La vida devuélvela
porMagali Alabau
Devuélveme la vida.
Hazme nacer unos brazos
que destilen permanencia,
quítame la cubierta
que me encontré en el bosque.
Quítame el adiós de la boca,
el adiós de los días,
el verdugo.
No me obligues
a decir adiós a los pequeños
habitantes de la tierra mojada,
a los rieles del tren
que no pasaron
con esos pasajeros
sino otros.
Adiós que sin saber
repetían los cuentos,
que no nos avisaba
sus siniestras intenciones,
que sabía el desenlace,
que no hablaba.
Ese adiós que prepara la mortaja
lluviosa del día,
que es silencio tras silencio,
que no sospecha
los detalles, que convierte
tu pecho en un hervidero
de cal a punto de voltearse.
Si hubiésemos tocado el lado izquierdo,
el pecho pulsando
al sobresalto,
la ruptura no fuera posible
ni ese adiós de los cuartos
cuando quedan vacíos
y sin explicaciones
con maletas y maletas
que resbalan.
Decir adiós cuando
las flores del jardín
no se han cuidado
como si el interés
por los detalles
se hubiese
vuelto estéril,
y la única forma vigente
fuera la impaciencia.
Vete.
Marcha con la ilusión,
con la pena,
lleva el marfil de la aurora
a los brazos de tu viejo amante.
Sácate de mí
como un clavo mohoso.
Vuela al sendero de la luz
en la vendimia
y regala el vino
a tus recuerdos.
Sin susurros déjame,
sin pájaros que me despierten,
sin jardín de verde encendido,
sin albergue.
Deja la pena desvencijada,
alguien tiene que quedarse
en la otra orilla
recogiendo las frases,
limpiando las huellas,
colocando retratos en sus marcos,
deshaciendo los cálculos,
los moldes,
inventando escenarios.
Nacer de nuevo,
olvidar que fuimos el cuchillo,
la lanza
y el enterrado vidrio.
Olvidar que planeamos
la muerte de los otros,
caminandosin pesar,
machacando las piedras
del camino.
Un solo pensamiento
hubiese cambiado
el destino de aquellos.
Cuán difícil es
ponerse la máscara
del que corta las cabezas
de los inocentes
y se ejecuta a sí mismo.
|