La raya del humanismo en el abismo del mar de barbaridad.
Un retrato de realidad salvaje en Aves sin nidos.
por Sukanta Kumar Chattopadhyay y Mayuresh Kumar
La autora, Clorinda Matto de Turner, en la novela humanista ha alcanzado el apogeo de narrar la agonía de los indios sujetos por la opresión desatada por los descendientes de los anteriores colonizadores que nunca pensaba en tornos de admitir los derechos humanos de los indios a pesar de las apelaciones de Bartolomé de Las Casas hace siglos que cayeron en vano. La novela narrada sin recurso de ostentosas declaraciones teóricas ha puesto al foro de los lectores los destinos de los indios esclavizados por los blancos que han destrozado la cultura y civilización de los indígenas americanos.
- Introducción:
El concepto de trato a los indios como seres subalternos que arraigó su raíz en el siglo XVI después de la “conquista” de los territorios del “nuevo mundo”, no se había aliviado después de la ganar la independencia que es obvio en la narración de la novela realista de Matto de Turner, cuyo principio básico de dedicar la obra “al fallo del lector” impulsada por “la esperanza de que ese fallo sea la idea de mejorar la condición de los pueblos chicos del Perú” y los jóvenes educados puedan dar pasos avances para redimir “los explotados en la noche de la ignorancia, martirizados en esas tinieblas que piden luz” (Introd. Aves sin nidos, Turner).
La preocupación de la autora se puede rastrear a la ruta de los asuntos basados en los eventos históricos que señalan que mientras los liberales extendieron su apoyo a los indios para considerarlos como una parte de la nación, las prácticas inherentes de la política siempre desplazaban los conceptos de los altares teóricos para elevar los indígenas. La idea inveterada de los criollos y los europeos era de que ellos pertenecían a una raza superior en respecto a la cultura, fe religiosa y lengua que los indios y así los últimos no se pudieron amalgamarse con los órganos de la nación sino se convirtieron en “otros” como se ha ilustrado por Eddy Romero Meza (web, HAHR) que articula:
“La comunidad imaginada o nación concebida por los liberales peruanos, consideran en principio al indio como parte importante del proyecto nacional, pero muchas veces solo en un plano teórico, pues conservaran rezagos coloniales como la imposición del tributo (hasta 1854), el uso de un lenguaje administrativo-legal (“castas”, “persona miserable”, “clase indígena”, etc.), o hasta la obligatoriedad de trabajos gratuitos de los indios a favor de los gobiernos locales-provinciales dirigidos por prefectos y subprefectos. Todo ello, en contra del espíritu republicano y los principios de igualdad en una sociedad donde todos son ciudadanos.”
El comportamiento de los prefectos y subprefectos encargados de mantener la ley y el orden de la sociedad, siempre se dirigían a soltar los instrumentos de represión para extorsionarles con el motivo de lanzarlos en el abismo de esclavitud perpetua y gozar el derecho tácito de violar las mujeres.
Por medio de convertir una mujer en la planificadora de las acciones para contener la opresión ilimitada, la autora prefiere conducir la campaña y ella inculcó la idea de promover la emancipación de las mujeres encadenadas a las obligaciones de realizar las tareas del hogar. La obra se considera por muchos como la primera novela indigenista que reflejando las prácticas del costumbrismo de las comarcas de Killac, se concentra principalmente en los personajes indios y sus tribulaciones de las comunidades indigenistas. La obra no solo ofrece una descripción minuciosa de la sociedad india, sino también retrata la imagen de una mujer resuelta y determinada capaz de enfrentar el chovinismo masculino destacado por los funcionarios corruptos y los curas.
La autora en su único estilo de la narración trae en foro las miserias de las indígenas desvelando las caras de los diablos encarnados y la hipocresía del nexo de los clérigos, los administradores y los efectivos de la policía y ejército concedidos con el poder de gobernar el país.
- Resumen
La novela cuenta la historia de las malas suertes de la familia Yupanqui viviendo en la ciudad andina donde la gente pobre se atormentaba por el cura, los subprefectos y sus secuaces despedidamente. La gente desamparada se obligaba a vender sus lanas por cuatro cuartos y también no tenía la opción de vender sus productos en otro lugar a otras personas, mientras los mercadores en la colusión con los oficiales venden las lanas por el precio más alto. Esta engaña económica les dejó los indios en una situación deplorable. Los miembros de la autoridad estaban en el hábito de extorsionar labor gratuita de los indios y forzaban a las mujeres a realizar las tareas domésticas sin pagarles ni un duro y molestarlas con abuso sexual.
