í n d i c e  d e l  n ú m e r o

 

La mala hierba
Lu Xun

Traducción y notas de Blas Piñero Martínez
Velilla de San Antonio, Bartleby, 2013


por Álvaro Muñoz Robledano


No sé si resulta muy adecuado el título de esta nota, pues no parece, por lo poco que he podido averiguar, que Lu Xun llegara a sentirse atribulado. Pero no me negarán que dicho título venía de serie con el libro, y que citar a Julio Verne es un placer al que difícilmente puede uno resistirse. La mala hierba tiene un claro valor histórico; escrito en los años veinte del pasado siglo, es, quizás, una de las primeras aproximaciones de la literatura china a la modernidad. Reunión de poemas en prosa, textos en los que se busca la música que está fuera del ritmo o de la medida, influencia declarada de Baudelaire, a quien Lu Xun conoció de manera indirecta mediante versiones alemanas. También es un intento de alejarse de los ceñidos corsés lingüísticos que la tradición imponía. Lu Xun escribía en su lengua vernácula, rechazando la coiné impuesta por la administración imperial. Su radicalismo llegó al extremo de defender el abandono de los caracteres chinos y su sustitución por la escritura latinxua, cuyas características no se escaparán al avezado lector. Del mismo modo fue radical en lo político. Militante destacado de la Liga de Escritores de Izquierda, afín al Partido Comunista, en el que nunca llegó  a militar, Lu Xun dejó sus estudios de medicina para dedicarse a la literatura, convencido de la necesidad de ésta en la pelea ideológica, frente al dictamen clásico que la encerraba en la expresión de emociones (dictamen defendido por el poeta Liang Shiqiu, con quien Lu Xun sostuvo una ardua polémica) Murió de tuberculosis en 1936.

El libro tiene una importancia capital desde un punto de vista histórico, por lo que no habría estado de más una introducción que situara al lector en el contexto de los poemas que va a leer, pues este despliegue de erudición con el que acabo de asombrarles lo he obtenido de Internet, exactamente del inevitable artículo de Wikipedia, de cuyo rigor tiendo a desconfiar, y de un par de blogs de sinólogos, en los que he descubierto que el Gran Timonel, si bien admiraba la escritura de Lu Xun, desaconsejaba a los jóvenes su influencia, pues no le parecía de recibo que en su China se prodigaran la ironía y la sátira que tanto cultivó el poeta. La información que podamos extraer de las notas al pie resulta insuficiente (aunque, con seguridad, los lectores no serán tan ignorantes como yo), pero reconozco que traducir del chino ya es tarea suficientemente proteica como para que me dedique ahora a meter pajitas en el ojo ajeno. La que me pregunto es si más allá de su importancia capital desde un punto de vista histórico, La mala hierba está diciendo algo; si me habla. La primera respuesta la tengo al contemplar las páginas pares, las que muestran la versión original, signos de los que ni siquiera soy capaz de atisbar su disposición, laberintos de sentido: ideogramas. En ellos están los retazos que recojo en las páginas impares, y pienso que esa rebelión de formas es igualmente efectiva en ambas versiones; porque Lu Xun sitúa sus poemas en el vacío, en el sueño, en la muerte imperfecta, en el encuentro con desconocidos; territorios en los que las palabras sirven de abrigo tanto como pueden servir de arma o de alcohol. Porque la ironía que tanto asustaba a Mao puede masticarse, y es la ironía del extranjero por decisión propia, la ironía del que no acepta que un signo encierre una emoción, que una tradición encierre una emoción, que un paisaje y quienes lo habitan estén condenados a permanecer inalterados. “Soñé que estaba soñando” comienza uno de sus poemas, y a quien encuentre la evidente correspondencia con el verso de Machado, le recomiendo la lectura de Más allá de las neblinas de noviembre, donde se habla de la corriente subterránea que une las diversas poesías sin que ellas lo sepan. El personaje Lu Xun tiene algo de Mersault, en efecto, pero también recuerda a un Holden Caufield que no había, como Mersault, nacido aún- El personaje Lu Xun tiene las palabras para enfrentarse, para afirmar y negar, aunque ni las afirmaciones ni las negaciones borren lo sucedido, lo soñado.

La mala hierba se publicó en Shangai en 1927. Por aquel entonces, en Beijing, un diplomático francés escribía: “Bajo las hojas de bronce nació un potro…” y esa escritura mineral, histórica, oscura, irresistible, es también la de Lu Xun, que, hasta donde yo sé, tampoco conoció a Perse.

Joder si tiene el librito cosas que decirme.

 

© A.M.R.

 

©Alvaro Muñoz Robledano Nació en Madrid en 1965. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros: “Fotografías junto al pecio” (Málaga 1991), “Hoteles” (Madrid 1996), “Cuartel de Invierno” (Madrid 2000), "Salvoconductos" (2006) ganador del III Premio Café MOn. Colaborador de ariadna-rc desde sus comienzos donde ha publicado su "Breve historia de la lucha de clases" (2003) y "Notas para un tratado de botánica de la oscuridad" (2007) junto a Pedro Díaz Del Castillo.

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