Los diamantes
por Antonio Martín de las Mulas
En menos que canta un gallo desenfundas el arma, ajustas el cargador, y con la zurda le coges del cabello; le metes en la boca el cañón del revólver. "Habla" -le inquieres-, "habla, ¿los diamantes?, ¡dónde!". Pero muy pronto tus rodillas se doblan: a 700 metros , un francotirador, con su rifle especial y su visor nocturno, te tiene y te desnuca en medio del salón, en mitad de la noche, en el centro de una ciudad anónima e insomne.
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