índice del número


Poros color de ámbar

por Miguel Becerra

 

 

Barcelona 1937

 

Cuento sobre un enfermo de escarlatina interno en el Hospital Español llamado Abaroa Indalecio.

 

EASY ON THE EYE

…I'll get it: Not to the hand but to a full-body man. So there you belong now? I don't know. We used to do it all the time. There you might be so easy on the eye, you was it here and so much on the flesh, you may keep on being it there cause without it you're incomplete. No news: yesterday I've got blind by so much wait for you. I'm not kidding… Está bien, en español si lo prefieres: Ayer me quede ciego de tanto esperarte… No, no es broma no cuelgues el teléfono. Podrías andar un par de calles ahora mismo. Llegar al metro, por decir algún lugar cercano, pagar dos pesos por el boleto que libere al torniquete de su rigidez y en su giro te libere el paso a llegar a mí. Buscar, como en los laberintos impresos en los cartones de cereal, la salida que desemboque en algún destino cercano al Hospital Español.

Yeah, you're right. Now you're far, I'm sorry… At moment you belong to Harvard. Is that blush on your face? I'll understand, you want not to give an answer so you don't. Mom is calling so you have to go. You call back? I hope so.

*

Halo! How you've been? I know, is not your fault. I get blind by myself . ¿Qué dicen los doctores? Ellos piensan, ahora que ven el historial médico familiar, que bien pudiera tratarse de una enfermedad genética o degenerativa o ambas en la retina. Como por olas arrastrados, una serie de cegueras hace sus veces de marea arrojándolos a aventurar conclusiones: la de mamá en el 91, de la tía Elia en el 87, del abuelo en el 54. Seccionando el historial oftálmico de mamá pretenden encontrar el gen que ha fallado. A veces lo olvidan en la cama y me pongo a leerlo. Era menor que yo cuando mis ojos decidieron cegarme, decidieron que ya yo había visto lo suficiente. Intento decir que a ella la cegaron siendo más chica que yo, de lo que yo lo soy ahora. Sabes a lo que me refiero.

El oftalmólogo vino ayer. Él dice que gran parte de los problemas degenerativos de la visión tienen que ver con el uso: forzar la mirada libera a la pupila de la tiranía del iris provocando miopía. Tiene sentido si lo piensas. ¿Quieres pensarlo? Creí que estaba todo claro: usarlos de más provocaría una ceguera similar a la mía. Lo sé, estuvo mal, fue sólo un comentario… no es que en verdad lo piense.

Eso es: todos tienen teorías sobre esto. Santi trajo los diarios de mamá. Ella creía que a uno se le acaban las cosas que ver, porque no a todos nos toca mirar las mismas cosas. ¿Lo entiendes verdad? El abuelo piensa que son tonterías, aunque no lo dice. El cree que se apagó de tanto darle sus sentidos a otro cuerpo, como si pudiera uno vaciarse en vida. Absorta en esa batalla, sin rendir tregua o darse por vencida, algo tenía que perder. La historia nos demuestra que el fin de batallas como ésta concluye en desolación y caos, ambas cosas podrían conjugarse en mí como residuos que se pudieran desprender de tu piel a lo largo del día, cosas insignificantes. Mamá se jugó la vida contra el destino y no satisfecha con perder la vista continuó apostando.

¿Yo qué pienso? Creo que debo admitirlo: no sé controlar mis excesos. El tuyo, por ejemplo, es muestra clara de ello. Sé que no te gusta hablar de eso pero… ¿es necesario colgar? ¿El aeropuerto? Es la habitación 306.

*

¿Por qué no dices nada? Ha pasado un día, ¿se te enmudecieron las palabras, las sientes en la punta de la lengua punzando como un dolor fantasma? ¿Cómo estuvo Norteamérica? Sí, estas son las pecas color ámbar que adoraras. Se ven como tarjeta de la CONASUPO, ¿verdad? En los ojos también te marcan los días que faltan para ya no darte nada. Los tuyos deben ser aun preciosos. No es nada. Tengo una fotografía, en ella pretendo que estés tú y que puedo verte. Sí, recuerdo aquel día. No, no leas. Dice algo así como que:

“Primero nació uno, desterrado de lo mismo que el segundo fuera engendrado: sueño y viso ario. Es hoy que tanta belleza encuentra cuerpo que el viento en pulso corre por el aire gritando que: ¡Jacinto no ha muerto!, Céfiro se lo llevó y es hoy que lo devuelve. ¡Endimión ha despertado del sueño!, la luna ha renunciado al cielo dejándole sólo un seno. ¡Hilas no fue ahogado por las ninfas y Adonis le ha frutado a Esmirna y es aun más hermoso! ¡Céfalo no se perdió en el ‘exilio'!, el agua que entonces le recibiera comparte ahora su belleza en esta fuente rota, devuelto de la placenta; que: ¡la primavera regreso! ¡Narciso ha reflorado! ¡La tierra ha encontrado de vuelta al Escanciador y los dioses tienen sed!”