Marcela, la mujer de Juan Yupanqui, se ha ordenado a presentarse en la “mita” dejándose su marido y sus hijas jóvenes mientras el cura ha impuesto un embargo a cosechar cultivo de la patata para recuperar el costo de los gastos de sepelio del padre de Juan. El miedo de más persecución por el cura debido a la falta de pago, sea en la forma de abuso sexual a ella misma o a sus hijas, le dio el impulso para buscar ayuda de Lucia, la mujer de Don Fernando, una dama progresiva, compasiva para salvar su familia. Su pedido fue accedido pero bajo la tenaz, persistente y astuta interrogación por cura Pascual acerca del recurso del fondo recogido. Manuela no pudo suprimir la verdad. La acción simpatizante de Lucia y su marido que rescató la hija pequeña de Marcela, provocó la ira y el espíritu de vendetta para aniquilar los intentos de los indios para liberarse de cadenas eternas se fue considerada como un crimen imperdonable, el cura y sus cómplices decidieron a destruir por completos de los “forasteros” involucrados de tales enemigos que la natural marginación de cierta sección de la población de su aldea. Como la consecuencia del atentado organizado por los partidos con intereses particulares contra las llamadas personas “extranjeras”, la pareja Yupanqui fue asesinada por los malhechores de la sociedad. La declaración de la moribunda Marcela ante Lucia reveló el nombre del padre biológico de la hija mayor de Marcela (Margarita) que era nadie otro que el obispo don Pedro Miranda y Claro de Killac.
El intento inicial de culpar el campanero Isidro Champi por el nexo de los oficiales gubernamentales en el caso de atentado últimamente terminó en fracaso por los tratamientos destrozos y astutos realizados por don Fernando que ya había prometido a acoger los aves sin nidos, es decir, las hijas de la pareja Yupanqui y educarlas en la ciudad de Lima a donde quería instalarse para evitar el constante conflicto con sus vecinos engañosos cuyas creencias descansaron al fondo de explotar los desamparados. El amor de Manuel, conocido como el hijo del gobernador, don Sebastián, que estaba por Margarita, la chica adoptiva de Lucia y Fernando, no pudo avanzar al destino feliz de matrimonio, porque la última escena reveló que el protagonista Manuel también era el hijo del obispo don Pedro Miranda y Claro y así el amor romántico del primero, por fin se convirtió en el amor de hermanos y esa declaración puso el fin de la novela señalando a un futuro que amanecería en una atmósfera de la emancipación de todas las razas y seres humanos.
- Tiempo, espacio y la condición económica
Matto de Turner ha emplazado el sitio de su novela en la serenidad de las valles andinas rodeadas por la exuberante plantación verde bajo el cielo despojado salpicado de pequeñas ciudades y de pueblos agrícolas, habitados por las gentes simples e ingenuas, la mayoridad de los que eran indios gobernados por los representantes del gobierno que básicamente se constituía por los latifundistas, propietarios de minas, clérigos y militares. La autora, mientras describiendo el lugar de tranquilidad rodeado por pajonales y huertos, al mismo tiempo había puesto ante el lector el contraste de los notables y los naturales por medio de las filas de las casas narrando los tipos de casas con “techumbre de teja colorada, cocida al horno y la simplemente de paja con alares de palo sin labrar”(Matto, p.2).
El último destino en cuanto al espacio se ha dirigido a Lima que se ha aceptado por la escritora como el sitio de curar todas malhechas y las aflicciones en el ámbito de la gente educada y de razón y de valores éticos llenos de pensamiento de humanismo. Esta idea se afirma por las palabras de Manuel que dijo, “Viajar a Lima es llega a la antesala del cielo y ver de ahí el trono de la Gloria y de la Fortuna. Dicen que nuestra bella capital es la ciudad de las Hadas – respondió Manuel disimulando sus emociones” (Matto, 79). En este contexto, el comentario de Benito Varela Jácome merece a ser mencionado, que dice, “… la capital, como modelo de civilización y bienestar, está presente en las valoraciones de algunos protagonistas, desde los primeros capítulos. En cierto sentido, la autora plantea dos modelos de sociedad bipolarizados: barbarie- civilización, aunque, en su pensamiento, esta concepción bipolar está corregida en una posición próxima al postulado de González Prada: «Donde se lee barbarie humana tradúzcase hombre sin pellejo blanco».
