
Hubo un tiempo en que escribir significaba arriesgar… de acuerdo, no es justo. Hoy y siempre ha habido tipos para los que la literatura ha supuesto exploración, del mismo modo que ha habido (y hay) tipos para los que la literatura supone explotación de un par de recursos manidos y alegría, que ya soy escritor. Pero es que duele ver como novelas que han sido una referencia intelectual (y sentimental) languidecen ahora en los estantes de las librerías sin que ni siquiera la nostalgia se decida a hojearlas. Pero la nostalgia no tiene nada que ver con esto. La escritura de Goytisolo mantiene toda su fuerza, toda la radicalidad de la novela que da un paso más allá de lo metaliterario y se erige como generadora (ella, no quien la escribe) de ideología y de crítica de la ideología, de personajes que conviven y discuten con sus proyecciones, de tiempos quebrados y lugares insalvables que habitar. La escritura de Goytisolo es el vértigo en un rascacielos cuyo equilibrio nos parece imposible, pero que se mantiene, contra toda lógica, erguido.
Y no conozco mejor razón que el vértigo para leer.
© A.M.R.