El enemigo de los Thirties
porJuan Arabia
Develarle al hombre
que los ángeles no están en el cielo,
sino debajo, en lo más profundo de la tierra.
Develarle, también,
que ya ha experimentado la eternidad y la muerte;
y que todo es posible,
mientras exista la convicción y el argumento.
Develarle que un pez en el agua
vale tanto como un ave en el cielo,
y como un niño que camina, solo e indefenso.
Develarle que beber vino,
sino anhelar nuevas cosas;
que el sapo y el lagarto le huyen,
pero no lo respetan.
Que el cielo es celeste,
aunque sólo eventualmente.
Que su sombra no es sino el reflejo adverso de su alma.
Develarle al hombre que aquél que lo comprende,
se transforma en su amo;
y que los Evangelios Apócrifos
son tan falsos como la verdad y la mentira.
Develarle que en la ciudad
se aleja insistentemente de sí mismo;
y que aquél a quien más teme, es sólo él y nadie más.
Develarle que el mar
será un sinónimo de literatura;
y que un ejemplo
no es sino una metáfora cotidiana.
Develarle que Schopenhauer
inmortalizó el universo en veinticinco años;
y que extrañar es la forma
más desinteresada de querer.
Develarle al hombre que no hay viaje más grato que el del tren,
y que la mañana es la primera y última puerta del día.
Y E L T E M O R
R O M P I Ó S U S A L A S
Y el temor rompió sus alas,
justo allí donde el mar enuncia el símbolo.
Todo ha quedado como fue entonces:
fósiles, desierto,
debajo de las olas que se han ido
y que ya no volverán.
La identidad es algo que ha sido o será.
Ni el mínimo roce del camino
hará que esta espesa niebla
camine como un blanco lobo
o se acomode al menos sobre un rincón,
como fría y sólida nieve.
Por eso, y porque somos tan sólo
la estela de un camino inadvertido,
camina,
sigue escuchando el rugido del mar.
Aquello que buscas te pertenece.
E L E G Í A
Eres los otros, y ya nadie te escucha.
Y sólo eres canción, algunas palabras,
elegía.
La tarde es la tarde, y Borges es Whitman.
Ya no estás entre mis páginas
y te escucho sólo en los sueños;
esa esperanza que no existe.
Allí eres quien conocía,
allí eres, mientras dormías.
No siento tu ausencia: todo lo fuiste.
P A U L V E R L A I N E
En la montaña alguien dejó su vida
para llenar de luz la habitación.
Como niebla de luna es su canción…
para aquellos extraños que en la herida
se construyen. Detrás quedó el rubor
civilizado, la burguesa pluma
que con engaño disfrazó de bruma
la realidad del sórdido sabor:
la irrupción del rey de ojos azulados
traduce a Blake que develó en in_erno
lo que el mar y el león llevan de eterno.
Despliega intensas hojas de arbolados.
E L H O M B R E D E L A S S U E L A S D E V I E N T O
«If we are absolutely modern—and we are—
it's because Rimbaud commanded us to be.»
—No, es mentira.
Rimbe nunca dijo que podías hablar por él
Desde tu Hotel Lautréamont de 5 estrellas,
Desde la autocomplacencia de la Universidad
Y las hamburguesas de Utah.
—No, No… ¡Señores!
Primero lo primero:
Voy a soñar esta noche que
Tus ojos son los de Rimbe
Como la bondad de una mujer que miente
Y la que sólo le pido una gran mentira.
I.
Bueno, descargamos el carro:
Sólo unas botellas de vino y las amapolas de Rimbaud.
Crecimos sin darnos cuenta, y ahora
esperamos en el camino.
Al menos estábamos cerca de la gente y de su tierra,
Aunque todos nuestros hábitos fueron corrompidos.
Al principio el pueblo era celeste,
El sol nos despertaba y nos dejaba tontos después del mediodía.
Éramos las uvas brillosas del verano,
Con nuestra cáscara desnudábamos al viento.
II.
No es difícil de entender
Que lo eterno necesita derribar sangre.
Ellos sólo se sorprenden de lo que no se atreven:
Y encuentro al mar, veo mi rostro
En el lagarto espejo…
Y pese a que la noche sea fría
No moriré por estar aquí.
Aunque posterguen la comunión
Puedo matar a Dios escribiendo «ha muerto»
Sobre una silla.
F I N A L
( O E L E N E M I G O D E L O S T H I R T I E S )
La noche caía despierta en Greenwich Village,
y desnudas las estrellas perecían
como tu corazón;
en donde cabía un universo entero,
de luces primeras;
enceguecedoras como tu imaginación.
Sostenías tu copa,
enjaulada de demonios y tibia verdad,
de antaño no resuelto y espinas arenosas.
¿Alguno entenderá que esa cruz,
no es la misma que la de esos dos ladrones
que beben despiadados su pobreza?
Tu propósito es olvidar
una multitud entera de belleza.
Pero tus versos rugen, como encadenados:
Al fin los pájaros serán libres como el cielo;
aunque en la próxima mañana
en el canto de sus alas desaparezcan.
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