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La huelga
porAntonio Polo 

 

El hombre fue. Medio oculto entre la bruma caminó sorteando los norays del puerto de Ferrol. Los obreros habían decidido una jornada de paro. Las condiciones de trabajo y los despidos indiscriminados estaban haciendo mella entre los trabajadores del Arsenal.

Manuel Sixto los había arengado para que abandonaran los sopletes, y los chapistas dejaron al pairo el esqueleto metálico de un barco al costado de la ría. Un portavoz de la empresa los había amenazado con el despido masivo, pero los obreros optaron por mantener su quietud bajo la impertinencia de la lluvia.

La fuerza armada, que había acudido sin demora, se plantó ante la puerta arcada del Arsenal y se produjo un silencio opresivo alrededor de los enfrentados.

Ajeno a la disputa, el hombre de la bruma entró desconcertado en mitad de aquella inmóvil batalla. Alguien, acaso un fresador del Taller de Calderería, rompió su sitio en la formación y, en el encuentro, el paseante cayó al agua. Los armados montaron al unísono sus armas y los obreros giraron entonces la cabeza hacía el muelle. El hombre se hundía. Solo podía apreciarse en aquella espesa bruma las ondulaciones negras de una túnica y los brazos de aquel que se agitaba en las aceitosas aguas del puerto. Manuel Sixto, que aún seguía subido a un oxidado noray, se lanzó al agua y rescató al sacerdote. Luego, sonó una sirena y los obreros entraron en la Factoría.

 

Del libro “A los cuatro vientos”. 2011

 

 


© Antonio Polo. San Fernando. Cádiz 1957.

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