La época de duración de la obra abarca las décadas de la segunda mitad del siglo XIX cuando el Perú tenía que pasar por un tiempo de vicisitudes de la infraestructura de las instituciones económicas y políticas en el que había una total indiferencia y apatía sobre la inclusión y participación de los indios. La actitud a los indios peruanos es muy obvio del comentario de historiador Sebastián Lorente citado por Meza resumido en las siguientes frases:
“Triste es confesarlo pero la mayoría de los indios, extraña a los progresos de la civilización nos aflige con los vicios del estado salvaje. Yacen en la ignorancia, son cobardes, indolentes, incapaces de reconocer los beneficios, sin entrañas, holgazanes, rateros, sin respeto por la verdad, y sin ningún sentimiento elevado, vegetan en la miseria y en las preocupaciones, viven en la embriaguez y se duermen en la lascivia… (Lorente 1855: 23)”. La élite y la sección educada del Perú eran suscriptores y partidarios a la noción de que los indios inconscientes de las tecnologías modernas durante las décadas del nacimiento de la revolución industrial y acompañante capitalismo, eran incapaces de ir al compás del progreso de la nación, y por lo tanto se planteaban como los impedimentos a la avanza en todas esferas de la sociedad. El comentario de San Luis Maristas va a destacar la idea de esa discriminación de los indios en la siguiente cita:
“Los indígenas vivían en una situación de marginación como consecuencia de la aplicación de políticas inspiradas en una ideología que consideraba al indígena como algo inferior que obstaculizaba el progreso del país”(web).
Esta presunción, según Andrés Calderon Ramos (Denial of Coevalness as an Epistemic Injustice- Rechazo a contemporánea como una injusticia epistémica) es un rechazo epistémico a una raza y enfatiza que esta actitud es un intento de poner la raza conquistada bajo dominio perpetuo. Explica Fabian su idea de este concepto en la siguiente manera;
“Definimos la injusticia epistémica como el daño sistemático hecho a una persona en cuanto a sus capacidades como conocedor, basado en su pertenencia a cierto grupo. Este significa que consideramos la injusticia epistémica como prejuicio hacia las capacidades epistémicas que se posean por un individuo, tal es la capacidad de agencias epistémicas, o recursos epistémicos desarrollados, basados en su apariencia, lenguaje, grupo social, o cualquier otro factor externo que los pone en una posición debilitada frente a su supuesto oyente u oyentes.” (we define epistemic injustice as the systematic harm done to a person regarding their capacities as a knower, based on their belonging of a certain group. This means that we consider epistemic injustice as prejudice toward the epistemic abilities possessed by an individual, such the capacity for epistemic agency, or developed epistemic resources, based on their appearance, language, social group, or any other external factor putting them in a weakened position in the face of their supposed listener or listeners.”
Tales faltas de injusticia nunca permite la raza conquistada a elevarla al nivel de conocimiento o estatus económico de los vencedores. La novela empieza con esta nota de injusticia desatada a los indios que han perdido todos sus derechos de vivir una vida sana y no interrumpida por las agencias del gobierno draconiano.
Las encomiendas fueron constituidas con el motivo de la total explotación de los indios que se convirtieron en los instrumentos de trabajo por gratis. La encomienda que fue iniciada como un sistema de proteger a los indios, con el paso de tiempo se hizo virtualmente un medio de esclavizarlos. Los conquistadores querían manos de obra baratas y no tenían deseo de ver los indios convertidos en sus iguales de ningún modo. Esta tradición de la explotación se continuaba durante el siglo XIX también. Según Juan Daniel Choque Oviedo (web), este sistema de tiranizar y saquear la última gota de la sangre de los indios no alcanzó su cesación en el siglo XIX, sino siguió la vía tradicional. Dice Oviedo que la encomienda, “Era la administración de determinada área geográfica y número de indios a favor de los conquistadores españoles. Formalmente era para dar educación y religión a los indios; realmente les permitió a los encomenderos el control de los indios, el pago de los impuestos y la organización del trabajo gratuito”
Los indios tampoco disfrutaban los derechos de votos en las elecciones generales y así no había cualquier portavoz de ellos para ser vociferante en el foro del gobierno de modo que la brutal tiranía en todas las esferas de vida se pudiera haber expuesto para iniciar medidas con el motivo de redimir a sí mismos de las garras del nexo del poder administrativo, clérigo y ejercicio. Como dice Meza (web, 2),
“La población analfabeta podía participar, pero este ejercicio de voto significaba poco o nada para la constitución de una ciudadanía efectiva entre las comunidades indígenas. Formalmente según la Constitución de 1860 eran electores y elegibles todos los ciudadanos varones mayores de 21 años que cumpla con uno de estos requisitos: saber leer y escribir, ser titular de una empresa artesana, poseer alguna propiedad raíz o pagar al tesoro público algún impuesto.”
