Los desiertos del tiempo
Jacinta Negueruela
Madrid, Devenir, 2012
por Álvaro Muñoz Robledano

Puede que la naturaleza sea un espejo; también puede ser un contrario en la discusión; o un extraño que, incomprensiblemente, conoce nuestros deseos. Asistir a su despliegue, a su indiferencia brutal y sensual a un tiempo; ir haciendo en ella el hueco para la llegada del amante, y con él, todo lo que la naturaleza nos ha ofrecido y negado, nos ha entregado y advertido… Ha pasado tiempo desde aquella primera ocasión en que Jacinta Negueruela me deslumbró. Y han pasado unos cuantos libros, y quizás yo me he alejado de los supuestos de años atrás, pero al leer esta nueva entrega, siento que la poeta no ha hecho sino crecer, que se ha acercado a ese fragmento de verdad hecha de imposibles que algunos nos obstinamos en buscar con más pena (mi caso) que poesía. Los desiertos del tiempo constituye una lección acerca de lo que puede conseguir el ritmo versátil y la búsqueda en la palabra. Una lección que ya he releído tres veces en pocos días, y aún no he logrado agotar.
© A.M.R.
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