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Memento mori y otros poemas
por María Solís Munuera

 

 

MEMENTO MORI

Ya es verano
porque ha caído un cuerpo en la piscina.

Flota bajo el calor de la canícula.

Una mujer actúa
(hace de minutero, hace comedia).
Se tumba en el tejido que separa
la tierra de la carne
y gira bajo el sol.
Una tercera mano le unta leche,
le unta aceite
si aún es capaz de enrojecer.

El hijo
aún no sabe nadar.
Camina sobre el agua
en el canal donde se reproduce la infección.
Las bacterias le forman un pulmón de socorrista:
neumónico y viril.

CATERVA

No se despiertan las vírgenes coyunturales del trastero.
Una madre católica vigila
cargada con alquitrán de pino y gansos:
así se hacen mujeres respetables.
El hombre abandonó la madrugada.
El hombre ahora se agrupa frente al escaparate a plena luz del día.
Con humedad estática, el maniquí espera ser clavado al cadalso y que, públicamente,
[le desnuden.
Es el fetiche de los matrimonios alemanes
con piezas prescindibles en el bosque.
Puede ser vejado en la trastienda donde sólo desaparece el dependiente.
Justicia de un ejército de rusos,
trofeo de guerra, de caza, de familia,
tiene el cuerpo crispado para dar la razón.
Tiene el molde perdido de unos ojos
disecados por guerras civiles africanas
y la mordaza de un campo de violación
en Bosnia.

 

GRECIA II

Una griega ha penetrado mi vestido.

—El autocar prosigue su trayecto—.

Una griega moderna, una apestada
por el embudo que fela nuestro guía.
Otra cosa sería una mujer
de mármol.

Yo me excuso
por la educación sentimental de los turistas.
Deberíamos hacer una parada; no es algo habitual
que una griega te explore.

El cicerone ordena:
Busquemos el destino en el folleto.
La griega me retuerce, ser-
pentea.
En serio, deberíamos parar.
Se quejan —repostamos—
de la escasez de crudo.
Doy la espalda.
Aspiro
los owens con fruición
—manifiesto de gases ondulados—
para que puedan llegarle hasta las bragas.

Dicen: —Allí se ve el Acrópolis.
(Vamos a quemar Grecia)
Dicen: —En el mar cubriremos de plástico la cámara.
(Calcinemos las maletas y los cuerpos,
machaquemos hasta el polvo cada diente, ni una madre
tendrá siquiera un hueso que enterrar).

Laws.
Anayas ruinas.
Sólo la griega y yo.

 

 


© María Solís Munuera

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