La luz y Monet en Giverny
Eva Figes
Boadilla del Monte, A. Machado Libros, 2014
por Álvaro Muñoz Robledano
Eva Figes ha narrado la luz. No la luz de Monet, lo que hubiera resultado (quizás) sencillo, sino la luz en la que Monet se sumergía antes del amanecer; la luz que envolvía a su mujer, a sus hijos, a sus amigos. La luz que no fue ni testigo ni paisaje, sino motor de sus vidas. Tal vez se pueda achacar a la novela una cierta confusión de personajes, pero la lectura diluye esa falta en las diversas escalas de sensualidad por las que transita. Es una novela para lectores, para degustadores de luz, para erotómanos con criterio. Sobran los consumidores de tramas y árboles genealógicos. Cuando se consigue, como consiguió la autora, que cada párrafo sea tibio, o contenga brisa, o roce con la textura de la piel; cuando se consigue que la anécdota, también el drama, quede suspendido de un reflejo momentáneo, entonces descubrimos que la literatura es mucho más que lo que yace en el papel; es un temblor que nos atrapa y nos deja suspendidos entre la razón y el vértigo.
© A.M.R.
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