Épica de raíles
Verónica Aranda
Premio internacional de Poesía Miguel Hernández
Comunidad Valenciana 2016
Torrejón de la Calzada, Devenir, 2016
por Álvaro Muñoz Robledano
Lo que va del viaje al verso: lo que tiene un trayecto de rasgo poemático, el sentido que puede albergar la distancia, no regresar tras no haber llegado… el poemario que refleja un periplo, o que da cuenta de las diversas etapas de los muchos periplos a los que nos entregamos, es un subgénero arraigado en la poesía; un subgénero del que no me canso a pesar de las ganas de quedarme en casa que muchos de ellos han despertado en mí. Quién escribe acerca de la lejanía ha de saber detenerse, ignorar los diversos acentos y los kilómetros que puedan separarlos. Porque puede sonar a tópico, pero en cada momento del viaje no encontramos sino versiones distintas de nosotros mismos, quizás porque no somos más que el calor, la humedad o el crepúsculo que nos asaltan.
La versión de Verónica Aranda que podemos leer en este poemario está cargada de contemplación y de inquietud. Cada poema que lo conforma recuerda a un muelle en perfecta tensión, dispuesto para expandirse en cuanto reciba el toque preciso, pero ese toque no ha de llegar, porque el poema vive en y para tal tensión, para ser leído una y otra vez y sorprenderse por la profundidad a la que llega a sondear sin recurrir a golpes de efecto, sin enervar el tono, sin regodearse en lo patético. Épica de raíles precisa el exterior, porque está hecho de olores y temperaturas que no nos pertenecen, porque su altura no puede encerrarse, porque la poeta Verónica Aranda ha sabido encontrarse con otros y acechar su propia voz en ellos.
No, esta vez npo me voy a quedar en casa. Hay poemas que incitan a respirar en todos y cada uno de los lugares a los que podamos acceder. Poemas que ya estaban allí-
© A.M.R.
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