Qué mas da…
porDaniel Groz
Qué más da...
Qué más da si las nubes son la evaporación de tus palabras,
como una bocanada de aire llena de significado.
Qué más da si arranco de mis entrañas el perfil oscuro del ser humano.
Los colores sólo suavizan la voracidad de nuestros actos cuando se pierde la fe al abrir las manos,
llenas de tiempo.
Qué más da si eres la arena que deposita el viento en las dunas del oasis, que dibuja el espejo en el que se castiga la belleza robada.
Tiempo que llena las manos para soltar las redes en tus cuencas oceánicas.
Cráteres de luna llena para la nocturnidad del sexo en la margen de Leteo, en el que humedeces los labios para olvidar los nombres que no quisiste escribir en la arena del espejo que rompo,
una y otra vez, en el laberinto del tiempo que corre entre las columnas de mis dedos.
Qué más da si soy el océano suicida que te susurra con lengua de cristal.
Qué más da ,si olvidarás pronunciarme cuando haya abierto las manos.
Una sombra incómoda
Quizás te incomode la sombra alargada que, por el reloj , aún se asoma
por donde repta la serpiente, condenándome a morder la manzana de tus labios.
Sobre el carbón deshauciado del incendio escribo el nombre que llena mi boca, encandenando la existencia que tantas veces prohibe saltar como un pez volador.
Quiero ser un lobo que merodea el silencio de la sombra, sin más que con el aullido de cristal que rasga la vida como un sol escueto.
Quizás te incomode la alargada sombra del cuervo que apuñala con sus alas el instante, en el que hice de tu falda mi horizonte,
el incendio que inflama mi respiración, como una guerra que no se hizo para hablar.
Cedería el alzheimer a la guerra
Cedería el alzheimer a la guerra,
al dedo henchido de sangre que presiona el gatillo hasta atravesar la sangre que cae,
y se contamina de muerte como una maqueta del Ganges.
Cedería el mural de mi cabeza al frigorífico blanco que pintas con gestos como nieve,agarrados a la puerta como rasguños de agua.
Cedería mis manos, como árboles que treman, a las extremidades negras de Pompeya,
bajo la permanente nube del dragón que no supo regresar a Oriente, mientras oculto en morse tu existencia,
como el oleaje que traza shakespeare para invadir Jutlandia;
como una lengua fracturando en múltiplos el mar ,que tantas veces vació Arquímedes en su esfuerzo por hallar la playa
que nunca rescató los naufragios de mi espalda, bajo tus garras de coral.
Cedería las contradicciones que me despiertan a la certeza de los filamentos incandescentes de la ciudad, descubriendo sombras
como vómitos de vida,
que pasan entre palabras con mirada telescópica que disparan al azar.
Cedería el oído abatido a las moléculas dilatadas del universo
como ojos de cobalto,
azul prolongado hasta el amanecer que rompe el silencio de mi cuerpo; sombra regurgitada desde el seno de la noche hasta las mandíbulas de las aspas del ventilador, que arremolina el viento como el tiempo que cedo a un Take Away.
|