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Tres poemas
porEduardo Escalante

 

Frenesí digital

Se han apagado las llamadas, dónde estoy, quién soy ya
no sé más de mí. En el visor se aleja donde estuve, allí permanecí, aunque fuera un instante,
el wi-fi transporta por ondas invisibles la carga
digital momentáneamente atesorada. Golpeo tu ventana digital: soy yo. ¿Me reconoces?.
Al otro lado se escucha
¡que rompe cabezas has armado!
Un ring tone suena, clama clemencia, quiere ser escuchado.
Cuántos pixeles de máscaras pestañean como
luces pornográficas. Muestran lo que se ve y lo que se dice sin decirlo. Canturreos solipsistas acompañan el viaje.
Frenética revisión de imágenes es el resplandor en medio del vacío. Lo instantáneo borra oscurece lo que podría durar.
Nada más existe. No hay plazas con estatuas, la tierra ya no se conmueve,
jardines florecidos no son el paisaje. Ya no hay viejos que se retiran a contarse su pasado.
Viste, no estoy tan mal.
Los recuerdos son destellos
de la cámara.
El espejo recuerda el pasado, ahora doble espejo.
Te miras, me miran. Me veo verme. Sí, eres tú inapelablemente.
Tú, no desde la oscuridad, sino del espectáculo que se hace.
A lo mejor encuentro lo que quiero ser. No lo tuve, ahora lo puedo tener. Necesito un fragmento de mi existencia para detener lo que se desvanece en ritual interminable.
Cámara lúcida,
pretenciosa, a veces obscena por el detalle, punzas. Atestiguas el semblante,
dices que hay algo, allí donde no hay.
Uno a uno caen los retratos íntimos que colgaban de la pared de los secretos. Queda vacía. La prehistoria ha sido borrada. Con armadura digital se negocia el mundo desde lo visible.
San Agustín tenía razón, lo visible y la nada van de la mano con pasión perversa.
Palo extendido hasta el infinito y más allá, busca retrato con look gótico, el retrovisor recuerda: los objetos están más cerca de lo que parecen.
El mirarse y el que me miren, el nuevo leviatán. La mirada no porta vergüenza, no habitan monstruos interiores. No es necesario que me busques para verme, te hago verme.


A rajo abierto

las palabras  despertaron insolentes. 
 
         quieren potencia al infinito        un dedo derribe una cordillera
despejar si el paisaje no es el mismo en el verso
                                          adelante es atrás o arriba a orilla del lago         se reúnan mil amantes
oxidar el acero de madrugada   quieren de vuelta al jardinero de Tagore 
 
no quieren  habitar farsa  en mundo lleno  de ruido. 
 
Quieren de vuelta a los barcos con partida falsa o con grieta en el zapato  Si las flores brotan sentarse a                          esperar que se marchiten
para un beso de despedida
 
el cuerpo  se triza  ante de salir. 
 
Que sensación fractal   a roturas indecisas 
              un beso las calme colorear tres y medio universos     con la boca de un bebé  
                              después de amamantarlo
 
mis predecesores  eran sabios en las  letras,  comían textos,  los chupaban,  los besaban,  nada quedaba  de la sabia del árbol. 
 
Eran voces las que se escuchaban    vestidas para ceremonias
       el arte entreveraba su ritmo más allá y                los símbolos eran el deleite
                              la rareza era el cáliz del que beber
 
 
nómades  de hoy.
sensualidad digital un camino en el aire sin límites mensajes abigarrados en un solo dedo 
                                            que toca y vierte
           No deja huellas  deseo de arrancar del número de la calle donde se vive
 
 
 
dado a pensar  no resisten.  desprecio  apuñala  al que alza  sus dedos  de preguntas. 
 
todo un juguete que no tiene aroma   golpeteó a la pantalla    como tres toques para descifrar misterio que importa si se es          un durazno escuchando a un artista pop
 
 
sexo  les dejo  a los de amor  precario.  algo mata  al ser  que se conjuga.  de nuestro lado,  aunque pesadilla  sea,  quiero entender a  Gombromicz 
en su  Contra los poetas.  para nada  condena al exilo  al poema.
 
que tristezas hubieran pintado van Gogh y Gauguin
                          todos los jardines tienen los senderos al revés se vuelve a cantar que un corazón                    podría volverse blanco después de morir


 

Andamiaje

Una machi               me enseñó cómo
retornar de las sombras          desde eso que no se logró
los tambores sonaron   lejos    millas lejos   lejos
las estrellas estaban            demasiado esparcidas
quedé desgarrado     en el intento   abundancia de direcciones
hubo que terminar el día                 en sábanas anómalas
para que magia              fuera posible la noche quedó fatigada

zozobraron tantas palabras avancé lento
en algún momento         la nube dejó pasar una        gota de sol
parecía una dendrita con            demasiadas hilachas
Rulfo le hubiera dado                 textura y matices que yo no puedo
desconozco su fragancia anaranjada que pudiere
              /exprimir mi intelecto
sólo espasmos triviales no se podrían respirar
me quedaría sin espectadores           aunque Neruda venga en ayuda.
no basta condición amerindia para que la alfombra léxica
            /cobre voz aliada
Lo dejo a la potencia del infinito          observo de otra orilla
No vaya a ser que me oxide                 en lo para mi dispuesto
un punto en un espacio            grande con una pluma que canta
con intento de pintar         las muertes que no he visto
ahuyentando a los pájaros       del mar que andan revoltosos
pueden hacer de todo alquitrán             mi lengua quede trabada
          /con mis ojos mirando a ningún lado y la poca ambrosía quede ilógica
Tengo que dejar que una paloma baile     con sus atuendos elegantes
Para poder zurcir unas tribulaciones         que imán del centro de la tierra
atrae y los ojos pueden       no ver porque estén llenos de lágrimas
Queda tanto que colorear                       no sé si tendré suficiente tinta
Aunque los siglos siempre                      terminan goteando.
agua cristalina   enciende al verso           navega con sus dos remos
          /nada bloqueando
Los secretos se desnudan                       sin vergüenza alguna
los canto por las noches                      para mi mismo primero
certeza para quien encuentre              cada línea de esta sensibilidad versada.


 


© Eduardo Escalante.   

77ariadna