Matar en casa y otros cuentos formidables
Jesús Urceloy
Madrid, Tres Rosas Amarillas/Casa de cartón, 2012
por Álvaro Muñoz Robledano
Que Jesús Urceloy haya publicado un libro de relatos no debería sorprendernos. Su capacidad para hacer suyo cualquier registro, para hallar la intimidad en cada una de las formas con las que se ha ido tropezando, son más que conocidas. Desde el ejercicio retórico a la desnudez, desde la carcajada elegante y corrosiva al puñetazo oscuro del quejío o la levedad del instante mortal y enamorado, sus poemas exploran el límite de lo poético y sus muchos contrarios. Puede que ahora mismo resuenen más sus sonetos, pero aún perdura el aldabonazo que La profesión de Judas supuso para nuestra tan dormida experiencia, o el prodigioso metalenguaje de Diciembre, o la carga de profundidad semiótica de sus poemas visuales, casi secretos, a pesar de la insistencia con que los pocos que los hemos visto le machacamos para que los entregue a la imprenta. Lo sorprendente es que un poeta de su altura sepa contar tan bien; que sepa despojarse de las trabas que todo poeta le encasqueta a su prosa (del mismo modo que casi todo prosista se piensa que escribir poesía es dejar las frases a medias) y se transforme en un narrador de raza, de esos que no sacrificarán su historia por un retruécano, por una imagen. De esos pocos privilegiados que saben cuando ha llegado el turno del silencio. Los relatos de este libro se mueven entre lo fantástico y lo cruel y en todos (salvo, quizás, en el que cierra el libro, una de las más poderosas y mejor escritas denuncias acerca de la explotación que jamás leí) el humor se adueña del cuento haciéndonos dudar si es el responsable de la irrealidad que destila o su antídoto.
© A.M.R.
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