Cenicienta, díscola, Caperucita...
por Atilano Sevillano
CENICIENTA
Miss, mademoiselle, fräulein, signorina, señorita no se pierda la oportunidad de su vida. Por sólo doscientos cincuenta euros pruébese el anillo encantado . Si le sienta como un guante envíe inmediatamente: “Cenicienta al 666” y, al instante el príncipe le enviará la limusina con su chofer. Pero no fue así, en su lugar apareció un vehículo con el rótulo “Taxi gratis”. El hecho provocó en la destinataria una cierta inquietud, la desconfianza naïf del crédulo.
DÍSCOLA
La vida de la doncella fue normal hasta el baile de los quince años. Cada día estaba más estresada ante la insistencia de su madrastra en lograr evitar la extinción y prolongar su estirpe. Mas llegó el día en que se convirtió en una joven alternativa. Y puso en jaque a su familia al echarse como pareja a un unicornio.
CAPERUCITA I
La cita es en la parada del bus 8A de la calle de Los Encuentros. Ella no puede evitar cierta empatía y mirándole fijamente le dice: Sé cómo te sientes. Y continúa: ya sé de buena tinta que estás muy quemado con tu papel asignado por Perrault y los Hermanos Grimm. Yo con mis poderes, con la pura fuerza de mi pensamiento te doy la oportunidad de cambiar de vida y formar parte de este otro minicuento. Pero deshazte de esa ropa no querrás que te confundan con una vieja loba travestida y, además debes saber, que aunque tengas hambre yo no pienso correr.
VINDICACIÓN
Es inútil que pretendan justificarla: ¡Siempre, pobre Caperucita¡ Todo el mundo toma partido por esa joven despreocupada y desvergonzada, esa niña pija disfrazada de patinadora y, yo tan desamparado. ¿Por qué nadie me había advertido del peligro de determinadas compañías? Menos mal que la abuela me señalaba la línea roja que nunca debía traspasar. Y suerte que con quien me haya topado sea un ecologista, disfrazado de lobero.
del libro inédito Minificciones
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