale tanto un verso como el vidrio y el
cobre.
Sobre mi mesa hay pueblos de pescadores, que
siguen mirando
al desierto,
y hay cacatúas violáceas que comen agujas de reloj;
porque me han traído el ensueño y la hora desconocida,
y a los viajeros, sus largas historias, encantamientos y
acrobacias.
Es una esfera fría en la mano y en los
labios que sobre ella
se posan.
Es imperfecta en su curvatura, donde le dieron un punto
de
apoyo,
para poder dejarla en la mesa, y mirarla y ponerse a soñar.
Es una esfera, y teje como las viejas, al descuido, extraños
pensamientos.
¿ Cuál debería ser su nombre, el de alguna famosa
embaucadora, o cualquier otro,
pájaro sobre el vientre de las mujeres, acaso pájaro del mar ?
¡ Oh, qué belleza había en las manos del
artífice cuando
trabajaban !
Cómo las imagino engarzando ensueños y horas,
nombres que vienen sin ser llamados, campos de aguas
aceitosas y azules,
nombres que vuelven, y un horizonte que no pierde su color al
ser alcanzado.
Hay un objeto sobre mi mesa o una multitud de
pescadores,
viejas que ya no tienen un cielo en su vientre donde volar ,
sueños paseando desde las cosas a las fronteras.
Es una esfera fría que enseña cómo se fabrican la horas,
sin explicar por qué las agujas batallan,
el origen de su misterio.
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