De ti, de mí. ¿Titulo? —“El sentimiento innato”, naturalmente— “ An open secret . I began when you go, that's why it's wrote on english , then I'll remember you love read at spanish so I'll translate it. Lo siento, tienes razón: nada de inglés por ahora. Era para distraerme de tu ausencia o de la ceguera o de tu ausencia en la ceguera. No lo sé, ellos tampoco. Eso que intuyeras pecas ha derivado en ésta deforme clase de ceguera. Debería ver, los doctores dicen que debería estarte viendo justo ahora. No, no se me desprendió la retina, pero Fuentes nunca nos advirtió que cuando la vista se enferma de tanta amplitud el ojo tiende a la ceguera.

Por supuesto que no te culpo. Lo supe desde el primer momento en que te vi: que comenzaba a enfermar de ti, pero no me interesaba mucho encontrarle cura a ese contagio. Al mismo tiempo también comenzaba a despertar y en esa mañana clara que tenía de frente, tu mirar, estaba todo lo que pudiera necesitar. Sé que no lo necesitas oír. ¿Aun abres tu armario por las mañanas para perderte entre jardines de vestidos de novia, tus vestidos? De novia con ‘N' de Nunca te has visto tan hermosa. No tienes que agradecer.

¿Recuerdas cuando pensabas que era mudo? ¿Será que estuve yo siempre ahí, esperando a que me encontraras, a encontrarte? ¿Será que escuchabas tanto mi voz, en sueños digamos, que ensordeciste de ella, la designaste al sueño y sacarla de ahí era como respirar lentamente después de correr tras aquellos secretos que en vida se te estaban escapando? Sublimarlos era liberarme de ese complejo de secreto que me habías cavado, como un pequeño infierno, el mejor que pudiste con tus pequeñas manos. Es una alegoría, el que estuviera antes no necesariamente significa que estuviera en tu vientre —aun cuando lo estuve: dos semanas hasta el aborto— pero algo en el me reconoció, ahí dentro, antes de llegar, se alborotaba con cada paso que nos acercara.

¿Les paso lo que a las aves de Chesterton? ¿Sí, el árbol que engullo las aves que le anidaran y en verano dio plumas en vez de hojas, sólo que con tus mariposas? Tú también eres un sueño hermoso, no entiendo por qué dejamos de compartir onirismos. Tienes razón, se rompe fácilmente. Y sí, los sueños se te despertaban de la siesta soñándose pesadillas que después corrían a hacerme llorar. Si pudieras ahogarte en ellos… Recuerda: estamos a un paso de engendrar odio de nuestro amor, hemos generado tantas cosas que ¿por qué no un poco de odio? ¿Estoy sudando? Claro que estoy sudando, ¿es que no lo entiendes? Me generaste una adicción por la belleza, tu belleza en particular, y ahora no puedo dejar de verla, eras la droga que mis ojos no planean dejar escapar de sí porque aun en la ceguera siento en mis parpados tu presencia, escucho, huelo tu belleza, tengo tu sabor clavado en la lengua…

Adelante Doctor. No, por favor, no interrumpe nada. ¿Dilatar la pupila? ¿Eso podría sanarme? Entiendo, no quiere darme falsas esperanzas, pero es necesario. Claro. ¿La hora de visita? Deberías volver mañana, o llamar por teléfono. ¿Lo último que he visto? Déjame pensar… eras tú. ¿No estabas ahí? ¡Claro que estabas! No lo habrás notado pero estabas ahí. Es tarde, deberías volver mañana. Asegúrate de hacerlo.

*

No te preocupes. No tienes que hablar si no lo deseas. Te olvidaste del identificador de llamadas, o lo sabías de antemano, que iba a saber que eras tú. Te parecerá inverosímil de mi parte pero ahora veo todo claramente. Tengo la mente poblada de imágenes nítidas, high fidelity , full high definition. Want you to know the first thing I've seen? It was her face, my mother's face. To many porcelains I broke believing the puppets grandmother hide we're skins she left behind. I know, you hate I talk about her but… nothing, you hate I talk about her.