Casi la mayoría de los analfabetos indios no podían hacer ejercicio de su poder electoral y quedaron hundidos en servidumbre perpetuo de donde no se hallaron cualquier salida para alentarse libre de la obligación de trabajo por gratis o deuda aumentada bajo las condiciones de intereses y reembolsos complejos.
La situación histórica da la indicación clara y cristalina, que en las décadas tras la independencia, los indios no tenían otra alternativa que tragar sus lágrimas silenciosamente y tenían que seguir siendo los cautivos de un laberinto de esclavitud sin salida reflejando la muda agonía de las aves sin nidos cerniéndose en el cielo sin rumbos. La fruición de la liberación no era un producto para compartir con los desafortunadas masas indias.
El tema
El enfoque básico del tema es divulgar la tradición de la práctica del abuso de los indios, es decir los vencidos de los llamados bárbaros o la indígena población del Perú por los conquistadores, los españoles y la reluctancia y repugnancia de éstos en el proceso de la integración de los pueblos en una nación procedente de la vista de una emotiva atadura común. La novelista humanística traumatizada por los abusos desatados a los indios por los blancos, de hecho, manifiesta su vergüenza (Simon, web, 5) por la creación de los personajes Lucia, Fernando y Manuel para pregonar que tratan de suavizar los dolores y la indignación de las desamparadas gentes del Perú. Según Theo Simon (web, 5), “La novela expone un cuadro social del pueblo andino Killac, que expresa el estado social del indígena de los abusos de dignidad contra las mujeres de aquel época.”
Matto es la verdadera heredera del “célebre obispo de Chiapas [Fray Bartolomé de las Casas]”(Web, JUICIO CRÍTIC, 2) en levantar la voz de protesta tras cuatro siglos del lapso. Las Casas “asentó el principio de que la despoblación de América no cesaría sino cuando se devolviese la libertad al indio y se le tratase como el súbdito y no como esclavo y … conmovió a toda Europa dando la merecida resonancia del escándalo al cruel repartimiento y demás ferocidades que acarreó la dominación española” (Web, JUICIO CRÍTIC, 2) y “Hoy la señora Matto de Turner recoge la tradición de esos ilustres defensores, y abordándola más de lleno en el terreno literario, traza virilmente el luctuoso cuadro de esa misma opresión, esos mismos infortunios que la monárquica Colonia impuso al indio, y de que la República, las democracias, los liberalismos de la raza blanca, no osan redimirlo. (Web, JUICIO CRÍTICO, 6).
El tema también es una conglomeración de dos conceptos desde el punto de vista de rol de la mujer que incluye el papel de “angel de mujer” y la mujer que trata de romper las cadenas de tabús y emancipar como un elemento decisivo en la formación de los pueblos de la nación. Se encuentra “ángel de mujer” desde variados estratos de la sociedad tales como, Lucia, Petronila, Marcela y Martina manifestando aspectos diferentes de las costumbres y ritos de la sociedad con una coincidencia única en la esfera de la maternidad.
El tema se involucra en la propagación de la educación para desarrollar una vista de vida sin ideas preconcebidas contra cualquier sección de la población de la sociedad e introduce a los conceptos del feminismo en una manera sutil por las conversaciones de las mujeres que emergen como las ironías contra el dominante machismo.
Análisis de la obra
El título de la obra, “Aves sin nidos” es la metáfora reveladora de las angustias de la autora que no solo señala a dos huérfanas, Margarita y Rosalia, las hijas de Marcela y Juan Yupanqui, las víctimas de la furia vengativa de Sebastián y sus cómplices, sino sirve como un símbolo realista de todos los indios del Perú que no esperan un mejor tratamiento que las bestias. La gente pobre que érase una vez, eran los dueños de la tierra, se han hecho los esclavos en las manos de los imperialistas que les han condenado en un abismo socioeconómico de donde no pueden emanciparse frente a los fusiles modernos de los descendientes de los conquistadores.
Los llantos de Marcela ante Lucia, la dama humana y comprensiva, resuenan el dolor de la gente de Killac, recordándonos el pregón ominoso de Las Casas acerca de la paulatina erosión de la existencia de los indígenas. Matto pone la agonía patente de la muerte en palabras angustias como dice Marcela,
“… ¡Ay señoraha! él (Juan) ha salido llevando el corazón medio muerto, porque sabe que hoy será la visita del reparto, y como el cacique hace la faena del sembrío de cebada, tampoco puede esconderse porque a más de encierro sufriría la multa de ocho reales por la falla, y nosotros no tenemos plata. … mi corazón me ha dicho que tú eres buena; y sin que sepa Juan vengo a implorar tu socorro, por la Virgen, señoracha,¡ay, ay!” (Matto, 4).
