í n d i c e  d e l  n ú m e r o

 

REESCRIBIR LO
(RE)ESCRITO

Sobre la intertextualidad en la poesía de Ángel González

por MARIO GARCÍA MORA


«Todo está dicho y hemos llegado demasiado tarde»
Jean de La Bruyère

«No sé si somos conscientes de que escribir es reescribir, volver a decir lo ya dicho por otros, presentándolo bajo una luz nueva, añadiendo tal vez un inflexión, un tono de voz único, inconfundible, que en algunos casos merece la pena ser oído»
Ángel González

 
Ángel González fue un poeta sincero (o eso me ha parecido siempre), y los poetas sinceros tienen la ventaja de poder fingir cuanto les plazca sin que sus lectores desconfíen de ellos. Él mismo lo dejaba claro: “El poeta es un fingidor. Del mismo modo que un cantante necesita impostar su voz –desnaturalizarla, falsificarla–, el poeta debe situar la suya […] en una tesitura que no es natural” (González, 1997:75).

La elección de la cita que abre este texto se debe, básicamente, a dos pretensiones y un motivo. Pretendo con ella, por un lado, despertar en el lector el sentimiento de franqueza que inevitablemente transmiten las palabras del escritor asturiano y, por otro lado, introducir de una manera comprensible el tema que se tratará a lo largo de estas páginas: la escritura como acto de repetición, de reescritura. El motivo es bastante obvio: quién mejor que el propio autor puede conocer y resumir una idea presente en su obra; quién mejor que Ángel González para introducir un estudio sobre la poesía de Ángel González. Para traducir las palabras del poeta a un lenguaje más técnico o correcto –para quien guste de llamarlo así–, aclarar que esta característica de la escritura de la que habla la cita ha sido tratada en numerosos trabajos académicos y bautizada bajo nombres muy diversos. En este estudio se adoptará el término “intertextualidad”, el más comúnmente aceptado hoy en día para aquello a lo que la cita hace referencia: la inevitable presencia en un texto de otros textos anteriores (ante la imposibilidad de escribir algo sobre lo que nunca antes se haya escrito). El objetivo es analizar las referencias a textos de otros autores presentes en la poesía de Ángel González, así como la influencia que estos ejercen en los versos del poeta asturiano. Para ello, creo necesario hacer un breve recorrido previo por las definiciones del término propuestas por diferentes teóricos de la lengua y la literatura.

Para acercarnos al concepto y su vertiente más literaria, es indispensable conocer su nacimiento y su evolución más representativa en el ámbito de la investigación académica, desde las primeras nociones hasta sus adaptaciones relativamente recientes. Ante la interminable lista de publicaciones sobre el tema, el corpus teórico en el que se sustentarán estas páginas lo forman aquellas obras que han obtenido un mayor reconocimiento internacional –en un primer acercamiento a la teoría– y nacional, conforme nos adentremos en los estudios que mejor se ajusten a la obra a la que se quieren aplicar.

La noción inicial de intertextualidad ha de buscarse en la teoría literaria de Mijaíl Bajtín, en la que se concibe la novela (utilizando como demostrativo las novelas de François Rebelais, Jonathan Swift y Fiódor Dostoyevski) como una polifonía textual en la que se establecen relaciones de diálogo entre ideas y palabras ajenas presentes en dos o varios textos. Marta B. Ferrari define, en un artículo que trata el mismo tema que aquí nos concierne, el pensamiento de Bajtín relativo a la intertextualidad con las siguientes palabras:

En la medida en que todo autor ha sido antes lector de otros textos que conserva en su memoria en el momento de producir el suyo, necesariamente establece con todos ellos una relación dialógica, por lo que, en todo discurso no oímos solamente la voz del autor, sino una pluralidad de voces superpuestas (2015: 85).