Where are you? Everybody is looking for you but no one founds you, even your dreams so they run to me. I'll get it; I say you may not have to talk if you don't want to.

Well, I got to go. See you.

*

¿No te decides a entrar? To many lights out? You understand the difference between lights and lies? Both of them are deceiving. ¿Ardides míos? Déja al amor los suyos. Ya conspiraron para vernos juntos, aunque a ti nada te es suficiente.

¡No me ayudes! Quieres quedarte ahí mirándome caer, bien. Puedo solo.

¿Recuerdas al sudor hilvanándonos los cuerpos? Entonces nos conjugábamos en un solo verbo que tendría algo que ver con hacer el amor, como si estuviera incompleto. Perdona mis fallas gramaticales: yo amo, tú amas, que él ame está de más; debía interponer un ‘me' limitativo entre el sujeto y el verbo para que continuaras amándome pero no podía atentar contra tu libertad.

El primer beso… ¿Cuándo dejamos de besarlo? Sé que bebimos un par de cervezas, mis labios hicieron las veces de manzana de la discordia para la más hermosa . Nos saciamos de una sed irrefrenable, esa que te obligaba a tomar seis litros de agua al día.

¿Apuesto a que no lo sabías? Que en aquella ocasión, miras un dolor agobiándome el pecho y ¿no lo sospechaste?, se me detuvo el corazón para latir en unísono con el tuyo. ¿Amarte, creí que esto se trataba de amarnos? Lo sé porque lo intente.

¿Aun te agrada caminar por Donceles? Tengo encarnado su olor dentro, era a lo que olía tu habitación, a un retablo de caoba vieja con que el que, cuando lo vendieron, remodelamos tu cuarto. ¿Te das cuenta? Cada suceso nos desemboca en otro, muy similar, muy cercano en cada acción. El tiempo nos sinonimia, en cada latido concurriendo, en mi corazón sigue ocurriendo un buscar tus pasos para que nos ames de nuevo. Tú no caminas, tú no sabes caminar, los embates de tus pasos son inventos de mi imaginación, antes, hace mucho tiempo, cuando estábamos juntos y nos amábamos, los inventamos. Juegos infantiles de cuando... tú sabes.

Perdona el silencio. Estaba ocupado en pasados más amenos. En alguno de ellos me pedías abrazos frente a la Casa de los azulejos. En otros te besaba, como si de tierra conquistada se tratara, atravesando Mimosa o Burgos. Apenas hace tres días la percusión de nuestros pasos era una réplica en palpitar, pulsos, latidos, de nuestro corazón, porque lo compartíamos. Yo aun te sigo amando. Ya lo sabes que te sigo amando.

¿No lo recuerdas? Lo había dicho el oculista, cuando compramos mis lentes en Motolinia. Dictaminó el agrietarse de un iris, el mío, como sí, alimentándose de más sangre, más ámbar, se estuviera propagando. Por entonces éramos el sentimiento innato, los dioses tenían sed: de ti, de mí también. Tú eras un yo, dos veces, y viceversa. Con el avance de la enfermedad se tornó imposible abandonar lugares en específico. Tampoco podía dejar de verte, aunque quisiera. Sobregire las tarjetas en habitaciones del Four Seasons, me sentaba a fumar en la terraza como solíamos hacer antes, durante y después del sexo, aunque me hacía falta tu cuerpo. Si antes mis manos se controlaban las caricias en el Callejón Condesa, en la Condesita misma era por… porque de hecho nunca se han controlado tratándose de ti. La verdad es que puedes en mí, siempre has podido.

Mis labios recuerdan cómo era besarnos: cerrábamos los ojos para efectos de poesía sonora, no obstante estuve haciendo trampa todo este tiempo. Si intentaba jugar limpio las pecas me allanaban en una expansión casi dolorosa de tan abierta. Pero no podías dejar de mirarme, mirarnos, por eso aparecían más, encontraron la manera de mantenerte en el camino y no te planeaban liberar. Con la lentitud, y en sendas prohibidas —más para ellos que para ti—, se derramaban. Se advertía en los ojos el fluir en que, como un árbol herido, sangraban ámbar. Ver la escena apenas y se equiparaba con sentirlo, lo que para el ojo ajeno era un espectáculo poético para el propio era una peregrinación martirizada que avanzaba más y más en vías de engendrar un recóndito e indescifrable suplicio.