Matto no trata de ocultar la magnitud de opresión y miseria causadas de la clase dominante y el estado de mera impotencia e incapacidad de los indígenas americanos por la lucha contra los invasores que se han instalado con garras de potencia tan bruta que la gente original se ha enmudecido por eterno a levantar una voz de protesta y alcanzar a una rebelión para reclamar sus derechos genuinos. El desvalimiento y la indefensión de la mujer marginada llega a ser un reflejo universal cuando dice, “Él (Juan) me ha dicho al salir: << Uno de estos días he de arrojarme al río porque ya no puedo con mi vida, y quisiera matarte a ti antes de entregar mi cuerpo al agua».”. (Mato, 5). La manifestación de a humillación de la capitulación a los funcionarios del gobierno alcanza su cenit cuando sigue narrando la historia de su miseria en su inimitable estilo de sencillez revela a Lucia que para el rembolso de la deuda, “Ahora tengo que entrar de mita a la casa parroquial, dejando mi choza y mis hijas, y mientras voy, ¿quién sabe que Juan delira y muere?” La más perniciosa declaración narrada por una gran metáfora por la autora a través de las frases puestas en la boca de Marcela, trae la culminación del uso de las mujeres indias como los objetos de la mitigación de placer sexual y carnal, como la aquella mujer dice, “¡Quién sabe también la suerte que a mí me espera, porque las mujeres que entran de mita salen… mirando al suelo!”, señalando a la más viciosa deshonra de una mujer (Matto, 5).
La ternura del corazón de Lucia la impulsó a pedir al cura Pascual Vargas y a don Sebastián Pancorbo, el gobernador del pueblo para hacer una exención de las deudas de Yupanqui basada en consideraciones humanitarias y de compasión, pero la desnuda y dura denegación de ambos oficiales la dirigió a creer que, “…¿el cura Pascual?... ¡curas de los villorrios!...el otro, ….el gobernador, tampoco merece la dignidad que en la tierra rodea a un hombre honrado. ¡Márchense en buena hora, que yo sola podré bastarme para rogar a mi Fernando, y llevar las flores de la satisfacción a nuestro hogar!” (Matto, 10). Las frases de la autora van a impresionar los llamados mensajeros del Dios que rechazan a responder el principio básico de los mensajes de la fe religiosa para aliviar la miseria de la gente indigente. El soliloquio recalca la idea de la hipocresía del cura que busca placer en actividades de una vida lujuriosa y lasciva.
La hipocresía y la brutalidad del cura y sus otros colaboradores se desenmascaran en la asamblea de llamados dignitarios donde la audaz de Lucia y Marcela fue el epicentro de su discusión, o mejor dicho la contemplación de la intriga para eliminar las familias de ambas mujeres para tratar de desafiar las costumbres de la sociedad y deshonrar las vías religiosas. Durante el regreso de la casa de Marín, en su lamentación para confirmar la actitud de levantar contra las normas de la sociedad, el cura le dijo a su buen compañero, don Sebastián, “Y deles usted cuerda a estos indios, y mañana ya no tendremos quien levante un poco de agua para lavar los pocillos” (Matto, 15). La respuesta de su amigote Sebastián corrobora la misma idea con su respuesta descarada, “Hay que alejar a estos foráneos, francamente’ (Matto, 15). La primera frase del cura revela la idea de la imposición de la esclavitud perpetua económica a los indios y la segunda frase emitida por el gobernador es apocalíptica desvergonzada en el sentido de la marginalización del pueblo original del país con manos duras de hierra que ha convertido los indios como “estos foráneos”. Por el interés de vivir descansando en los cuellos de otros, estas personas de poder y las herederas de una sociedad civilizada, nunca vacilan de tomar recurso a la flagrante falsedad.
Una citación de la obra (Matto, 18) que es un retrato culminante del fingimiento descarado de Sebastián confirma el anatema nacido contra los indios:
“…es preciso botar, de aquí, a todo forastero que venga sin deseos de apoyar nuestras costumbres, porque nosotros, francamente, somos hijos del pueblo – dijo don Sebastián, alzando su voz altanería y llegándose a la mesa para servir una copa al párroco,
- Sí, señor, nosotros estamos en nuestro pueblo.