El origen del término ya bautizado como tal suele atribuírsele a Julia Kristeva y su reconocido artículo Bajtin, la palabra, el diálogo y la novela, en el que pretendía acercar el pensamiento dialógico del teórico ruso a las academias europeas. La principal diferencia o novedad en los planteamientos de Kristeva radica en el hecho de que Bajtín negaba la intertextualidad en el lenguaje poético mientras que la teórica búlgara acentúa precisamente la predisposición de la poesía a ser afectada por lo que reconocidos estudiosos de la literatura han llamado “juegos intertextuales” (Debicki, 1988:169). Dentro del artículo, se utiliza por primera vez la palabra “intertextualidad” en la siguiente cita:

Un descubrimiento que Bajtín es el primero en introducir en la teoría literaria: todo texto se construye como un mosaico de citas, todo texto es absorción y transformación de otro texto. En el lugar de la noción de intersubjetividad se instala la de intertextualidad, y el lenguaje se lee, por lo menos, como doble (Kristeva, 1978: 198). 4
 
Llegados a este punto encontramos una evolución cada vez más restrictiva y específica del término expuesta por diferentes teóricos de renombre. En este caso, será Gerard Genette el que, partiendo de las definiciones de Kristeva, desarrolle y de al concepto un matiz adecuado para este estudio. En su libro Palimpsestos: la literatura en segunda grado (1989) se define la intertextualidad “como una relación de copresencia entre dos o más textos” y se establecen tres grandes grupos de relaciones intertextuales: empezando por la más “explícita y literal”, la cita clásica entre comillas; en una forma “menos explícita y canónica” encontramos el plagio, considerado por Genette “una copia no declarada pero literal”; y por último, la alusión, “un enunciado cuya plena comprensión supone la percepción de su relación con otro enunciado al que remite necesariamente”.

Una vez sentadas estas bases teóricas, creo apropiado exponer las aclaraciones propuestas por teóricos más cercanos en el tiempo a nosotros y a nuestro contexto. Graciela Reyes nos ofrece una definición que, a mi juicio, normaliza la aplicación del concepto y facilita su entendimiento:

La obra literaria por sí misma se constituye como ejercicio de intertextualidad. El carácter citativo del discurso es manifestación de uno de los rasgos fundamentales de los sistemas semiológicos: la posibilidad necesaria de que un signo pueda repetirse, la iterabilidad (1984: 35).

Siguiendo en la misma línea ideológica, y acercándonos mucho al sentido con el que aparece la intertextualidad en Ángel González, José Enrique Martínez explica en su libro La intertextualidad literaria que “cualquier texto previo puede ser utilizado en la producción de un nuevo texto”, sin que esto pueda extrañar al lector, pues “entra dentro de la práctica lógica del uso alusivo de textos conocidos para facilitar la interacción comunicativa con el lector” (2001: 40). Por último, suponiendo que el lector ya se ha formado una idea apropiada del cariz al que en estas páginas se acogerá el concepto de intertextualidad, considerar también la idea de Harold Bloom, relacionada con la visión de la escritura como un acto de iterabilidad, según la cual un poeta no puede ser ya un ego autónomo y aislado, sino “un ser atrapado en una relación dialéctica con otro u otros poetas” (1991: 63).

A partir de esta idea cobran sentido pleno los tres poemas de Ángel González a los que se aplicará la teoría intertextual: “A veces”, “Glosas a Heráclito” y “Poética Nº4”. Todos ellos están presentes en el anexo de este trabajo y citadas sus obras en la bibliografía, por lo que sería adecuado, para una mayor comprensión de sus respectivos análisis, leer los poemas al completo. No obstante, el fin de este estudio no es la descripción de los textos ni su acercamiento al lector sino la observación de las relaciones intertextuales presentes en ellos.

El primer poema fue publicado en Breves acotaciones para una bibliografía. A lo largo de sus catorce versos, el poeta establece una símil entre la escritura y el placer sexual (“Escribir un poema se parece a un orgasmo”). Las imágenes alegóricas presentes en cada verso se utilizan con el fin de reforzar esta comparación y despertar en el lector este sentido erótico de la poesía: “manoseo las palabras/ muerdo sus senos”. Sin embargo, respetando la evolución del poema y la equiparación de ambos términos, el yo poético se sincera: para las dos partes de la comparación, el resultado no siempre es el esperado, pues hay veces en que “[…] pese a todo, ved: / ¡no pasa nada!”). Es en este momento (v.12) en el que aparece el juego intertextual, la presencia de una voz ajena a la del escritor. En esta ocasión, Ángel González declara abiertamente el autor del texto al que hace referencia e incluso destaca entre comillas el préstamo literario: “Lo expresaba muy bien César Vallejo: “lo digo y no me corro””.

