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Cinco Poemas
porDavid Roca Vergara


 

Lodo

Si el asfalto tuviera
la suavidad de un beso,
sería bueno acariciar su piel,
pero la noche ofrece solamente
muros de muerte oscura.
No importa. En mis manos siento la fina
tela de una araña, y es agradable.

Al fondo de la noche
se esconden las certezas de otra vida:
la basura en los barrios de arrabal;
sí, donde las venas de sangre muerta;
sí, donde las medias de niña vieja.

Atravieso la calle,
la calle siempre sucia,
y en los charcos de lluvia que no lava
se refleja mi cara de pingajo.
Cada farola es un reflector que arde
en mi huida hacia la noche redentora.
Pero el lodo, este lodo que se adhiere
a mis zapatos como mujer puta,
me impide ver el cielo,
la luz de las estrellas.

El vacío de la noche es tiniebla
en el corazón del muerto,
locura en la insatisfacción del cuerdo;
pero yo huelo la fría
esencia del fantasma,
la seca escarcha del amanecer
y la derrota helada.

 

Sospecha

La luz reaparece
en la noche más oscura del tiempo,
y yo estoy sentado en algún lugar
ovillando recuerdos.
El suelo bajo mis pies espejea
como el alma de un muerto
y el cielo arroja esputos
de sangre suavizada por el llanto.
Al acabar la jornada pensamos
en la muerte de las horas como algo
en lo que hay que pensar o suicidarse,
pero nos equivocamos. La luz
reaparece siempre
en las noches más oscuras, cuando uno
rescata recuerdos como ahogados
en las redes rotas de la memoria.
Con un poco de suerte,
alcanzaré la sombra de las cosas
que se pierden en la noche. Esta luz
autonacida en las umbrías cuencas
de los ojos de la muerte ilumina
mi camino, y sospecho
que algo se esconde tras el engañoso
límite de los cuerpos.

 

Tormenta estival

Las noches de verano,
la puerta y la ventana de mi cuarto
están abiertas. Algo espera fuera.
Las estrellas exhalan
su luz en vaharadas indecisas,
y las sombras ariscas
ora se camuflan, ora se muestran.
El trueno retumbante
traerá la lluvia a los campos yertos
de sal y azufre, mas no traerá
la vida que se olvida.

 

El río

Discurre este día por sus orillas
mientras navego en vilo
las horas maliciosas de tu cuerpo.
Gredal abierto a picnics y campistas,
disfruto del retiro del idiota.

Los peces se alojan naturalmente
en tu vientre como vórtice hambriento
que busca el infinito,
pero tu lecho es severo maestro
y no admite la vida
más allá de tus riberas. Alcanzo
el reflejo de luna
y bebo en su remanso.
La leche de penumbra
me recuerda el agravio
de tantas madrugadas,
el cariño roto en la geometría
de tu espalda, meandro
vertiginoso, trance
que ahoga una vida de olas y adioses.

El desvelo del agua
se adueña de la carne
y teje en la memoria
olvido de ahogados,
pero es tan largo tu cuerpo y sinuoso,
que lo que era salabre de la muerte
es delta fecundísimo.

 

Claroscuro

Un beso oscuro como la ceniza
que vuela en el iris de un ojo muerto.
Un beso que confunda
a las parcas en su juego de dados.
Sea éste el primer paso
de luz en el ramaje de tinieblas
y negrura. Atravesando la piel
porosa de las sombras,
exprimamos un zumo de designios,
abramos las ventanas a la vida.

Largos años marchamos como ciegos,
con los ojos velados por los clavos
de la muerte. Entonces en nuestra vida
eran frecuentes los encuentros sórdidos
en el arrabal, cuando la total
oscuridad antecedía al alba.

La luna se alojó en nuestras entrañas
como ave carroñera,
haciendo de nuestro cuerpo una caja,
un ataúd de gusanos hambrientos.
La noche nos proporcionó las vendas
harapientas de Lázaro,
y la hoguera germinó en nuestros ojos
nublados por la fiebre.

Ahora la Divina Providencia
nos enseña el sendero de la dicha,
y es bueno saber que no hay otra vía.
La vida es un alfabeto de tiza
que hay que ordenar para luego borrar.
Si encuentras la palabra
amor, las rimas izarán las velas.

 

 


© David Roca Vergara.
Mi nombre es David Roca Vergara y vivo en un pueblecito de la provincia de A Coruña llamado Valdoviño, donde nací en el año 1979. Cursé estudios de filología hispánica, si bien abandoné la carrera después del primer año. Algunos poemas de mi primer poemario, Huellas de la vida, inédito, han aparecido en la Revista Almiar. Los que aquí se publican pertenecen a mi segundo poemario, Acércate a la luz, también inédito.

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