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Goteo (selección, 2012)
porUlises Varsovia


Tan solamente

Tan solamente volver a verla
después de decenios de extravío,
y tocar otra vez sus labios
con mis labios de sed compulsiva,
y llevarla al tálamo nupcial
como a un fruto largamente ansiado,
o una flor de salvaje perfume
trastornando mi razón humana.
Oh, volver a descender con ella
al supremo acto de la redención,
en un clima de abejas estivales
libando en el cáliz mórbido
de una rosa de néctar secreto,
oh, volver a deshojar sus pétalos
hasta desnudar su cuerpo lácteo,
y penetrar en el antro sagrado
de una doncella por fin mía,
eternamente mía, así, desnuda.
Y si ahora un esfuerzo enorme,
y si ahora un esfuerzo supremo
de mi voluntad enamorada,
te trajera aquí, mujer excelsa,
trozo de mí perdido en el tiempo.
Pero lejos estás en las edades,
lejos en las vegetaciones,
y en vano mi sed de náufrago
estira hacia ti sus secos labios.

 

Goteo

De una gota que se desprenda
de mi existencia, y ya nunca más
regrese al lentísimo cómputo
del desgaste, cayendo sin fin
al océano inconmensurable
de la muerte, en el reverso ciego.
De esa gota las hojas secas
desconectándose del tiempo
entre la fronda de septiembre,
remontando el filo homicida
de un calendario implacable
a orillas de un gran precipicio.
Gota a gota las letras dispersas
de tu alfabeto tributicio,
al filo ya de la víspera,
en bandada los buitres rondando
un cuerpo cuya última gota
desprendiéndose de los relojes.

 

Entrecruce

Entrecruce de todos los tiempos
en el desamparo temporal
de una hora vacía de substancia,
ay, vacía de agente y memoria.
Aquí tu sitio de tinieblas,
aquí, en la absoluta ceguera
de uno que buscándose sin fin
entre cartas y fotografías,
mudo de voces ininteligibles.
Quién, hermano mayor, quién, viajero
por todas las generaciones
de una familia sin raíces,
sin huellas por la nomenclatura,
quién, quién tu presencia de niebla
entre las estatuas malheridas,
quién el otro que tú mismo dormido
bajo el velo de la retina
de todos los tuyos huyéndote,
y dónde la substancia primordial
de esta hora vacía de tiempo,
vacía de huellas y raíces,
en el entrecruce insubstancial
de todos los tiempos destruidos.

 

Números totales

Números totales los insectos
orbitando mi tarda conciencia
tan de anochecida súbita,
tan de desnudez noviémbrica,
huyendo aterrorizada
con todas sus luces perseguidas,
números que espeso zumbido
en torno y en torno y en torno,
como si alguien recordándome
desde una lágrima indefinible,
o colapso de mis vigías
temblando de miedo en la intemperie.
Bajo el peso de sus raudas alas,
sobrecogido de concomitancias,
ay, quién la que desde el lecho
enseñándome su fresco pubis,
quién, quién la que tupido velo
bajo sus ojos de rubor y olvido.
Cercano a los últimos límites,
lleno de un rumor parecido
a números totales orbitándome,
¡qué miedo volver a recordarla
en su lecho de casta vitalicia!

 

Mediatarde

Penetrante atmósfera de climas
hiperboreales acaecida
en la mediatarde detenida
frente a mis órganos sensoriales,
uno de tus detonantes líricos
clavado en mi sensor de niebla,
precisamente cuando Mercurio
en el ángulo de la Diáspora,
y sus heraldos atmosféricos
pasando a cuchillo los restos
de la luz solar agonizante.
Ahora, en este mismo momento,
hundirme en sus coordenadas
con todo lo mío aún vigente,
fallecer de saetas árticas,
o de lentísimas estalagmitas,
o sacudir el nervio sensorial,
y poner en marcha la mediatarde
atascada en mi abúlica mismidad.

 

Resplandor

Ilumíname, Musa,
de divino resplandor,
de modo que desde el fondo
de mi ser intrínseco brote,
no la simiente y el grano,
no la raíz y su fruto,
sino la poesía
como una perfecta diosa
de luz, ritmo y armonía,
dota de tales poderes
mi instrumento inaprensible,
que enhebre la melodía
dispersa del universo,
y eleve su arquitectura
de letras ceremoniales
hacia la dicción del habla,
hacia el fulgor del poema

 

 

© Ulises Varsovia

86ariadna