En realidad, la frase no es textual si no una paráfrasis de una parte del tercer verso del poema “Piedra negra sobre una piedra blanca”, que dice así: “Me moriré en París –y no me corro– / talvez un jueves, como es hoy, de otoño”. Tampoco el significado de la expresión es equivalente en ambos contextos. César Vallejo utiliza la expresión “no correrse” como sinónimo de no tener miedo o no escapar de algo o alguien. La expresión es típica de Perú (donde nació el escritor) y otros países de Sudamérica. El poeta asturiano, en cambio, recurre al verso de Vallejo descontextualizándolo y dándole a la expresión un sentido nuevo –sin tampoco dejar de lado el sentido original. Con esto, González otorga al verso un doble sentido metafórico que alude al sentido primero de la expresión mezclándolo con el significado que le damos en nuestro país al verbo “correrse”, sinónimo de “eyacular”.

Pese al matiz nuevo que la frase adquiere en el poema de Ángel González (recordemos las palabras del escritor que abren este estudio), la repetición, la alusión al tercer verso de “Piedra negra sobre una piedra blanca” es obvia para cualquier lector incluso sin haber leído el poema del escritor peruano. Estamos, por tanto, ante uno de los juegos citativos que hacen de la intertextualidad un hecho imprescindible para el completo entendimiento del poema. Dentro de las tres grandes categorías expuestas por Genette la mención al verso de Vallejo se consideraría una cita clásica, ya que aparece entre comillas y expuesta de manera totalmente franca, sin ninguna intención de apropiación sino como tributo. Además, el hecho de referirse a una obra ajena da pie a que el lector vaya más allá del propio texto, abre una comunicación que trasciende el poema, que no puede encerrarse en ese sólo verso. En este caso, dándonos el nombre del autor de la cita, se nos facilita la búsqueda del texto original; el propio Ángel González pretende una complicidad con el público que de ninguna otra manera podría ser tan profunda, pues llega incluso a manifestarse fuera de su obra. Vemos, pues, en este primer ejemplo, como el poema “A veces” se cimienta sobre una referencia intertextual sin la cual no tendría sentido el resto del texto. La intertextualidad aparece, en consecuencia, como pilar fundamental del edificio poético.

En el segundo poema a tratar ocurre algo muy parecido. El texto fue publicado en Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan (1976), y su propio título –“Glosas a Heráclito”– nos anticipa el carácter alusivo del texto. Una glosa es una aclaración, explicación o comentario sobre otro texto. En este caso, es obvia la referencia al conocido filósofo (a su pensamiento). El poema está subdividido en tres apartados breves en los que Ángel González expone una serie de versos (podrían considerarse aforismos) que se basan en una de las afirmaciones más populares atribuidas a Heráclito y que se relaciona con su pensamiento. La frase, traducida literalmente al castellano, dice algo así: “Nadie se baña en el río dos veces porque todo cambia en el río y en el que se baña”. Dentro de los pensamientos del filósofo, nacido cuatro siglos antes de Cristo, encontramos la idea de que en el mundo nada es estático, nada permanece y todo está en continuo cambio y movimiento, de ahí el sentido de la frase: tanto el río como la persona habrán cambiado cuando vuelvan a encontrarse.

