Maldito ideal (político)
por Juan Díaz Cuenca
Me sigue y se auspicia de mi rol en conflicto
de competencias para indecisos cadenciosos.
Me sigue para hacerme daño
(me amenaza con una neurosis culpable de manual).
En una nota que encontré
al pie de un ticket de supermercado
me advertía, tu razón es mi muerte .
Maldito seas ideal.
En su seno vital perdurar.
Guerra sin exorcismo o mínima reflexión,
ni dejará de ser guerra ni permitirá la paz.
Me duele reconocer que en algo
me recuerda al vino, a sus matices,
será por su lenguaje y universos propios.
Pero el vino me da.
Maldito seas ideal.
Me susurró tantas veces al oído
inoculándome su viral veneno...
En mí no había recoveco
(siquiera entre las falanges de mis dedos
y el paladar dormido)
donde no reverberara.
Y me angustiaba,
sinceramente el vómito trepaba salmoneando
de mi estómago a mi alma.
Me angustiaba, decía,
no distinguir entre él (y yo).
Entre el divino y pueril ímpetu ideario
y la conga que todos bailábamos
a la cegadora luz de su estela.
Embebidos de él, presuntos deudores de él.
Le quise como se quiere a un padre
y como un padre resentido me mató un par de veces
(muerte en primer grado de consanguinidad)
antes de obligarme a negarle,
maldito seas ideal.
Llovieron dentro de mi comedor
canciones de cuando no creía en nada
(ni quería creer)
ahogándome de tristeza,
náufrago de mi mismo morí por precaución.
Después de dormir dos días
desperté con los principios base.
Creo que algún amigo le dio al reset,
cuando me desmayé por cargo de conciencia,
y yo se lo agradecí con un sms lanzado
en horario de hospital y siniestros:
Soy Libre, el sábado cena en mi casa,
prometo sólo hablar de desamor .
-Y como era mi amigo lo entendió-.
Contaba que desperté con idénticos principios
a cuando el fin se rendía a los pies de los medios,
con la misma voz dubitativa y respetuosa,
que nunca jamás (o al menos de momento), decidí,
habría de inflacionarse
al auspicio de los demás.
Maldito eras ideal.
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