- Cabales.
- Como nacidos en el terruño.
- Dueños del suelo.
- Peruanos legítimos
Fueron diciendo lo demás, pero a nadie le ocurrió preguntar si los esposos Marín no eran peruanos por haber nacido en la capital.
…… Y aquella tarde se pactó en la sala de la autoridad civil, en presencia de la autoridad eclesiástica, el odio que iba envolver al honrado do Fernando en la ola de sangre que produjo una demanda amistosa y caritativa de su mujer.” (Matto, 18).
Los guardias de la ley y orden son creyentes de la ley del más fuerte. Aún una apelación de su manifestación más leve por la parte de Lucia, que no constituía el vestigio de la voz protesta, provocó la venganza tan severa entre los llamados protectores de los derechos básicos que el nexo de los perpetradores se plantearon a deshacerse con los esposos Marín y Yupanqui. Este tratamiento es una manifestación de la catarsis, innato odio a los indígenas, derivada de la idea inveterada de la supremacía congénita contra los “subalternos” que siempre se consideran como la especie inferior.
Los sucesos subsiguientes que involucran el pago de la deuda pagadera para cargo de los gastos del sepelio al cura Pascual por la parte de Marcela ayudada por Lucia y el rescate de la hija pequeña de Yupanqui prácticamente secuestrada por el cobrador “rehenes por una deuda que es nada más que una falta del pago de “unos dos quintales de alpacho que debe desde ahora un año” (Matto 22).
Según Don Fernando “esa deuda dimana de unos diez pesos, que forzosamente le dejaron en la choza el año pasado, y que ahora le obligan a pagar dos quintales de lana, cuyo valor aproximado es de ciento veinte pesos.”.(Matto, 22).
En respuesta, le dijo don Pancorbo a don Fernando, “No sabe usted que es costumbre y comercio lícito? Francamente, yo aconsejo a usted no apoyar a estos indios.” Sin embargo, estas palabras de sagacidad y prudencia de aquella persona parecían a ser entregadas a oídos sordos que inmediatamente firmó el papel para servir la garantía para liberar la hijita de Yupanqui.
Estas ocurrencias no son fenómenos aislados sino son escenas de la tortura diabólica que continuaban por siglos y son “costumbres” lícitos de la sociedad de aquel tiempo y el apocalipsis valioso por la parte de la autora que ha dibujado una pintura viva de la horrorosa atrocidad a la que la gente indígena fue sometida.
La barbaridad de los autores del nexo de los criminales, es decir, los peces gordos de Killac se culminó en el atentado que causó las muertes de los esposos Yupanqui y un ataque a los esposos de Marín que fue organizado para dar una lección a todos los indios para que ellos se callaran para siempre Y los elementos humanos para que nunca desafiaran a mitigar las penas de los indios que no merecen mejor que su actual estado de la vida. El complot de esos autores de los asesinos difundió además sus tentáculos en la detención del campanero Isidro Champi para atribuir la culpabilidad de los atentados y asesinos. La autora ha demostrado la larga magnitud de las manos de los criminales en el disfraz de protectores de la sociedad que son capaces de diseñar los cursos de eventos que nos caben a servir los intereses personales para amasar bienes y fortunas por las medidas que sean buenas o malas.
En su lecho de muerte, Marcela confió sus hijas a Lucia pidiéndola para que cuidase “las aves sin nido” con la confesión secreta que el antiguo obispo Claro era el padre de su hija mayor Margarita. La confesión de doña Petronila a su hijo, Manuel también trae en foro un hecho oculto que el obispo Claro también era el padre de Manuel, no el gobernador don Sebastián en contra a la creencia común en las áreas vecinas de Killac. La autora por un lado proyecta la magnanimidad de los esposos en su compromiso de adoptar las “aves sin nidos” de los esposos Yupanqui, y por otro lado no titubeaba en subrayar los eventos estigmatizados señalando los delitos viciosos como la violación de las mujeres por los curas que son los portavoces de una institución tan sagrada como la iglesia. La inhumanidad de todas las instituciones del país ha ganado tal severa estigma que el sentido de vergüenza le induce a Fernando a declarar, en el último capítulo de la obra cuando Manuel confiesa ante aquél que era el hijo de cura Claro, en palabras inequívocas, “Usted lo ha dicho, don Manuel; ¡no culpemos a Dios, culpemos a las leyes inhumanas de los hombres que quitan el padre al hijo, el nido al ave, el tallo a la flor …!” (Matto, 178). Esas palabras son la esencia de la obra, que hasta que se practique la brutalidad en el nombre del Dios, en el nombre de las costumbres de la sociedad para perpetuar la hegemonía de una clase de la sociedad, estas torturas inhumanas seguirían ocurriendo con el motivo de arrollar el estrato débil de la sociedad independiente de la casta, el credo y la fe.
