índice del número

 

 

Elegía a Miguel Hernández
porJuan Pablo Mañueco

 

ELEGÍA A MIGUEL HERNÁNDEZ,

cuyos ojos al morir no pudieron cerrarse.

 

Yo quiero ser cantando

el aprendiz de tu pericia en lunas

y en rayos que, incesando,

truecan las horas brunas

en luz y llama que en el verso aúnas.

 

Tu doble ojo en ausencia

la canción y el romance habrán helado,

mas la muerte en presencia

quiere ver, por tu vado,

fe, amor, pasión, vida que tú has mirado.

 

Labrador de más aire

y pastor de palabras que destellan,

perpetras el desaire

a penas, que se sellan.

Por faro en tu pluma, lumbre centellan.

 

Viento del pueblo has sido

y así aún resuena tu dulce aliento,

después de ser herido

por el temible acento

de guerra, celda, frío y sufrimiento.

 

Nanas de la cebolla

le diste a tu hijo hambriento de posguerra,

después que tu otra joya

matara el hambre, en guerra

contra España, contra ti y con la Tierra.

 

El hombre acecha el vuelo

hoy de tus versos, símbolos y rimas,

en donde halla consuelo,

por el amor, en cimas.

Y en cimas duelo, que, al cantar, sublimas.

 

Quién te ha visto postrado

por afección y por derrota, huyendo

hasta ser apresado,

y quién te ve hoy uniendo

en tu honor a ambos bandos. Tú venciendo.

 

No hay que apartar la tierra

por verte, ni llorar ausencia triste,

pues tu alma no la cierra

ni hachazo que sentiste

ni el desdichado marzo en que partiste.

 

Torna abril entre flores

a pajarear hojas de tu higuera,

cada vez que enamores

a un lector que volviera

a tus hojas de libro; y las leyera.

 

Treinta y un años tempranos

y ya hubo que contarte entre difuntos,

mas tus cantos lozanos

en patrimonio adjuntos

dejaste a mundo y hombre, de ti trasuntos.

 

Tu clara vista abierta

de humanal vida sigue enamorada;

aún mira despierta,

en rehúso a la nada,

siente más el latido que la helada. 

 

Los ojos, por tus ojos,

del mundo ya no son simples fanales

mirando los rastrojos

de quebrados cristales.

A belleza, iris izan verticales.

 

¡Qué cruel y acerba muerte!

Por celda fría y rejas peregrino,

tu silbo se convierte

en vulnerado trino,

¡A jilguero en yema han roto el camino!

 

¡Mas tu canto bravío,

pirotécnico estruendo de vocales,

bate a muerte con brío,

y emite sus señales

de azahar, limón, lirio y palmerales!

 

Que truena, truena, truena

tu voz no ha callado aún en la tierra.

Ramas posee y ordena

que se pare la guerra,

que escale alba en paz la más alta sierra.

 

Sólo es esta tormenta

de la voz honda del poeta eterno

la que ya en ti se asienta.

Pues siempre tu cuaderno

restará entre las naciones, fraterno.

 

Liba el néctar la Historia

de tu legado, fresco, puro y dulce.

En mil años, memoria

habrá de tu agridulce

rasgar de abeja. O más siglos endulce.

 

No rojo desaliento

sientan más las amapolas. Que el vientre

de la tierra da al viento

tu son recio. ¡Que encuentre

de un palmeral el cielo en que se adentre!

 

El arrullo, en tu trino,

mece hoy a enamorados labradores.

Viaja, igual, al destino

de las gustosas flores

que de Humanidad. Forja sus valores.

 

No penes, pues, perito

Miguel… en vida, muerte, herida y viento,

que siempre el infinito

almendro tendrá atento

a tu canción de nata, alma y alimento.

 

Publicada en el libro "Castilla, este canto es tu canto. Parte II", julio 2014.

 

 

 

© Juan Pablo Mañueco Martínez , (n. Madrid, el 21 de noviembre de 1954), periodista, escritor y poeta español.

66ariadna