í n d i c e  d e l  n ú m e r o

 

Sumisión
Michel Houellebecq


Barcelona, Anagrama, 2015

por Álvaro Muñoz Robledano

PN 893

 

¿Qué hacemos con Houellebecq? Como lectores, quiero decir. Hace años que hay quién se pregunta lo mismo desde otro `punto de vista, más físico, si quieren decirlo así (y el mismo Houellebecq se ha reído de ello jugando a su asesinato o a su secuestro), pero no ha de ser tal nuestro caso. Lo que me inquieta es si debo entregarme a él para siempre o prescindir de él de una vez por todas. Y no es cuestión baladí, voto a tal, porque la segunda opción supone unirme al coro de los que no ven en él más que un provocador fácil a fuerza de sexo explícito y juegos rocambolescos de ciencia ficción, mientras que la segunda implica un pesimismo acerca del presente, también del futuro desde el que escribe, para el que me falta, sin duda, ironía. Y ahí reside el problema, en su escritura. Metódica y tranquila, sugerente por directa, hermosa por desnuda, frágil de tan camorrista, dotada de un tempo magistral, eficaz, incuestionable. Houllebecq, ya tenía ganas de decirlo, es un escritor mayor (al menos para mí) que utiliza la novela como método de enmascaramiento, no de revelación. Le gusta la polémica, está claro, y maneja sus resortes con maestría. Al fin y al cabo, es el mejor (si no el único) reclamo comercial del que disponemos hoy. Y ha encontrado un magnífico profesor en su supuesto archienemigo Henry-Leví. Pero tras la polémica de la escatología, la crueldad o la añagaza política, sus escritos están recorridos por una reflexión acerca de la posición del hombre de letras y del artista que han encontrado acomodo en el entramado económico y social y que han logrado convencerse de no haber cometido traición a los principios éticos y estéticos que cada uno sostiene (en los que se apoya, más bien). Me parece que Houllebecq puede ser acusado de terrorismo cultural no por imaginar una Francia islamista o por explicar con claridad los modos más egoístas de recibir una felación, sino por haberse asomado al exterior de la literatura, esa maravillosa caverna en la que nadie se pregunta por las sombras, no vaya a haber respuesta, y no vaya a ser la respuesta que el entramado cultural sobrevive gracias a una pantomima en la que sus actores ignoran los nuevos tejidos sociales y de comunicación, los nuevos formatos del arte y las nuevas velocidades del pensamiento. Y quizás Houellebecq escriba acerca del miedo que siente, porque ha visto que el rey va vestido, pero que su vestido no sirve ahora que, parece ser, la ceremonia ha cambiado definitivamente.

 

© A.M.R.

 

©Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000), "Salvoconductos" (2006) ganador del III Premio Café MOn. Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003) y "Notas para un tratado de botánica de la oscuridad" (2007) junto a Pedro Díaz Del Castillo.

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