Ciudadano Welles
Peter Bodganovich
Madrid, Capitán Swing, 20154
***
Mis almuerzos con Orson Welles
Conversaciones entre Orson Welles y Henry Jaglom
Edición de Peter Biskind
Barcelona, Anagrama, 2015
por Álvaro Muñoz Robledano
 
Dos libros simétricos, en los que coinciden metodología y asuntos, en los que los nombres evocados se repiten y los títulos y proyectos perviven a pesar de los años transcurridos, casi veinte, entre uno y otro. Y, sin embargo, dos libros irreparablemente distintos. Y he escogido el adverbio porque ambas lecturas suponen la crónica de una destrucción; para ser exactos, de la destrucción de uno de los mayores genios que nos han entregado cine, llevada a cabo por un sistema en el que triunfó demasiado pronto (creo que en eso estamos todos de acuerdo), al que no quiso adaptarse y que no fue capaz, por desidia, miedo o estupidez, de filtrar el caudal creativo que derrochaba aquel gordo fumador de puros. Si el libro de Bodganovich es una declaración de fuerza, un repaso por los proyectos que bullían en su mente (incluido un Rey Lear que echaremos por siempre de menos), mientras que la lucidez de Welles desgrana los mecanismos que se ponen en marcha con cada película; y si el libro de Bodganovich es también la confesión de una búsqueda no del todo satisfecha, la de una expresión válida para una mente torrencial que leía cuantos lenguajes se ponía a su alcance, las conversaciones con Jaglom constituye un acta de rendición en toda regla: faltaba poco para su muerte, los proyectos se habían cancelado por falta de financiación; la nómina de nombres a los que acusa de haberle dado la espalda asusta por abultada y notable; la sensación de fracaso que transmite Welles, la manera en que ese restaurante pasa a convertirse en un último refugio, golpean al lector, que no puede sentir sino lástima por alguien tan admirable y tan deshecho, tanta como rabia por la miopía de tantos, y un cierto reproche por la poca autocrítica que Welles parece mostrar. Pero eso es lo de menos. Hay libros, y días, que nos hacen sentir la belleza tremendamente injusta.
© A.M.R.
|