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Cuatro Poemas
porAsunción Blanco de la Lama

 


A veces pierdo el rumbo

A veces pierdo el rumbo

Y las calles se me hacen más lejanas, más extrañas,

Con ese polvo que adquieren, con el tiempo,

Los objetos que no mueren, pero que tampoco sonríen.

Intento buscar algún paisaje

Que me devuelva los recuerdos,

Pero las esquinas son dolorosas

Y me muestran el desierto, rostros áridos,

El cansancio, el hedor.

Nunca la espuma o el álgido olor de primavera.

Me estremezco ante la furia desatada de los árboles,

(el frío se adentra en lo más hondo).

Me dejo llevar por el río que sabe de mi sueño y de mi espanto.

Arde en la noche una llama sutil,

Una mirada que se repite en mil sombras.

Los siglos me rodean

Y pienso que aún es pronto,

Que todavía el tiempo no es mi enemigo,

Que encontraré un atajo, una ribera

Donde despertaré tantas mañanas,

Que regresaré, como Ulises a Itaca,

A los límites del prodigio y del misterio.

 

 

 

El sueño

El sueño me mira desde lejos.

Me dice verdades como puños.

No puedo evitar su mirada penetrante

Más cruel que lo real y lo ignoto.

El sueño hace crujir lo vano y también lo insólito,

Aquello que despedazo sin permiso del aire

Y lo convierto en temores infundados, en letales mariposas.

Se trata de un vaticinio ineludible,

Que no puedo postergar porque me atañe y me hiere.

El sueño me atenaza y vuela en mi noche más oscura.

Apaga los últimos rescoldos de un fuego

Que ayer fue hoguera y hoy es fútil esperanza.

Yo le miro a los ojos, como cuevas,

Y siento cómo muerde su veneno.

Y siento cómo  mata su recuerdo.

No me defiendo.

Me dejo llevar hasta el abismo

Donde la nada me rodea con sus sombras.

En mi delirio llamo a los ausentes,

A aquellos que perdieron la guerra y no volvieron,

Pero el sueño es implacable en su venganza

Y se repite como el hambre y la sed y los agüeros.

 

 

No tengo otra alternativa

No tengo otra alternativa que las olas, las calles tortuosas, la humedad en los huesos,

Abandonar la vejez del valle,

Subir la cuesta que me impone el cielo,

Andar descalza durante un tiempo incierto,

Suplicar a las flores que vuelvan a mi huerto,

Dejar que el tiempo devuelva el azul de los ojos a mi cuerpo,

Que las heridas no se infecten más allá del polvo y el desierto.

No tengo otra alternativa

Que enfrentarme al viento,

Ser más fuerte que la torre en su destierro,

Vivir al pairo y no implorar el beso.

Dejar que el corazón alce el ruego.

No tengo otra alternativa que las olas

Y ver las gaviotas volar hacia lo lejos.

 

 

De ti me aleja la mentira, el engaño

De ti me aleja la mentira, el engaño

La extraña sordidez de tus palabras,

Tus sueños ingratos,

Tu mirada oscura como los ojos de un lobo.

Tu opacidad nocturna.

Entre tú y yo se alza un muro de sombras e incertidumbres.

Un velo que los ángeles no se atreven a rasgar,

Un siniestro mundo de sospechas

Que confirman tus piedras y tus alacranes.

No hay vida en tus labios ni en tus besos

Eres la senectud del alma,

La gravidez mórbida de un tiempo perentorio.

De ti me aleja todo

O casi todo,

Incluso las gaviotas y la muerte.

 

 

 

 

© Asunción Blanco de la Lama( Gerona) es catedrática de instituto de Lengua y Literatura Españolas y doctora en filología hispánica. Ha publicado artículos de investigación sobre semiótica, filosofía de la historia, cine,  personajes femeninos del siglo XIX. Ha publicado un libro de cuentos , Sherezade, y colaborado en la prensa local ( Diari de Girona). En la actualidad escribe poesía.

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