La obra también había enfocado sobre el latente feminismo que empezó a sembrarse en aquella sociedad aunque en una forma moderada, pero Matto era muy vociferante sobre este movimiento de feminismo tanto en su vida política como en su obra literaria. La postura de la sociedad dominada por varones representada por el pez gordo como Pancorbo que dijo a su esposa, “…las mujeres no deben mezclarse nunca en cosas de hombres, sino estar con la aguja, las calcetas y los tamalitos…’, pero doña Petronila insistió en la réplica, “ Sí, eso dicen los que para acallar la voz del corazón y del buen consejo echan a un diantre nuestras sanas prevenciones. ¡Acuérdate, Chapaco¡ -agregó con intención, golpeando la mesa con la palma de la mano, y salió haciendo una mueca desdeñosa.” (Matto, 24). Este diálogo por los personajes criado por la autora, pregona el adviento de los días cuando las mujeres denegarían a obedecer a sus esposos ciegamente como las seres humanas sordomudas. La autora señala a la aurora de una nueva edad en la que las mujeres, es decir la sección débil de la sociedad debería adquirir sus propios derechos.
Claudia González opina que “Una identidad que, según Clorinda Matto, debía integrar toda la realidad del Perú, por lo que debía considerar tanto la inclusión de los indígenas y de las mujeres como los requerimientos de la modernidad.” (web). La autora ha afirmado su creencia e ideología de Lucia y Fernando (Matto, 52) que se presenta por el diálogo por debajo:
- “Y volviendo a recordar al pobre Juan. ¿sabes, hija que ese indio me has despertado aún mayor interés después de su muerte¿ Dicen que los indos son ingratos, y Juan Yupanqui has muerto por gratitud.
- “Para mí no se ha extinguido en el Perú esa raza con principios de rectitud y nobleza, que caracterizó a los fundadores del imperio conquistado por Pizarro. Otra cosa es que todos los de la calaña de los notables de aquí hayan puesto al indio en la misma esfera de las bestias productoras.” – contestó Lucia.
Esta actitud de dibujar la trama de la autora manifiesta su convicción y su previsión sobre el futuro de su país. Creía que para fundir la “peruanización del Perú” o la identificación de la nación, tanto la excomunión de los indígenas como la exclusión de las mujeres (González, 1, 2) sería un enfoque negativo hacia el avance de su patria. Es muy obvio que la marginalización de una vasta sección de la población del país y rechazo de la contribución de las mujeres hacia el desarrollo del país y poner obstáculos en el progreso de susodichas secciones de la sociedad debería arrastrar el progreso de la nación hacia la conversión de la sociedad retrasada en una de la modernidad.
La inducción de la mujer en resolver los problemas de los indígenas se puede hallar desde el principio de la novela por sus promesas de Lucia para salvar la menesterosa familia de Yupanqui y más tarde su promesa a Martina para la libertad de Isidro Champi que fue implicado falsamente para ocultar la culpabilidad de Pancorbo y sus cómplices. En la totalidad de la perspectiva, que la autora enfatiza el papel de la mujer para restaurar los aspectos humanos y difundir la educación entre masas que en sus turnos pueden empujar su obligación de dar enseñanza a la gente común con el motivo de inculcar las ideas humanísticas recurriendo la vía de una sociedad libre de injusticia para que la posteridad pueda conseguir un mejor mundo. Según, Verónica Baltodano, Matto tenía “un deseo de incluir a la mujer como ejemplo de virtud, capaz de mejorar la realidad social y cultural en la que se inscribe la obra. Lucía, la principal figura femenina del texto, es la mujer con la habilidad de cambiar las instancias sociales, es la mujer educada y procedente de buena familia, es, finalmente el arquetipo matriarcal de Matto de Turner, único capaz, según la autora, de transformar la realidad injusta y adversa.” (web,13) y Lucia es el modelo idealizado que puede cumplir y realizar la gran misión visualizada por la autora.
Conclusión
Clorinda Matto de Turner ha tratado de presentar un problema crónico de las traumas de los indígenas del Perú, que asume la magnitud en su totalidad de un problema universal para los subalternos que por la ley de la naturaleza se los acepta como los seres inferiores entre los llamados pueblos avanzados. La autora en su obra clásica ha desenmascarado la hipocresía del mundo civilizado y ha condenado las acciones viciosas perpetradas por la autoridad de la ley y orden. Es la obra que también enseña los valores y las obligaciones de simpatía común entre seres humanos independientes de diferencias étnicas y razas y aboga la causa de las mujeres para su emancipación en una manera inequivocable.
