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3 Poemas
porAndrés Freire

 

Azul

Que hay azul, un cielo azul
y acaricia mi rostro.
Que la luna ilumina la noche
y el sol retornará por la mañana.
Que un lánguido cuerpo, tumbado en la arena, a veces me mira.
Tiembla el corazón y no es metáfora.
Crecen las plantas, migran las aves, llueve en otoño.
Volverá primavera con sus flores.
Tendré siempre el recuerdo de tu risa.

Es necesario y justo detenerse un momento, celebrarlo y dar gracias.

Es simple cortesía
bendecir nuestras mesas. Celebrar
del árbol la fruta,
la leche nutricia,
el vino que hace afables corazones,
la caricia que estremece,
la risa intacta de un niño,
tus afanosos labios en la noche.
Que hay viento, que hay olas,
que hay barcos, caminos.
Que hay amor, y deseo.
Vibra mi corazón cuando te veo.

Que hay azul, un mar azul
y la brisa en mi rostro.

 

Te escondimos

Te escondimos,
te escondimos todos
como a una vergüenza mala.
Nadie quiso ver tu cuerpo sin vida.
Nadie quiso saber de la soga en tu cuello.
No dejamos que nadie te llorara unas horas.
Te escondimos,
como si no merecieras lágrima alguna,
                                       lápida escueta,
ni esquela que dejara memoria de tu nombre.
Y te despedimos
sin flores, sin palabras, y una tumba.
Nos era más fácil esconderte,
como siempre escondemos los peores errores,
como siempre escondemos nuestras malas vergüenzas.

¿Y dónde tu error si eras bueno y noble?
¿Por qué la vergüenza si el corazón puro?
Culpa tuya fue grave el ser malo en la escuela
y mayor negligencia haber nacido pobre.
Te acecharon los lobos al uso de los tiempos.
Era fácil mofarse; torpe tú, solo y triste,
y más fácil aún mirar hacia otro lado.
No tenías futuro (fuiste malo en la escuela),
ni tampoco esperanza (torpe naciste y pobre).
La bondad no se premia con amores y un sueldo.

Te escondimos
como si mejor fuera que no hubieses nacido,
sin tumba que recuerde que te hemos fallado.
Por eso he intentado escribirte estos versos,
pagar mi parte de culpa,
dejar constancia de ti.

 

Su soneto

Caminas los pasillos tan preciosa
que verte es mi momento favorito:
tus cabellos dorando el infinito
y tus pasos, la estela de una rosa.

A veces me sonríes maliciosa
y yo, siempre tan tonto, me derrito
y pienso para mí que es un delito
no besar esa boca apetitosa.

Y esos ojos azules, ¡ay tus ojos¡,
sacuden con su luz este letargo,
este tedio vital en que malvivo.

Cuando apenas de mí quedan despojos
y tengo el corazón seco y amargo,
me miras y recuerdo que estoy vivo.

 

 

© Andrés Freire

88ariadna