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Sobre los encuentros y los sitios
 por Gaspar Jover Polo

 

SOBRE LOS ENCUENTROS Y LOS SITIOS Y TODAS LAS COSAS ESTÁN Y PERMANECERÁN JUNTAS.

 

SOBRE LOS ENCUENTROS Y LOS SITIOS

( prólogo)

 

Los encuentros fueron sobre todo casuales

y en sitios aparentemente inofensivos.

Yo paseaba por un sitio cualquiera y de repente se tornaba

un sitio favorable a la corriente de los encuentros

amorosos porque todo aquel espacio urbano

en realidad, estaba orientado hacia ese

sentido hacia la maduración y el

goce de una experiencia sólida

de carácter sentimental, de

triunfo inequívoco aunque

siempre de corta duración.

Porque ya se sabe

que lo excelente es breve y que lo

excepcional se quiebra pronto o alguien lo quiebra.

Y en este texto a modo de prólogo

paso revista a lo que hicieron en pareja

a esas excepciones que fueron tomando cuerpo

y que se sucedieron tan seguidas, que

parecían consolidarse en un

continuo sin contrariedades graves y

sin grave complicación.

 

 

 

Cerca de un lugar al que llamaban el prado

aparecieron los dos un tanto circunspectos

y se pusieron a caminar deprisa

y se pusieron de repente a dar gritos:

al parecer se llamaban con grandes voces aunque

no los separasen siquiera más de diez

metros de distancia. Y como estaban solos

y sueltos por el prado parecían disfrutar

de una cierta libertad fundamental,

sin trabas rayana en el puro libre enloquecimiento.

¿Cómo, si no, hubieran podido llegar

a tal exceso? Eran dos voces de amantes

pero con un tono tan alto y tan destemplado,

que sus gritos parecían como guiños propios

o como marcas secretas de intimidad,

que un observador nuevo hubiera atribuido

a una muestra de acaloramiento

ya cercano al enfrentamiento.

Se habían encontrado

un par de kilómetros antes, a la orilla de un río

urbano, y habían empezado por casualidad

la caminata hacia el prado

sin preocuparse de su intimidad.

Y, ya por el centro del prado,

avanzaban discutiendo a simple vista.

 

EL ORGANIGRAMA

 

Se organizaban básicamente sin mucho éxito

pues no podían detener las oleadas sucesivas

¿de qué? de emoción a raudales

y conversaciones graves como instrumentos de suplicio.

Anochecía tarde y más allá la noche se alargaba

como un permanente surtidor de expectativas

a caballo entre las estaciones del otoño y del invierno.

Suplicios y torturas varias que se entremezclaban

y producían una constelación de momentos irreflexivos

y con momentos de pérdida del gozo

y del aliento. Quien mandaba más y con un poder absoluto se deshacía

en llanto y renunciaba al cetro al otro día,

con tal de restablecer un organigrama serio, efectivo

práctico, una especie de pacto de actuación

que parecía imposible desde entonces

y que no abría nuevos glóbulos en el correr de la sangre.

Tú me dominas siempre y yo te sigo como un perrillo faldero.

Y tú me acabas de decir que no me quieres.

 

 

 

Pero en el sitio opuesto

y a miles de kilómetros de distancia,

la mujer horrible sacaba su cara a la calle

y asomaba hasta la mitad del cuerpo. Durar...

duraba mucho en esa postura porque no se movía apenas,

no se le movía un pelo de las cejas

y tampoco padecía el cansancio físico

natural

ni graves procesos alérgicos, reumáticos,

o cualquier otro tipo

de enfermedad importante. Era un toro, la recuerdo,

por su salud de hierro,

y era como una forma viva de otro planeta

pero que estaba presente aquí

infame, insegura y pendenciera, pretenciosa,

sin sustancia y ostentosa, y que,

de tan oscura, hacía daño a la vista.

 

 

 

Una larga plaza y ancha servía como lugar

para estos encuentros fortuitos.

Servía como punto de reunión

entraban dentro de la plaza y ya pasaban

a conocerse mejor o mucho mejor,

tanto, que ocupaban el itinerario

atentos y solícitos, como marcando el paso,

y ajenos al suceso general que despertaban.

Oían pasos pero no se aceleraban.

Parecían no enterarse

del tremendo interés, y del análisis

meticuloso, signo y clave, y sus pasos

también eran estudiados

tanto como sus giros y sus saltos

y sus altos a pie firme, los abrazos

siempre de improviso y con apariencia de torpes.

El juego de manos y de brazos

siempre pendientes los unos

de los otros.

Salían a caminar por

puro instinto reproductor

y no se desesperaban por la lluvia extensa

o por el granizo o por la niebla cuando era abundante.

El invierno pasado un corazón fue traspasado

casi por en medio de esta misma plaza. Y ya temíamos que

también ellos sufrieran algo parecido, y teníamos

que allanarles el camino

para comprobar hasta dónde

podían dar de sí

como punta de lanza.

Y para protegerlos si se mojaban en exceso.

 

 

 

TODAS LAS COSAS ESTÁN Y PERMANECERÁN JUNTAS.

 

LA SILLA

 

Esa silla presenta una estructura

de tipo circular y, por detrás,

está la mesa del salón. ¡Ah! No,

la que presenta una estructura circular es la mesa,

y también un barniz brillante que recubre la madera de la tabla

erguida sobre una columna central con forma de triángulo.

La mesa es alta y firme y no se bambolea

y no se deteriora al primer golpe,

no es circunstancial y se ejercita

en el mantenimiento de los vasos y los platos.

Una capa de polvo la empobrece a veces,

e impide que brille con fosforescencias.

Y, de ese modo, va y viene y viene y va

el aspecto cambiante de la mesa

aunque siempre se aproxime al tacto.

 

 

EL CARRITO DE LA COMPRA

 

Está parado ahora el ventilador

y en actitud estática reposa junto al carrito

de la compra. En invierno, ese carro o carrito

soporta unas duras condiciones de circulación,

porque el viento y la lluvia

lo atosigan o lo lastran, o lo ladean y lo empujan

y es por so merecedor de un reposo prolongado

cada vez que vuelve de la calle

o que se produce el cambio de la temporada.

Cuatro ruedas le bastan para salir al patio

y emprender una aventura relativa.

Que son cuatro extremidades diminutas

en comparación con las ruedas de los vehículos pesados

de todos los vehículos que marchan

sobre un piso

empedrado y en pendiente.

Al subir la cuesta se detiene

parece que cojea un rato. No obstante,

no chirría en los dos últimos tramos

que son los más empinados de la calle.

 

 

 

 

 

© Gaspar Jover Polo . E spañol, alicantino, profesor de lengua y literatura en la enseñanza media. He publicado en revistas digitales como Destiempos (Méjico), Letralia (Venezuela), Proyecto Sherezade (Canadá), etc..

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