Clepsidra de invierno
porAntonia Huerta Sánchez
IV
Da igual cómo se llame el infinito...
Fluye para siempre el agua de la clepsidra,
desbrozándonos en jardines simultáneos
donde bocas, manos, pechos,
no son más que flores de Penteo
desmenuzadas en cada gota que expira.
No temas, amor mío.
Devora como el que más la savia mortecina
que se derrama en nuestros cuerpos,
abrázame y bórdame en tus límites impertérritos,
cíñeme deprisa
como mar que angosta sus riberas,
muérdeme este frío.
Te doy mi sueño si me eximes hoy mismo
de las páginas vacías que consumen
mi tiempo,
una,
dos,
tres,
cuatro,
cinco,
seis.
dos mil doscientas...
[de CRONOFAGIA]
LA PÁGINA EN BLANCO
Abierto está el camino
para que el silencio expolie
los últimos versos.
A veces apoyado sobre la blancura,
receloso de cualquier lugar,
como el funesto declive
de una antorcha
que llevase encima lo maldito.
Las palabras hurtan con bondad
las miserias ya pasadas,
las arrancan mientras duelen,
regocijándose perezosamente
en sus insípidos bordes.
No hay nada que hacer
se adelantan, se abrazan,
te desean.
Van sacando como en ofrenda
el legado ciego
del tiempo que nos fue impuesto
para amarnos
para decirnos tantas cosas
que besos indivisibles se encargaron
de asolar
y no hay objeción
a su dictado,
por mucho que nuestros cuerpos
se resistan.
Nos crecerán por las raíces
verbos y nombres y adjetivos,
impregnados de un olor a nube
tan poderoso
que volverá sobre nosotros una y otra vez,
arrancándonos el limo de los ojos,
excarvándonos
y tendremos que mirar de súbito
todo lo hermoso que se nos fue
como huéspedes extraños
de una región vencida.
[ de ALMANAQUE ]
PROSERPINA
Eres mujer.
Estás condenada a los meses lunares,
condenada a la rutina
de fragmentadas primaveras,
te bebes su cáliz
para arrancar a las horas
cualquier consejo
vano e inútil.
Pero eres mujer.
Cuánta gloria en nuestros vientres
poderosos,
en nuestros úteros poblados
de rimas indulgentes, del polen
vigoroso
que en jícara pequeña
arrastra la luz del sol.
Pero sabes que vendrá el Hades,
aunque no lo veas
se adentrará triunfal
en lo mejor que guardas,
cavará una fosa y el hálito
que antaño salía a tu encuentro
cerrará con firmeza
todas las puertas que abriste.
Para persuadir al Hades
sacas todas tus armas:
el tiempo que hiberna
en la corteza del álamo,
el goce doloroso de las horas
cortantes, las estivales suelas
del mar, con olor a salobre...
Erizarás el mar en la espuma de las
ramas flexibles
para que el varón muerda
tu futuro íntegro y se adentre
en el entonces, en el momento
apropiado en el que escribir
de nuevo:
«y esta primavera ya marchita
y este verano, pastor de noches,
atrapados por el frío que, ojalá
caduco,
no nos borre»
[de ESTACIONES EN REVERSO]
Torremozas, Diciembre 2013
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