Ángel González caricaturiza, de alguna manera, estos pensamientos. No con la intención de menospreciarlos sino de una manera irónica que servirá para introducir la crítica social en una sentencia que, en principio, estaba lejos de este significado. La primera y la segunda parte del poema van de la mano. En la primera se desmiente, de manera sarcástica, la frase de Heráclito: “Nadie se baña dos veces en el mismo río. / Excepto los muy pobres”. En la segunda se parte de esta deformación consciente y socarrona para darle la vuelta a la frase y convertirla en una crítica punzante: “los multimillonarios: / nunca se bañan dos veces en el mismo / traje de baño”. La conexión entre un verso y el otro es evidente, uno conlleva el otro y sin uno no tendría sentido el otro, pero tampoco es el deber de este trabajo entrar en una discusión de carácter político y social: el lector sabrá apreciar la dureza de la afirmación y la inteligencia que se esconde tras la aparente sencillez de las palabras. Por último, la tercer parte del poema se subtitula con el enunciado “Traducción al chino”, y termina de deformar la expresión de Heráclito para hacer referencia a un problema político contemporáneo a la escritura del poema: la revolución china. La crítica es tan agresiva como la anterior: “Nadie se mete dos veces en el mismo lío. / (Excepto los marxistas-leninistas)”. De nuevo, no sería adecuado comentar aquí el carácter político del poema, sino la transformación que sufre la frase inicial, la habilidad y la astucia del juego poético, que utiliza la referencia intertextual para llegar a una conclusión propia.

En esta ocasión, la intertextualidad se muestra, de nuevo, a través de una alusión bastante obvia. De hecho, la frase es utilizada en un principio sin verse prácticamente sometida a variaciones y el nombre del autor es incluso nombrado en el título. No obstante, en ningún momento aparece remarcada entre comillas, por lo que podríamos considerar la referencia como una expresión a medio camino entre la cita clásica y la alusión. Volvemos a ver como el poema de Ángel González nace en el enunciado de Heráclito: en este caso, el pensamiento del filósofo es la semilla que da lugar a la flor en la que el poeta español se inspirará a la hora de sembrar semillas nuevas, es decir, que el pensamiento del filósofo dio lugar a un texto original que es tomado miles de años después por otro escritor con el fin de (re)escribir un texto nuevo. La intertextualidad vuelve a ser la herramienta clave, pues sin el carácter referencial de los versos el poema perdería totalmente su significado.

Para terminar este análisis, solo nos queda repasar el poema “Poética nº4”. Seguramente sea el caso más obvio a la vez que menos explícito. El primer verso remitirá, inevitablemente, a cualquier amante de la poesía española, al final de esa rima becqueriana mundialmente conocida y repetida hasta la saciedad: “Poesía eres tú”. En esta ocasión Ángel González inicia el poema recurriendo al juego intertextual, como apertura. En ningún momento se cita el nombre del autor del verso ni este aparece entre comillas; de hecho, si el lector no ha leído las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer (concretamente la Rima XXI, quizás la más extendida) puede no identificar la referencia, por lo que el poema en su conjunto le resultará, quizás, falto de un sentido preciso. Bécquer escribió este verso, por el contrario, como cierre a un poema breve, como contestación a la pregunta que el primer verso del poema formula: “¿Qué es poesía?”. En realidad, el poeta post-romántico apelaba a una mujer cuando respondía a la pregunta con el pronombre “tú”. Lo que hace Ángel González, a partir de esa referencia, es, como en el caso anterior, darle la vuelta al verso y otorgarle un sentido nuevo. “Poesía eres tú”, dice, abriendo el poema, y sigue, dando una pista de la alusión que tras estas primeras palabras se esconde: “dijo un poeta”. En seguida, en el verso siguiente, el asturiano se encarga de establecer un distanciamiento: “–y esa vez era cierto–“(“esa vez”: ¿entendemos, por tanto, que otras veces no lo era?). Y termina el poema, en el cuarto verso, acentuando esa pequeña distancia con el texto original, que se convierte, de pronto, en una distancia enorme, insalvable: “mirando al Diccionario de la Lengua”. Como veíamos, el sentido vuelve a diferir totalmente del primero: “¿Qué es poesía?”, se preguntaba Bécquer, y respondía señalando a una segunda persona (“Poesía eres tú”) que representaba, como se ha dicho, una mujer; González no apunta en la misma dirección, la segunda persona en su verso se convierte en el “Diccionario de la Lengua”, y recordemos la puntualización “–y esa vez era cierto–“. La poesía, por tanto, ya no es una persona, ya no es la belleza de una persona; la poesía no es ahora más que la belleza de palabras, de la propia lengua.
Retomando la clasificación de Genette, esta referencia a la “Rima XXI” de Gustavo Adolfo Bécquer se considera una alusión. De nuevo, en ella se centra y a partir de ella se construye el poema de Ángel González, quizá de un modo más claro que en el primer ejemplo, por ser el juego intertextual el que abre el texto.