Bibliografía
Matto de Turner, Clorinda, Introd. Aves sin nidos, Editorial de Cardo (2003).
February 9, 2017
Meza, Eddy Romero. El indio como el “Otro”. Representaciones y participación política indígena en los siglos XIX y XX. Hispanic American Historical Review (HAHR). P.p. 1
http://hahr-online.com/el-indio-como-el-otro-representaciones-y-participacion-politica-indigena-en-los-siglos-xix-y-xx/ (Accedí el 16 de junio del 2017).
… El indio como el “Otro”. Representaciones y participación política indígena en los siglos XIX y XX. Hispanic American Historical Review (HAHR). P.p. 1
http://hahr-online.com/el-indio-como-el-otro-representaciones-y-participacion-politica-indigena-en-los-siglos-xix-y-xx/ (Accedí el 16 de junio del 2017).
Maristas, San Luis. FORO: Los indígenas peruanos a fines del siglo XIX.
https://cienciassocialessanluismaristas.wordpress.com/2012/06/23/foro-los-indigenas-peruanos-a-fines-del-siglo-xix/ (Accedí el 06 de julio del 2017).
Ramos, Andrés Calderon. Denial of Coevalness as an Epistemic Injustice. Pp.5.
Oviedo, Juan Daniel Choque. ASPECTO ADMINISTRATIVO Y ECONÓMICO DEL VIRREINATO DEL PERÚ SU SITUACIÓN DESPUÉS DE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA
http://www.monografias.com/trabajos57/peru-siglo-xix/peru-siglo-xix2.shtml (Acedí el 17 de junio de 2017).
Meza, Eddy Romero. El indio como el “Otro”. Representaciones y participación política indígena en los siglos XIX y XX. Hispanic American Historical Review (HAHR). P.p. 2-3
http://hahr-online.com/el-indio-como-el-otro-representaciones-y-participacion-politica-indigena-en-los-siglos-xix-y-xx/ (Accedí el 16 de junio del 2017).
Simon,Treo. ANÁLISIS DE LA OBRA "AVES SIN NIDO". Pp.5.
http://obrasdificiles.blogspot.in/2012/05/analisis-de-la-obra-aves-sin-nido.html. (Acedí el 16 de junio del 2017).
JUICIO CRÍTICO: AVES SIN NIDO : [Este ensayo apareció con la primera edición de la novela, en 1889.] http://www.ensayistas.org/herbst/docu/gutierrez.htm (Accedí el 16 de junio del 22017)
…http://www.ensayistas.org/herbst/docu/gutierrez.htm (Accedí el 16 de junio del 22017)
…http://www.ensayistas.org/herbst/docu/gutierrez.htm (Accedí el 16 de junio del 22017)
Matto de Turner, Clorinda, Aves sin nidos, Editorial de Cardo (2003) pp. 4
… Aves sin nidos, Editorial de Cardo (2003) pp. 5
… Aves sin nidos, Editorial de Cardo (2003) pp 10
… Aves sin nidos, Editorial de Cardo (2003) pp 18
… Clorinda, Aves sin nidos, Editorial de Cardo (2003) pp 22
… Clorinda, Aves sin nidos, Editorial de Cardo (2003) pp, 178
González, Claudia. Aves sin nido: la militancia femenina entre la literatura y la política.
http://claumaliteka.blogspot.in/2011/12/aves-sin-nido-la-militancia-femenina.html (Accedí el 17 de junio de 2017).
Matto de Turner, Clorinda, Aves sin nidos, Editorial de Cardo (2003) pp,, 24,
Baltodano Verónica, La imagen de la mujer en Aves sin nido, de Clorinda Matto de Turner.
http://r.search.yahoo.com/_ylt=A2oKmMo_9WVZpWgAq27nHgx.;_ylu=X3oDMTByN2RnanRxBHNlYwNzcgRwb3MDMQRjb2xvA3NnMwR2dGlkAw--/RV=2/RE=1499882943/RO=10/RU=http%3a%2f%2fwww.revistas.una.ac.cr%2findex.php%2ftdna%2farticle%2fdownload%2f6084%2f6033/RK=1/RS=vb80IbcXqM0KkSjq3iLSmhjA1uo- (Accedí el 17 de junio de 2017.)
|