í n d i c e  d e l  n ú m e r o

Los anónimos violentados durante el confinamiento
del COVID-19: lo que nadie imagina


por Renato Alama

 

“Carla es una joven sobreviviente de la violencia intrafamiliar. Vive desde hace cinco años postrada en una silla de ruedas, luego de que en 2010 su marido y padre de su hijo la golpeara hasta dejarla en estado de coma: Desde que nos hemos casado se volvió muy agresivo. El día que me dejó en coma fue a consecuencia de que yo me negué a que salga a jugar futbol porque cuando salía volvía borracho y me pegaba mucho. Mi hijito tenía dos semanas, era recién nacido, por eso yo tenía miedo que su padre tome y nos haga algo. Como yo le dije que 'no vaya', él se enojó y me pegó muchas veces en la cabeza, me golpeó contra la puerta. Después de eso me internaron en el hospital y estuve en coma dos meses" (Diario Pagina siete, Bolivia, 30 de Marzo 2016).

Desde el resguardo de nuestras casas cuando pensamos en la cuarentena por el coronavirus nos imaginamos las calles vacías de nuestros queridos barrios, acompañadas a su vez por el apresante silencio que las recorre sin dejar rastro, y que nos sugiere sinónimamente una buena película de ciencia ficción. En las redes sociales las personas muestran como están sobrellevando con nosotros la cuarentena, unos realizando videos graciosos, otros bailando con sus familias, otros trabajando desde casa con un horario hiperflexible, y otros creando alternativas para pasar el tiempo, maratón de películas, cocina juntos, siendo tentados algunos otros a querer generar algún tipo de contenido digital para exhibir a los demás y poder así obtener Likes o algún comentario que los haga viral. A esta cuarentena han pasado cuatro años ya desde que a Carla, la joven sobreviviente que le diagnosticaron muerte cerebral en 2016 (Provocada por la cruel golpiza que le propinó su marido) sobrevive posiblemente a esta pandemia. Aunque milagrosamente logró despertar del encierro del coma, ahora vive condenada a estar sentada en una silla de ruedas, dependiente de su madre, demandando quizá una explicación a su actual condición. Para hoy ya no se sabe nada de Carla, ni de su hijo, ni del curso que tomó su caso ante la justicia. 

La pregunta es ¿Cuántas Carlas estaban sufriendo silenciosamente violencia intrafamiliar antes de la cuarentena del Covid-19? ¿Cuántos niños estaban siendo maltratados y además abusados en sus casas antes de que se declarara la cuarentena por la pandemia? ¿Cuántas personas estarán siendo violentadas mientras lees esto? Si antes de esto toleraban los maltratos y los abusos en algunas horas del día o de la noche, para el día de hoy con la cuarentena obligatoria (que para algunos es un periodo de vacaciones) ahora es a tiempo completo ¿Qué estarán viviendo?, ¿Qué estarán pensando?, ¿Qué estarán sintiendo?, si para una persona que no vive su situación de maltrato y abuso se está volviendo difícil con el pasar de los días el aislamiento forzoso, ¿Ellos, qué estarán anhelando? Esta es la realidad de los anónimos violentados durante esta temporada de confinamiento por el Covid-19. Esto es lo que no nos imaginamos cuando pensamos en la cuarentena del coronavirus.

 

 

©Renato Alama Madrid, Psicólogo y escritor peruano radicado en Bolivia

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