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Teresa Herrera
porFélix Luis Viera

 

Cuando los desagües, las coladeras de la colonia Del Valle se tapan abruptamente, no es la lluvia la causante, es que Teresa Herrera está teniendo un orgasmo. Cuando, de pronto, las campanas de las iglesias de la colonia Del Valle repican a todo vuelo, como si anunciasen el fin de los combates fratricidas, lo que sucede simplemente es que Teresa Herrera se está tocando los senos. Cuando las escuelas de la colonia Del Valle se detienen y los niños se suben a los árboles y, olvidados de los maestros, entonan el madrigal de los Arcángeles, sólo ocurre que Teresa Herrera, su voz, está dialogando con el espejo. Si en el amanecer un irresistible olor a jazmín se escancia en los rieles del Metro, no es nada grave, es simplemente que anoche Teresa Herrera ha dejado su sexo desnudo bajo el rocío.

 

Ciudad de México, verano de 1998.
Del poemario "La patria es una naranja" (Ediciones 2010, 2011, 2013)

 


©Félix Luis Viera

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