Tres poemas
porLourdes Gil
FATA MORGANA
Si lo que dijo Kafka fuera cierto
—que algunos han logrado sobrevivir el canto de las sirenas
pero que nadie ha sobrevivido a su silencio—
entonces debo estar agradecida a las deidades que nos rigen.
Pues a pesar de haber abandonado tierra firme
de haber zafado las cuerdas del almacigo en el puerto
para lanzarme en pos de los clamores de sus voces
(remolinos ubicuos que ensordecen en la noche
y no parecen brotar de sus gargantas)
a pesar
de haber perseguido los blancos brazos espectrales
de Loreleis desmelenadas en lo alto de las rocas
entre marinos vendavales.
A pesar
de haber flotado a la deriva en la negrura del océano
haber visto apagarse el resplandor del coro
y como cesaba el aleteo de sus manos.
He sobrevivido al canto de tu amor.
Y quizás (como afirmara Kafka)
no habría sobrevivido
al silencio del cielo
al del mar sin magias y sin aves
sin destino.
LA MEMORIA NO ES UN METEORO
La memoria no es un globo luminoso
que olfatea como demonio antiguo los oleajes.
No es vuelo zigzagueante que aturde
como un vino.
No nos envuelve con alas de relámpagos
ni con follaje de rugidos. No acecha en los aleros
ni ríe la risa de metal de las constelaciones.
No se agita en el fondo de las zanjas
ni silba desde la alta hierba.
No es un planeta engolfado en el espacio
como mota de ceniza en la negrura.
No es tiempo fraccionado en pentagramas
ni hielo derritiéndose en la lengua
que cierra y entumece las papilas
La memoria no es pan azucarado
que un zumbido de moscas se disputan.
No es estruendo de vidrio que hiere los sentidos.
La memoria no es súbito apagón ni cauce
de humo.
No es brasa que persiste en la vigilia
ni pánico en la gota de rocío.
No es catedral ni códice ni furia.
No es un viejo relato
que con palabras nuevas se engrandece.
No es surco inacabable ni liebre que a su paso
estruja las gardenias que gimen voluptuosas.
La memoria no es el alfiler de oro
que Martí hallara dentro de una roca.
No es pulmón de torcaza ni garganta de tigre.
La memoria no es puño que amenaza
ni remo que se moja. No es neutrino
reproduciéndose en las células del párpado.
La memoria no es aquello que habíamos
entendido.
No es nada ni nadie. No navega
para llegar a tiempo a todas partes.
No tiene eco ni asfixia ni nos mira.
No guarda ganado. No respira grandeza
ni se anuncia. Se escabulle de Proust
en su recámara de corcho se cuela en su balcón
del Boulevard Haussmann roba su estilográfica.
Tras los nimbos apaga con un soplo
los ojillos de nácar de los ángeles.
Se cala a la caída de la tarde
su capuchón de sombras. La memoria
no se oculta enmohecida en la buhardilla.
No es un reloj de arena cuyos granos
se adhieren al cristal. No es signo apocalíptico
ni brazos extendidos. No es faldellín
ni pétalo entreabierto.
No es cuello de góndola de un cisne
ni su portentoso pico. No es un cachumbambé
que se confunde en el arriba y el abajo.
No es la copla prohibida de tafetán violeta.
La memoria no es un monte ni es
un abanico de plumas. No es cucurucho de maní
ni laberinto de Creta. No es la loseta
que la lluvia empapó en un croar de ranas.
La memoria no es un meteoro sin rumbo
ni un aerolito que rasga la capa del ozono.
No es bólido de fuego
que abre en Holguín un cráter
y un agujero en la Siberia.
No es una cicatriz incandescente del espacio.
CANARIEDAD
Gracias por este corazón
porque antes que los vándalos
descendieran sobre Roma
mucho antes
de que los berberiscos tomaran posesión
de los celajes y la niebla
antes que hollaran el polvo gris y las arenas
y transformaran
en constelación marina el archipiélago
tú invadiste
estas islas secretas
te acercaste
a su más profunda sima
y fecundaste
la raza de los guanches.
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