índice del número

El “Guernica” en la taberna

por Juan Antonio Ruescas

 

 

Paquiro (el tabernero).- …y a ver si abocan bien en los catavinos, que luego es a mí a quien le toca fregar tablones.

Rafael (parroquiano).- Y si pusieras hule sobre las mesas… Pero, tranquilo Paquiro, que aquí somos todos muy aseaos. Y a ver qué dice don Potamio, de la tele de anoche.

Don Potamio (maestro del lugar).- ¿Qué es eso de la tele de anoche?

Manuel (otro parroquiano).- Pues na ¿qué va a ser? Usted como se acuesta a las ocho lo mismo que los músicos, no se entera.

Don Potamio.- Para lo que hay que ver en la tele… Y oye, nunca en mi carrera he sabido eso de que los músicos se acuesten a las ocho. Pero a ver ¿qué pasó con la tele?

Manuel.- Pues que en la tertulia de toros a uno se le ocurrió decir que el nombrao cuadro de Guernica, no es más que el duelo por la muerte del torero Ignacio Sánchez Mejías. Así, como suena.

Rafael.- Eso, que a mí también me pasmó, que no me pierdo na de toros que salga en la caja tonta. Aunque no sé mucho de ese cuadro tan celebrao del Picasso. Pero don Potamio será el que diga algo, que sabe más de todo lo que sea y de toros más que el Cossío, como dicen.

Don Potamio.- Me dais como pedrada en ojo de boticario pues a mí siempre me ha sido interesante con variadas lecturas ese cuadro, pareciéndome un poco engañoso y difícil de aceptar. De poco arte, sin composición, salvando algún detalle, el de la jaca que relincha, como lo podría pintar quizá uno que no fuera tan famoso. Y lo que digo, para mí no es asunto tan nuevo. Por lo pronto os diré que eso sea de un bombardeo sobre el pueblo de Guernica, más falso que puta impoluta.

Manuel.- ¡Qué nos dice, don Potamio! ¿Por qué?

Don Potamio.- En primer lugar porque el encargo del cuadro a Picasso se hizo antes de que se diera el bombardeo, y cuando éste sucedió, la pintura debía de estar tan avanzada o acabada, que no era fácil introducirle bombas. Y además, no hay una sola señal de ese pueblo, como su famoso árbol histórico.

Rafael.- Pero entonces dicen que es un cuadro contra Franco y la desgracia de la guerra.

Don Potamio.- Bueno, ahí ya empiezan mis dudas. Si lo veis -otro día os traeré una copia que tengo-, creo que lo mismo puede ser contra Franco que contra Napoleón y sus guerras. Arriba a la izquierda hay una cabeza de toro todo impasible y tranquilo, el único que mira hacia afuera. Luego, una madre con su niño en brazos que se revuelve como queriéndose comer al toro. En el centro la jaca destacada que relincha de dolor, y un espacio borroso que tal vez sean las entrañas de la misma. En el techo, una simple tulipa con bombilla, y un brazo generoso que parece ampliar luz con un quinqué. Y así ¿qué más? Ciertos rostros de una sola línea como almas o espíritus que flotan ingrávidas… que no sé yo si serán del torero y su amor.

Rafael.- Y todo eso ¿no es la catástrofe de una guerra?

Don Potamio.- El tranquilo toro sereno, impávido, y esas caras plácidas en el aire ¿son de una guerra? Se quieren dar explicaciones hablando de un Minotauro de la Historia fingida, y de otras zarandajas simbólicas en las que yo no creo. La destacada jaca relinchando, habría que interpretarla con el tertulio de la tele, como la de uno y tantos picadores que perdían la cabalgadura corneada en el vientre, cuando no eran protegidas con petos. Luego yacente con espada quebrada en mano, un humano que llaman guerrero, y el de la tele diría torero muerto. Y, para acabar, a la derecha de todo, un espacio de arriba abajo aparte, de ámbito distinto, con una figura con los brazos en alto como en desesperada danza andaluza, de la que he pensado yo que sería “La Argentinita”, el gran amor lejano de Ignacio.

Manuel.- Y a fin de cuentas ¿qué? ¿No hay horrores de guerra? La pintura ¿no es más que un luto taurino? ¿Qué otra cosa nos dice, Don Potamio?

Don Potamio.- Pues digo, tras esta comunicación de la tele, y mis reservas con el cuadro, que Picasso pintó unas doscientas composiciones taurinas, una muy significativa el año 1933 titulada “La muerte del torero”, y que, por cierto, al año siguiente 1934 muere Sánchez Mejías.

Manuel.- ¡Tate, tate! “Ciertos son los toros”.

Don Potamio.- Bueno, vayamos con calma. Es muy verosímil, casi de cierto, que Picasso sintiera una especial razón para darle a los pinceles, en memoria de su amigo Ignacio. Casi seguro, esbozaría unas imágenes, unos bocetos sueltos que ciertamente no llegó por entonces a componer en cuadro elaborado. Y es que -lo he leído con detalle- en ese tiempo, para colmo de luto por Ignacio, Picasso se hallaba en una situación sentimental decaída, deprimente, aunque dibujara todos los días, sin creatividad. Con larga pérdida de tres mujeres… que en entrevista al caso, su amigo Luis Miguel Dominguín dijo “Sin ellas no somos nada”.