Volvemos a ver como el uso de la intertextualidad resulta esencial para la comprensión de un poema; volvemos a ver como la creación literaria parte de otra creación anterior; volvemos a ver como el carácter alusivo del discurso se manifiesta en la poesía haciendo al lector ir más allá del poema mismo; tres factores que se han repetido en los tres poemas analizados y coinciden con la característica que expone Debicki en el artículo “Poesía como un acto de conocimiento…”:

Una característica de la poesía […] que he estado tratando de subrayar: su modo de crear (mediante intertextualidades, mediante contraposiciones de niveles, mediante juegos de perspectiva) visiones complejas que obligan al mismo lector a entrar en el proceso del poema, y que ofrecen, en últimas cuentas, no significados resueltos sino invitaciones a participar en su proceso de conocimiento (1987:67)

Puestas las cartas sobre la mesa, creo que a lo largo de estos análisis se han evidenciado tres grandes rasgos, que pueden expresarse en forma de conclusiones: la primera es la existencia de lo que teóricamente se ha llamado “intertextualidad” y su presencia como característica esencial dentro de la poesía (en este caso ejemplificada en tres poemas de Ángel González); la segunda es que queda demostrada la posibilidad (algunos irían más allá y dirían, incluso, la obligación) de que una creación literaria puede partir de otra creación anterior o, por el contrario, que una creación anterior puede parir creaciones nuevas; y la tercera y última conclusión es que, como consecuencia a estos juegos intertextuales, el poeta consigue que su texto trascienda más allá de él mismo, que el lector se implique en el proceso referencial y el poema no se quede en una simple lectura, sino en un proceso de comprensión que no puede encerrarse dentro de esos versos.

¿Tendría sentido el Ulises de Joyce sin la Odisea de Homero? ¿Habría escrito Saramago su Caín sin haber conocido la Biblia? ¿Podríamos leer La desheredada de Galdós si no existiese El Quijote? ¿Nos hablaría Cernuda de ese lugar donde habita el olvido si antes no lo hubiese hecho Bécquer? Cualquier estudio sobre estas obras demostrará que no, que todas ellas dependen directamente de creaciones anteriores, de su carácter referencial, intertextual.

Llegados a este punto, creo estar en la situación idónea para retomar y defender la idea que abría este texto. Toca releer la cita de Ángel González y aceptarla. “Escribir es reescribir” decía el asturiano, “volver a decir lo ya dicho por otros, presentándolo bajo una luz nueva”. También toca releer la cita y admitirlo: Ángel González es un poeta sincero. Como él dice, todo está dicho. El verbo escribir ya no tiene sentido si no se escribe detrás de un prefijo. Escribir es reescribir lo escrito. No se trata de copiar o de valerse de la autoridad de otros escritos (o escritores) para reforzar o difundir la obra propia; se trata de homenajear y rememorar esos escritos (o escritores), de reconocerlos dentro de la obra propia. No obstante, y solventando las dudas que pueden surgir al lector, aclarar que la naturaleza de este trabajo es más la de un niño con preguntas y ganas de aprender que la de un anciano que haya encontrado las respuestas; las conclusiones surgidas de esta investigación se han de vincular, principalmente (y por ahora), con el corpus analizado y no con la totalidad de la obra del poeta español, mucho menos con la totalidad de la poesía o la literatura universal (puntualizando que, aunque pueda resultar arrogante, a la larga el objetivo no es otro que ese). El concepto de “intertextualidad” y la concepción del acto de escritura como un acto dialógico, referencial, que pone en conversación el texto nuevo con otros textos, son campos con mucho camino por recorrer. Por utilizar términos ya utilizados, creo que en este caso como casi en cualquier otro, Umberto Eco tiene razón y el mundo se divide en dos tipos de personas: los “apocalípticos” y los “integrados” (1995). Los primeros, cautelosos, pueden mirar con recelo la idea de la escritura que aquí se defiende, les puede sonar atrevida, aún les puede incluso sonar moderna, pero cerrando este trabajo de la misma orma en que se abre –con el peso de las palabras– dejaré que Ángel González decante hacia un lado la balanza:

Lo que los últimos teóricos de la literatura llaman “intertextualidad” es un fenómeno viejo, y yo diría que inherente no sólo al hecho literario, sino a todas las actividades propias del ser humano; igual que en la literatura, se pueden advertir en la gastronomía, en el ajedrez, en la moda o en el diseño de vehículos de motor. En cualquier cosa que el ser humano cree –de crear o de creer, da lo mismo–, siempre se podrán encontrar las huellas dactilares de otro hombre o de otra mujer. (1994:3).
 


 
Bibliografía

BÉCQUER, Gustavo Adolfo. Rimas. Madrid: Cátedra, 1988.
BLOOM, Harold. La angustia de las influencias. Venezuela: Monte Ávila Latinoamericana, 1991.
DEBICKI, Andrew P. “Poesía española de la posmodernidad”. Anales de la literatura española, nº6. Alicante: Universidad, 1988.
__ “Poesía como un acto de conocimiento: el texto, la intertextualidad y la experiencia de la lectura en la generación de los 50”. Simposio-Homenaje a Ángel González. Madrid: Universidad de Nuevo México, 1987.
ECO, Umberto. Apocalípticos e integrados. Barcelona: Tusquets Editores, 1995.
FERRARRI, Marta B. “Un constante regreso: la escritura intertextual”. Prosemas 1. Oviedo: Universidad de Oviedo, 2015.
GENETTE, Gerard. Palimpsestos: la literatura en segundo grado. Madrid: Taurus, 1989.
GONZÁLEZ, Ángel. Poemas. Madrid: Cátedra, 1980.
__ “A propósito de la intertextualidad”. El País. 22 de abril de 1994. p.3
__ Entrevista. “Diálogo con uno mismo a través de cinco preguntas formuladas”. Guía para un encuentro con Ángel González. Oviedo: Luna de Abajo, 1997.
__ Palabra sobre palabra (antología). Madrid: Seix Barral, 2010.
KRISTEVA, Julia. “La palabra, el diálogo y la novela”. Semiótica 1. Madrid: Editorial Fundamentos, 1978.
MARTÍNEZ FERNANDEZ, José Enrique. La intertextualidad literaria. Madrid: Cátedra, 2001.
REYES, Graciela. Polifonía textual: la citación en el relato literario. Madrid: Gredos, 1984.
VALLEJO, César. Antología poética. Madrid: Alianza Editorial, 2001. 12
 

Apéndice

Con el fin de facilitar su lectura, se incluyen aquí los poemas de Ángel González que forman parte del corpus del trabajo, así como los poemas de César Vallejo y Gustavo Adolfo Bécquer.
 
Ángel González

A veces:
Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
“Lo digo y no me corro”.
Pero él disimulaba
 
 
Glosas a Heráclito:
1
Nadie se baña dos veces en el mismo río.
Excepto los muy pobres.
 
2
Los más dialécticos, los multimillonarios:
nunca se bañan dos veces en el mismo
traje de baño.
 
3
(Traducción al chino)
Nadie se mete dos veces en el mismo lío.
(Excepto los marxistas-leninistas.)
 
Poética Nº4:
Poesía eres tú,
 dijo un poeta
–y esa vez era cierto–
mirando al Diccionario de la Lengua
 
 
César Vallejo

Piedra negra sobre una piedra blanca:
Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París –y no me corro–
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.
 
Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto 14
 
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.
 
César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro
 
también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...
 
 
Gustavo Adolfo Bécquer

Rima XXI:
¿Qué es poesía?, dices, mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul,
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.

 

 

© MARIO GARCÍA MORA

70ariadna