FGFR2
porXoán Romay
En el interior del cuerpo
un ser brota,
huesos repartidos
sin en cuenta tener
que en todo jugador
debiera haber el número
mismo de cartas de una baraja
marcada;
sin ellas no hay tute.
Mutación en elemento génico,
intrínseca quebradura informacional
en células conectivas
–componentes de una Mátrix
externa, sin contexto, indiferenciada–,
composición atonal de espacio de mediación
y comunicación no prescindible,
estroma en jazz sincopado, pentagrama
dispuesto tras notas moleculares
de crecimiento, desarrollo o cura
de los tejidos.
Derivaciones de primigenios mesénquimas.
Sin estas cartas la baza está perdida,
no hay comodines que ganen la mano
y los huesos carecen de orientación
y no pareciera que exista contención
a lo largo de las fases del desarrollo.
Cabe en lo posible que la edad
sea asidero básico de tal problema
génico, fusión en intranquilidad
desmedida de huesos craneales,
presión del cerebro contra un muro
conformado en apresura.
No solo es esto lo real,
tan sólo explicación mínima
de una porción de una posible realidad.
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