Siento tu mirada encima. Corrijo: Sé que no puedes dejar de mirarme —de mirarlas a ellas, intuyo aun te parecen hermosas y que atenúan el rubio de mi cabello—. No cambies el tema. Nunca fui alcohólico. Me embriagaba buscándote por todos lados: en cada salón, lugar, hotel, habitación, en cada parte mía que adoraras porque ahí te debía encontrar. Al fondo de estas pecas en color ámbar encontré mi ceguera —que supongo debe ser parte tuya también—. Me embriagaba porque nublarme la visión era calmarlos, ya lo veía venir y eso de la ceguera temporal me ahorraba imágenes que posponían la permanente. Por eso gastaba tanto en mezcal: para cegarme los ojos un rato. Ya no son poros, son más bien cicatrices. Se ha cerrado la pupila, y no es que ya no quiera, ya no puede ver más. Eres engañosa a simple vista todavía, ¿verdad? Tienes razón, ahora soy ciego así que no importa.

Tiene su lógica: que el musculo se rompiera, se abriera de tanto ver, hasta la ceguera. ¿Prefieres apretarte la venda que te cubre los ojos a quitarla? Procura que no sea demasiado tarde cuando te decidas hacerlo, no puedes continuar negándole a tus ojos las cosas que les toca ver, se podría revelar todo tu cuerpo y volver a mí. Por eso te negaste a leer a Frida, tú necesitas tus pies pues les niegas a tus alas volar… Estás mal: ésta oscuridad es tanta luz. Suena irónico, como tú. Yo te susurraba al oído No sé qué haría si me faltaras tanto , mientras tú decías que no podrías salir con un ciego porque no comprendería tu belleza, esa que yo te enseñe a ver, a sabiendas de en qué dirección iba.

¿Querer? ¡Quiero que digas la verdad! ¡Quiero escuchar que aun me amas! No seas tan cruel…

Deberías traer algo de música. Siempre sabes lo que quiero oír, aunque por lo regular no me lo dices.

*

Ya sé que estás ahí. No he dejado de pensar en ti, ni de verte. Sé que estoy ciego pero olvidarte se suma a una lista de imposibles ¿No me escuchas o no quieres oír? Tu garganta recuerda cómo gritar que me callé, ¿no es verdad? Quieres que deje esto por la paz, la lucha de una batalla perdida, una guerra nunca declarada o reconocida, menos aun documentada. Jamás encontraría las fotografías, pero ya no las necesito. ¿Por eso me hieres? Porque puedes. Estaba escrito en tus ojos que me verías llorar y no podías esperar para hacerlo.

You came here to make me cry? How? You take everything and I'm empty! And blind, breathing slowly. I surrender all to you. Is not enough? Once I surrounder you but now… I keep on wanting go there you are, open your mouth and shout on there things I need to hear from you. Maybe on this way I'll get from you what I want. Is that all about: who surrender more?

Está muy callado, ¿no? ¿Podremos ir a las estrellas? ¿Por qué, si no están tan lejos? ¿Crees que lleguemos más allá que los tendones, que los músculos, que el color y el iris? ¿Por qué preguntas por Santiago? Él está bien, sería demasiado irónico perder la vista en una cirugía que debiera corregirle la miopía. Se le están acabando, el círculo se estrecha, ya está cerca —también— de la ceguera.

—¡Deja de pensar en mí!—¿Tienes que saber qué ocurrió esa noche? Bien, yo quiero saber por qué gritaste la noche anterior, ¿qué es lo que ya no le funcionaba a esto? Eso dijiste, ¿es que no lo recuerdas? Nos forjabas distancias imposibles de estrechar y luego me culpabas por ello.

—¡Quiero seguir amando, no amándote a ti! ¡Ya no soporto estar contigo!—Pensabas que, de no odiarme, debiera ser algo similar de tan parecido, aunque afirmabas que era más intenso que el odio mismo. ¿Eso te trajo aquí? ¿Tus ganas de verme llorar aunadas a las de odiarme más?

—¡No voy a dejar que vuelvas a verme!— De putazo me arrancaste la droga, la fiebre no se hizo esperar acompañada por ansiedad, sudor frio, labios resecos y partidos en busca de más. ¿Aun amas al amor, o no siempre ni todo el tiempo? Conmigo, por ejemplo, el sólo hecho de que el acto me implique te repugna.

¿Estrellas tus ojos aun estando fuera tuyo? Soy esa parte ciega que conservas aunque te mutiles. Ésta eres tú, este soy yo: tú también. A nosotros ya nos toco vivir nuestro final feliz, quisiéramos recuperarlo, tenerlo en las manos de nuevo para dejarlo pasar otra vez, pero no podemos.

