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Desde una isla
porJavier Velasco

 

Los días se deslizan lentamente hacia el otoño.
en tránsito de ríos, descansan como un lago
en el que puedo a ratos palpar tu recuerdo
como tierra que decanta
                                            hacia el fondo de una calma
que lejana me parece mientras duermo.

Los días ya no vibran como antes.
Solo cabe dar con la palabra
que deseo regalarte
sin excesos, sin miramientos
sino tan solo bajo la forma
de mi mano sintiendo cómo tus dedos
se entrelazan con los míos, como el viento.

Observaré la soledad poblar las calles
o los geranios perder sus colores en cada pétalo que cae
este balcón perdernos a nosotros
conforme el otoño deposita sus anclas
                                             hacia el fondo de una calma
                                                                                    que te extraña.

Observaré tu pelo ausente en mi almohada
del que resta imaginarlo mezclarse
junto a mi pelo fosco, abrazarse,
en jirones de cabello besar tus labios y los míos
en guiños de sol deslumbrar como algún sueño
del que no quisiera despertarme.

Los días son pétalos de geranio
de cuyo rojo enardecido subsiste una pálida remembranza
en la mente de algún peatón distraído
entre las calles más preciosas y solitarias.

Terminaré, pues, preservando el tesoro de otros días
cuidándolo en un puño que palpita
evitando derramar el río por el que nadan

y asiré nuevamente tu rostro con amor y con pánico
de saber que el tiempo corre
como corre una bala atravesando el agua.

 

© Javier Velasco

88ariadna