Rafael.- Sí, y a veces contentos.

Don Potamio.- No, mira: hace poco que sí vi la tele, un libro de un catedrático en Sevilla que hablaba de la melancolía de los artistas, y con una buena foto de Picasso.

Manuel.- Y ¿tiene tanto que ver con el Guernica?

Don Potamio.- Pues tiene que ver porque arrastrando dos o tres años tristes es cuando a comienzos de 1937 el Gobierno republicano le encarga el cuadro. Picasso, a pesar de su falta de fuerza creativa entonces, -mis amigos Manuel y Rafa- no, no se podía negar a tan singular cliente y a tan suculenta cifra por cobrar. Y fijaos en mis pobres observaciones:  unos ilustres políticos, con veleidades de propaganda antifranco, disponen de una ingente suma de dinero del esquilmado erario español para abonarla a quien se afiliaría al Partido Comunista, que eso hizo en verdad el genio Pablo Picasso, super millonario y super enriquecido.          

Rafael.- ¡Qué nos dice! Y ¿de dónde sale lo de Sánchez Mejías?

Don Potamio.- Por supuesto que no tenemos argumentos que lo prueben. Pero ante esa decidida declaración en la tele y lo que hemos dicho antes, se puede sospechar que Picasso, sin fuerza creativa para un cuadro que se le pedía de tres metros y medio, echó mano de los supuestos bocetos para Sánchez Mejías, simplemente los reunió con la correspondiente incoherencia de tema o discutible estética, y les endilgó el invento a unos políticos que, como suelen, carecerían de toda apreciación de sensibilidad artística, y verían bien aquel “horror de la guerra” (pudo ser -mis queridos amigos- gato por liebre, pero valdría aquello de que si es con barba, San Antón, y si no, la Purísima Concepción).

Manuel.- ¡Qué cosas! ¿Sería el genial, un poco loco Picasso capaz de eso? Mas,“¡éste es el horror de la guerra!” dirían los del encargo. Y tú, Paquiro, márcanos  con otra botellilla de este amontillado fino que está de muerte, y aceitunillas sin hueso para la dentadura de don Potamio.
Don Potamio.- Vale, yo tomo pocas. Y recordando más la historia, ¿no sabéis que el cuadro, para máxima propaganda, se destinaba a la Exposición Internacional de París en el mes de julio de ese mismo año de 1937? Allí se colgó sin título ni firma, dicen las crónicas, constituyendo un notable fracaso, siendo quizá por eso el que se dijera entonces “bombardeo” para sumar “propaganda europea”, contra la aviación alemana. Pero os diré para acabar porque esto se está alargando, que mi padre fue boticario en un “lugar de La Mancha”.

Rafael.- Y ¿y eso a qué viene?     

Don Potamio.- Por lo que decís de la tele, de Sánchez Mejías, mirad: el toro lo coge en Manzanares pero de ningún modo quiere que lo lleven a la enfermería, sino a Madrid directamente, y esperando ambulancia muere. Luego Manolete, como sabéis, y el mismo Paquirri. Muertes podemos decir por enfermerías que Picasso, tan aficionado, bien conocería. Y es que mi padre aportaba un gran botiquín a la enfermería de la plaza -bien recuerdo un gran baúl alargado gris- cada vez que allí, en ese pueblo, había corrida, y en alguna de ellas que se dio algún percance, reclamaron a mi padre para que acudiera, y allá yo niño con él. Os puedo asegurar que aquel recinto lóbrego, sin fuerte luz, triste, bien acumulados los dolientes…, lo recuerdo como lo más parecido al cuadro gris, negro, del Guernica.

Manuel.- Entonces, Don Potamio, ¿usted cree que en el cuadro de Picasso todo lo que se da es la elegía por la muerte de Sánchez Mejías tal como afirmaron en la tele?

Don Potamio.- Yo no creo nada. Me atengo a los datos y al sentido común de los hechos. Suposiciones pueden hacerse todas las que se quieran según sensibilidad, según ideas. Por mi parte, con eso de la tele y mis dudas antiguas, no sé si me puede la tentación de sentir más el luto por Ignacio que por ninguna ignorada víctima bélica, según el cuadro, en el que lo más admirable para mí es esa expresión de jaca desesperada corneada. Y quede claro que no tengo más idea que la de excluir el mal donde quiera que de verdad esté.

Rafael.- ¡Qué bien lo dice usted! Pero a propósito también de Sánchez Mejías, ¿qué dice usted del “Llanto” y García Lorca?

Don Potamio.- Pues que no se relacionaría con Picasso estando éste en París. Y que hay un verso del “Llanto” que dice algo así como que las madres terribles levantaron la cabeza, tal cual lo hace la madre violenta en el Guernica.

Manuel.- Pero bueno, tenemos ya que apurar estos culos, y marcharnos.

Rafael.- Vale, voy a pagar… 

Paquiro.- No, que con esas ráfagas tan cultas que me han llegado de don Potamio, hoy paga invitando la casa.

Don Potamio.-Pues muchas gracias, Paquiro. adiós.

Manuel y Rafa.- Gracias, Paquiro. Hasta otra.
                   

 

 


© Juan Antonio Ruescas.

84ariadna