Ambos sabemos el por qué de las cosas. No acordamos que estuviese ahí, no querías volver a verme y yo encontré en aquel espacio tan nuestro del andén la excusa perfecta para encontrarnos casualmente. Tú nunca llegaste. El día, en un amanecer primoroso estarcido de lapislázuli, se nublo en melancolías. 180° de visión periférica nublada por un pronóstico de precipitaciones con 100% de probabilidad. El pulso alterado agonizaba en delirios que pretendían ahorrarse imágenes para poder verte una última vez, era yo un adicto al crack rogándole a Dios por su última línea, aun a sabiendas de que ésta lo va a matar.

Las imágenes se separaban, y mientras más lo hacían más me tallaba los ojos como si en ello pudiera reajustarlas, reacomodarlas a la realidad que, se supone, deberían estar imitando. Los colores se distendían en rompimientos que generaban dimensiones ignotas de colores. Escuchaba esos colores, por supuesto, si era yo quien los inventaba. El aguardo perdió su espera cuando el tiempo, como todas y sino la mayoría de las cosas, se acabó, acompañado con estos nuevos colores que había inventado, con los viejos también. Malgaste imágenes —ver todas las cosas que me tocaban vivir— de tanto verte. Por un instante, y es difícil definirlo en parámetros de la palabra tiempo , estuvieron en el cuerpo pupilas que cicatrizaran en pecas color ámbar. Se dilataban los poros para abrirle paso a esta invasión de pupilas claras. Todos los ojos que debía tener, aun los no tan míos, estaban ahí y ahí se quedaron para no extrañarte más: te tienen secuestrada. Ya no estaba en mí el verte. De eso versan las pecas que fueron saliéndome en los ojos —después en todo el cuerpo—, de que sembramos en el presente la cosecha de nuestras vidas futuras: ceguera, deformidad.

¿Pensabas que no estaba respirando, por eso me acercaste el espejo? Lo sé. No dije nada, lo siento.

*

Is better on this way... Al menos atiendes el teléfono ¿Me besaste antes de salir? Es que aun siento tus labios sobre los míos… debe ser la costumbre. No te culpo, sólo quería que lo supieras. Además, necesitaba tu presencia… ¿En que estaba? ¡Ah sí! Espera un momento, necesito mi bastón.

Los músculos se separaban, las imágenes con ellos. La pupila se multiplicaba en una mutilación irracional, imágenes se articulaban confusiones que me sonreían como tu cara. Lo siento de nuevo: El músculo se rompe de tanto que entras, deba proyectar tu imagen y al parpadear registre tu ausencia. Tú nunca llegaste. El iris va perdiendo la forma de que necesita más espacio la pupila para verte, dejarte entrar y una vez adentro notar que no estás. En un contagio de expansión, que abre como estrellas de.formando cuerpos celestes, invaden las pecas el iris. Queremos obligarte a que estés aquí. Ahora lo estás. Todos quieren una pieza de ti.

¿Intentar cerrar la pupila? Con qué: con el parpado. No se puede, niña, porque intentar cerrarla abría nuevas — ninguna mía—. Los ojos necesitaban saber de ti, generaste una adicción en mi pupila difícil de rehabilitar —creíamos que eso de sólo por hoy incluía verte todos los días— y que compartió con todo el cuerpo que, en conjunto, te estaba recordando. Eres una necesidad imperante en todo mí ser. Están las pecas que se abrieron: en la nariz, en los parpados, el oído, los labios que besaras, el cuello en que soplaras, la espalda que arañaras y en el apéndice que dejabas conocerte los adentros por momentos, como pruebas.

Pienso que, entonces, los siguientes de mis yos nacerán sin pupila. El ojo, resumido en un iris en ámbar, inmenso, para que le encuentres. Pero, necesariamente, insensible a la luz, incapaz de menguar en un ojo incompleto y deforme… (¿Quién está ahí? Lo siento, escuche un ruido)

Todo lo que sé: es que anoche me quede ciego de tanto esperarte, tanto verte y que no estuvieras ahí.

 

Play push. Music on: Surrender – Olof Arnalds feat. Björk. 5:23 .

                         


© Miguel Becerra Flores Yussel . México, tuvo el privilegio de estudiar con el finado Héctor Mendoza Franco, gran dramaturgo, y se encuentra estudiando en la Universidad Nacional Autónoma de México


52ariadna