Una vida con significado
por Walter Aquino
Ayer por la mañana, dejé de pensarlo tanto y me levanté de la cama. La primera palabra que escupí fue: ¡Maldición! Porque tres veces había soñado que me despertaba y caminaba hacia el baño, que giraba la perilla de la regadera y dejaba caer el agua sobre mí cuerpo con tranquilidad. Claro, solo en sueños es tan fácil levantarme temprano, caminar, bañarme, y todas esas cosas molestas que uno debe hacer a diario. Por lo normal dejo caer el agua varios minutos antes de mojarme el primer tramito de piel recién amanecida, a veces pierdo tiempo masturbándome -lo admito-, pero casi nunca culmino en eyaculación. A veces me quedo leyendo alguna de las revistas que hay en el estante sobre el inodoro o me quedo simplemente sentado como rey dormido en su trono de porcelana.
Lo cierto era, que otra vez llegaría tarde al trabajo ¡¿Por qué diablos me cuesta tanto sacar de la cama mis ciento ochenta libras de carne?! ¿Por qué me cuesta tanto todo? Despertar temprano, cepillarme los dientes, sonreír, ser amable, comer menos, incluso tocarme. Pensaba todo esto en esa caustica mañana mientras hojeaba una vieja revista sobre los viajes de Marco Polo, eso sí que era vivir, viajar durante años pasando de un país a otro, conociendo hermosas tierras en una época donde existía el misterio y la aventura. No este remedo de existencia que sostengo entre mi piel y mis huesos, esta rutina en que debo madrugar para llegar a un trabajo, que posiblemente será el mismo toda la vida, condenado sin redención a vivir en la misma ciudad y a ver el mismo paisaje exasperante día tras día sin poderlo evitar. Si solo pudiera dejarlo todo e irme ¿Hasta dónde llegaría?, me preguntaba. Caminaba hacia la parada de buses pensando en lo drogado que deseaba estar para no seguir reflexionando sobre la rutina que me aguardaba inexorable ¿Cuántas veces había bajado esta misma cuesta antes? Sin pensar en nada, solo mirando el continuo del negro asfalto tragándose mis pasos o mirando al frente, a la salida de la calle que desemboca en carretera, donde corren esas bestias de metal que me transportan a mi diaria tortura.
¿Desde qué momento cobraba importancia mi día? ¿Cuando llegaba a mi cubículo y comenzaba a digitar toda esa farsa de documentación jurídica? ¿O al final de la jornada cuando con suerte lograba emborracharme lo suficiente como para inhibir con somnolencia el inexpugnable vacio? ¿Cuándo iba a comenzar a vivir de veras? Esas y otras, eran las molestas preguntas que ya no quería hacerme más.
No estamos conscientes todo el tiempo de lo que hacemos. La consciencia y la percepción de las acciones suceden en repentinos episodios de lucidez.
Subí al autobús y estaba como siempre, repleto de cuerpos de todos los tamaños y humedades, pasé en medio de la gente y llegue hasta el final de esa tragedia matutina. Al igual que yo, toda esa gente no tenía idea alguna de lo que es importante. Seguro su ideal de superación implicaba, estudiar o trabajar, hacer dinero de alguna manera, otros creerían que su estado actual era momentáneo y que de alguna forma que no tienen del todo clara se iría arreglando; otros quizás no pensaban en el mañana, sino solo en la ganancia de ahora. Todas esas personas eran de seguro de las que quieren sentir que el día vale la pena y que por insignificante que sea existe la alegría, porque el resto de sus vidas necesariamente debe ir mejorando o al menos manteniendo la estabilidad, sino para qué diablos despertar, bañarse, comer, trabajar, llorar, tener un gato o una tortuga, decir buenos días, discutir, usted disculpe, amen partirse el lomo, ¿Para qué? Yo no podía ni puedo pensar en ninguna de esas maneras, creo que soy un ser demasiado instintivo y un amargado por antonomasia.
Necesitaba dejar de preocuparme tanto por lo que la gente pensaba, por lo que yo pensaba, necesitaba olvidarme de todo un instante por lo que bajé rápidamente del autobús cuando llegué a mi parada. Me detuve en una esquina y encendí un cigarrillo. Había tenido sinusitis durante casi dos semanas y no debía fumar porque estaba muy podrido ya de la nariz, pero qué más daba, estaba consciente de las consecuencias y eran un asco. Terminé de fumar y me percaté que por unos segundos, por unos placenteros segundos, había quedado en blanco, no había pensado en nada por un momento. Mientras fumaba, dio igual si yo era un poste o un saco de naranjas en la esquina de un mercado. Me encontré de repente allí, caminando hacia mi oficina. Todo me parecía tan extraño en momentos como ese, y era hermoso.
