í n d i c e  d e l  n ú m e r o

 

Disturbios
Javier Gallego Sastre

Logroño, Siníndice, 2014

por Álvaro Muñoz Robledano



 


 

Los libros no siempre llegan a nuestras manos cuando nos lo merecemos; tampoco cuando ellos lo merecen. He conocido Disturbios tarde, y gracias a una carambola cercana al absurdo; una carambola afortunada. Vaya por delante que los supuestos teóricos de los que parte la escritura de Javier Gallego están muy lejos de los que yo defiendo y en los que me aplico. Lo cual, si lo pienso un poco, no quiere decir nada, O quiere decir que nunca he aceptado la estrechez de miras, tan arraigada por estos barrios, que nos lleva a elegir entre Joselito o Belmonte, entre el mar y la montaña, entre el Madrid o el Atleti, y convertir esa elección en razón de vida y de agresión al otro. En estos terrenos nuestros, las últimas disputas han tenido lugar, y todavía colean, entre los poetas de la experiencia y los de silencio (o de la otra sensibilidad). En el primer grupo encontramos a chavalillos imberbes que no saben abrir una puerta pero que ya llevan su dietario a cuestas, En el segundo abundan los chamanes de saldo que, en nombre del silencio, no se callan ni bajo el agua. La guerra siempre es la misma. No ha cambiado desde la clerecía y la juglaría. Poesía hacia dentro o hacia el exterior, activismo o contemplación, salón o callejón… lo único que me preocupa de este espectáculo sordo y sórdido es encontrar a los poetas que pululan por los márgenes de los listados (sinceramente, pocos hallo en los listados oficiales). Y, mira por donde, una carambola cercana al absurdo me coloca frente a un poemario que es puro realismo sucio, esencia de  Bukowski y en deuda innegable con ´Roger Wolfe. Quizás los condimentos justos para que yo rechace el plato, Pero no seré yo quien deje de probar una comida por prejuicio.

Creo, sinceramente, que Disturbios es, ante todo, un viaje a través de la ironía. Ironía a partir de un discurso conocido, preponderante en muchos aspectos de nuestra sociedad, aunque no muy arraigado en nuestro ritmo vital. La antiutopía del desarraigo, de la lucidez en la derrota y en el abandono forzoso de las pautas sociales (la alienación, hablando en plata) no tiene cabida en un contexto en el que nos han hipotecado hasta en parcelas de nuestra vida que creíamos a salvo de los depredadores; un contexto de sumisión forzosa, constante y sin pausa, En estas condiciones, no hay lugar para manifestaciones de contracultura. Cualquier acción de cultura, cualquiera, lo es, necesariamente, de resistencia. Creo, con roda sinceridad, que Javier Gallego parte de una premisa semejante para mostrar en poemas breves, malhablados, explícitos y certeros, el envés de ese sinsentido que tomamos por vida de diario. Un envés en el que se ha grabado la imposible defensa del débil ante su debilidad, el sarcasmo insuficiente del que vuelve a casa para encontrar eso, su casa; las deudas no satisfechas y los momentos de valor que no pasan de ser imaginarios. El entramado de sus poemas es conocido por todos; lo tenemos al lado constantemente, en el bar, en el autobús, en la cama o en el cuarto de baño. La ironía de Javier Gallego hace que sus bravatas tengan un retrogusto de lágrima, de temblor. El enfrentamiento del personaje con la consciencia de su indefensión recuerda al niño que increpa a los monstruos de la oscuridad. Esa tirantez entre la sedición  y la rendición consiguen dar el salto al poema, impregnar lo escrito con esa pátina de textura carnosa y lacerante a un tiempo que llamamos poesía. De la experiencia, si así lo quieren, porque ninguno estamos a salvo de lo que estas páginas soportan. O del silencio, si prefieren tal denominación, porque en presentes como el nos ha tocado en el presente, duele que haya que decir palabras que cualquier día de estos pueden resultar ilegales. Muy constitucional y regeneradoramente hablando, por supuesto.

 

© A.M.R.

 

©Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000), "Salvoconductos" (2006) ganador del III Premio Café MOn. Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003) y "Notas para un tratado de botánica de la oscuridad" (2007) junto a Pedro Díaz Del Castillo.

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