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Amarilla/Eva
porSol Camarena Medina

 

Amarilla

En el luto me he pintado los ojos de azul
pero quisiera decirte que mi boca es amarilla: no dorada, ni ocre, ni anaranjada
no, mi boca es amarilla, tanto que la he lavado en mi rabia roja y en mi pena violeta
y sigue siendo insultantemente amarilla.

Y los pájaros también son amarillos. Y tus manos, amarillas, tan amarillas que parece
que hayas enfermado pero no, es tan sólo que te he besado las palmas mientras dormías.

Los caballos ¿son amarillos? ¿Y los perros? Todos los animales
son amarillos; hasta los alacranes. Las viudas
se cuelgan huesos de estornino del cuello
y los bañan en tinta negrísima con la esperanza de que vayan a juego
con sus entrañas
(no lo consiguen).

Hasta las viudas
son amarillas si te fijas. El duelo, hoy por hoy, no destiñe. El luto, mañana se verá.

 

Eva

Eva
se arrodilla en mi lavabo y se escurre la melena. El agua cuenta historias de peces que hablan y mares que callan, mares silenciosos
como las estrellas. Eva ¿a qué estrella
le pusiste nombre? ¿Te escucharon acaso los astrónomos
cuando les llegó el turno? Todo el mundo pensando en el futuro
y ya nadie te mira a los ojos salvo, quizás, una niña boquiabierta en un museo lleno de cuadros
que no entiende.

¿Cuán incomprendida
te sentiste durante todo aquel comienzo, Eva? Tus manos de papel antes de que se inventara la escritura. Tus ojos de estrella de cine antes, mucho antes
de que se rodara la primera película. Y la enredadera en tu muslo
cuando todas las flores eran aún salvajes. Que Adán
era hermoso en una época
en que no se medía la hermosura; hermoso como los lagos, hermoso como el aire, hermoso
como no tener hambre nunca. ¿Y Lilith? ¿Era fea? Me duele la cabeza cuando pienso en el castigo impuesto, en la agonía y en la pena, y
en cómo no llega nunca el perdón para aquella que nos dio los girasoles de Van Gogh, la rueda y la rueca, el hilo y la aguja
la daga y la venda.

Pero Lilith ¿cómo era? A veces
me imagino que la amabas, que te enamoraste de sus ojos de serpiente y de la sangre de la herida de su sien. Pero ¿cómo ibas a amar a quien no fuera
el gorrión coronando la mañana, la lagartija
correteando por la senda? El amor no se mide, Evita mía, pero no hay amor cuando todo es nuevo. No cuando la muerte aún no existe, puesto que ¿qué es amor, sino aferrarse
a estar viva?

 

 


© Sol Camarena Medina se define siempre como feminista, lesbiana y loca (de las de verdad). Nació en 1997 en València y es allí donde vive con su familia. Autora de dos poemarios auto-editados, “pétalos y espinas” y “ya lo escribieron ellas”, sus poemas forman parte también de la antología de cuatro poetas valencianas “Hay tantas formas de llover” de FEA. Ha escrito sobre salud mental en primera persona para la revista Mente Sana, lleva el blog Pensando en Lila y la plataforma de mujeres artistas contemporáneas artebruja y le gusta mucho, mucho reírse muy alto.

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