Llegue media hora tarde y no me importaba, a nadie le importaba. Me preguntaba ¿Cómo había generado este trato, ese acuerdo tácito entre mi jefa y yo, entre mis compañeros y yo? ¿Por qué nadie me decía nada, por qué nadie informaba a recursos humanos sobre mi impuntualidad?
Me dispuse a andar por los pasillos repartiendo buenos días forzados para perder el tiempo, al menos por media hora. La mayoría de personas sabían que no conseguirían nada bueno al acercarse a mí y creo que por eso me evitaban. Era mejor así, me aburro rápido de la gente y me alejo de ellos sin advertencia, pregúntenle a mis ex novias. A pesar de eso hay personas insistentes que han llegado a quererme, pero no los compadezco, yo también a veces los quiero.
Recordé -entrada la mañana- que debía conseguir dinero pronto para pagar la Universidad. Iba a tener que menear rápido la polla de ese viejo de nuevo. Tenía que prostituirme de vez en cuando, mi sueldo se me iba todo en deudas. ¡Diablos! eran cien dólares seguros, cien asquerosos billetes.
Debía hacer la cita para el siguiente día.
***
He llegado al bar donde me he citado con ese viejo culero, estoy sólo y bebo el primer litro de cerveza. Fumo de nuevo, no debería fumar... Debo pagar la universidad… ¿Debería alguien quererme por lo que soy?... ¿Seré capaz de querer de verdad a alguien? No lo quiero ni pensar. Lo que hago me importa poco. Siempre me las arreglo para cumplir aunque sea tarde con lo que se supone que debo hacer. En verdad no me importa nadie, yo hubiese viajado sólo desde Venecia hasta China. Yo hubiese llegado hasta Nueva Zelanda.
Me importa mi libertad, creo que es lo único que de veras me importa. Yo solía planear delitos antes de dormir. Pensaba en lo que era necesario para secuestrar a alguien, lo que era necesario para un robo, para una violación, para un homicidio perfecto. Nunca encontré valor para ser un delincuente, pero tampoco lo encuentro para ser un ciudadano normal. No quiero irme preso por una estupidez o por un impulso ¿Les pasará a todos lo que a mí? ¿Se sentirán todos tan mal todo el tiempo con cientos de preguntas acosándolos?, ¿Querrán todos alejarse unos de otros y sentir tranquilidad y silencio? Lo dudo.
Ahora la calle me parece un pasillo de borrosas paredes. Sé donde estoy, pero mi vista no está atenta a diferenciar las formas, es como ir impulsado por una fuerza que no puedo controlar, sólo paso de largo entre lo que sea que me rodea. Recupero la vista hasta que llego a la parada del autobús. Me pregunto hasta cuando seguirá esto. Hasta cuando recordare los días pasados como una imagen de mí borracho, viendo por la ventana de un coche polarizado mientras le jalo la verga a un viejo maricón. Demasiados momentos sin significado, demasiado tiempo sin significado ¿Es que no hay nada más?
***
Me da pánico pensar en cortarme las venas. Me estremece la idea. Pero tengo que hacer algo, si sigo con esta puta rutina nada mejorará. No sé qué significa para mí mejorar ¿Morir sin dolor, sin percatarme siquiera? Nunca han sido mis ambiciones las del resto. Debo seguro hallar mis propios deseos. ¿Y si no son realizables? Ya es muy tarde. Es la última vez que recurro a ese viejo cerdo, ¡maldición, maldición! Resuenan con fuerza los pasos de alguien, estas noches están siempre llenas de miedo, de remordimientos y suciedad.
Mañana será mejor, mañana, no, pasado mañana, no, la otra semana, no, nunca, Nunca será mejor y seré como esa gente en los autobuses de la mañana que buscan alegrías mínimas entre las tragedias del día. Yo buscaré, buscaré también fantasías a qué aferrarme, una para despertar, una para bañarme, una para desayunar, una para trabajar, una para esos pasos aterradores que se acercan, y una para olvidarlo todo esta noche.
|